David Berkowitz, conocido como “El Hijo de Sam”, sembró el terror en Nueva York entre 1976 y 1977. Durante más de un año, asesinó a seis personas y dejó heridas a otras siete en una serie de ataques con un mismo patrón. Uno de sus crímenes ocurrió el 8 de marzo de 1977, cuando mató a una joven estudiante en plena calle. Su historia quedó marcada como una de las más escalofriantes en la historia criminal de Estados Unidos.

El origen de un asesino
David Berkowitz nació el 1 de junio de 1953 en Brooklyn, Nueva York. Adoptado por una familia de clase trabajadora, desde pequeño mostró signos de inestabilidad mental y violencia. Tras enlistarse en el ejército y regresar a la vida civil, comenzó a desarrollar un profundo resentimiento hacia la sociedad.
En 1976, empezó su escalofriante serie de asesinatos. Su método era siempre el mismo: atacaba a parejas jóvenes dentro de autos estacionados, disparándoles con un revólver calibre 44.
Además, dejó cartas burlándose de la policía, donde se hacía llamar “El Hijo de Sam”, un nombre que adoptó basándose en una supuesta entidad demoníaca que, según él, lo obligaba a matar.
El asesinato del 8 de marzo de 1977
Uno de los crímenes más recordados de Berkowitz ocurrió el 8 de marzo de 1977, cuando asesinó a Virginia Voskerichian, una estudiante de 19 años. La joven caminaba por una calle de Queens cuando el asesino le disparó a quemarropa.
Según la reconstrucción del crimen, Virginia intentó protegerse con sus libros, colocándolos frente a su rostro, pero la bala atravesó los objetos e impactó en su cabeza, provocándole la muerte instantánea.
Este asesinato generó pánico en la ciudad, ya que se produjo en plena vía pública y reforzó el temor de que nadie estaba a salvo del “Hijo de Sam”.
Cacería policial y captura
El miedo en Nueva York crecía con cada ataque. La policía emprendió una investigación exhaustiva, rastreando balas, testimonios y patrones de ataque.
Finalmente, en agosto de 1977, una denuncia por una infracción de estacionamiento cerca de la escena de uno de los crímenes llevó a la captura de Berkowitz.
Cuando los agentes lo arrestaron en su departamento en Yonkers, encontraron su arma homicida y varias cartas escritas con su perturbador alter ego.
Al ser interrogado, confesó sin remordimiento y aseguró que su perro, supuestamente poseído por un demonio, le ordenaba matar.
Condena y vida en prisión
En 1978, David Berkowitz fue condenado a seis cadenas perpetuas, una por cada asesinato cometido. Aunque en prisión afirmó haberse arrepentido y se convirtió al cristianismo, su caso sigue siendo objeto de estudios sobre la psicología criminal.
El impacto del caso
El caso de “El Hijo de Sam” modificó la vida nocturna de Nueva York. Durante los meses de sus ataques, las personas evitaban salir de noche o estacionar en lugares oscuros, y la venta de armas en la ciudad se disparó por el miedo de la población.
Su historia ha sido fuente de inspiración para películas, documentales y series. Una de las más recordadas es Summer of Sam (1999), dirigida por Spike Lee, que retrata el clima de paranoia que vivió la ciudad durante esos años.
A 47 años del crimen del 8 de marzo de 1977, el caso de David Berkowitz sigue generando debate sobre la mente de los asesinos en serie y el impacto de la violencia en la sociedad.
Su historia es un recordatorio de cómo el terror puede paralizar a una ciudad y de la importancia de la investigación criminal para atrapar a quienes cometen estos atroces delitos.

