Los tatuajes en San Nicolás reflejan una evolución en diseños y significados. Las piezas pequeñas y los diseños personalizados cobran protagonismo, mientras que los tatuajes grandes pierden terreno. La tendencia actual marca el regreso del estilo tribal, el impacto emocional de la tinta en la piel y cómo cada vez más personas, desde adolescentes hasta mayores de 70 años, se animan a grabar en la piel aquellos momentos significativos de su vida.

De la redacción de EL NORTE
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Los tatuajes han dejado de ser un tabú y hoy forman parte del lenguaje visual de quienes los llevan en la piel. En San Nicolás, esta expresión artística sigue evolucionando, con tendencias que van desde pequeños diseños minimalistas hasta piezas más complejas con un profundo significado personal; cuyos valores pueden iniciar a partir de los $20.000 y $25.000 aproximadamente. Para conocer el panorama local, conversamos con Sara Pink, reconocida tatuadora nicoleña, quien compartió su mirada sobre las preferencias actuales de los clientes y los estilos más elegidos.
“Una tendencia que veo mucho ahora es hacerse piezas pequeñas. Tatuajes chiquititos así estilo sticker e ir llenando con tatuajes pequeños”, señala la artista. Esta modalidad permite a las personas construir su propia historia en la piel, agregando diseños con el tiempo sin la necesidad de una sesión extensa.
Por otro lado, el concepto de grandes mangas o tatuajes que cubren zonas extensas del cuerpo ha disminuido en popularidad. “Veo que se dejó de pedir”, aunque también reconoce que “hay gente que aún lo sigue pidiendo, por supuesto; pero así, la manga entera o la pierna entera cada vez menos”. Al respecto explicó que “la gente va haciendo de a piezas más chicas ahora. Viene y se hacen uno, dos, tres tatuajes chicos. Frenan, después vuelven y así van como completando a lo largo del tiempo”.
Entre los diseños más solicitados, la tatuadora destaca que “tengo muchas clientas mujeres, las cuales eligen mucho diseño floral o diseños alusivos a sus hijos, frases”. A su vez, Sara indicó que hay un resurgimiento de los tatuajes tribales, aunque con una estética renovada:
“Volvió un poco lo que es el tribal, pero un poco más modernos, diferentes, pero tribales”.
La artista también mencionó su inclinación por ciertos estilos: “Me gusta mucho hacer patrones geométricos, bloques con mandalas, con puntillismo, con partes negras también”. Este tipo de tatuajes, que combinan técnicas detalladas con diseños simétricos y armónicos, está en auge entre los nicoleños.
Adultos y más
El perfil de quienes se tatúan también ha cambiado. “Veo muchas personas que vienen a tatuarse. Gente de más de 50, más de 60, incluso hasta gente de más de 70 años que viene a hacerse su primer tatuaje”, contó. Incluso sostuvo que, desde su perspectiva, “noto que quedó atrás ya el prejuicio de que ‘te vas a tatuar y no vas a tener trabajo’ o todas esas cosas que se decían antes”.
Asimismo, destaca que quienes se tatúan una vez suelen volver por más: “Es muy raro que uno diga: ‘Bueno, me hago este y no me hago más nada’. Que de hecho lo dicen y después aparece el mensaje: ‘Ay, vos sabés que vi esto, me quiero hacer esto de mis hijos y me quiero hacer lo otro'”.
En cuanto a los adolescentes, la tatuadora subraya que hay una moda creciente por los tatuajes faciales, aunque intenta concientizar sobre ello: “Trato de generar conciencia en los adolescentes, que son muy chicos y quieren tatuarse la cara. Es una moda, sobre todo en los chicos más chicos; porque, si bien el prejuicio quedó atrás, todavía tienen mucha vida por delante y muchas decisiones que tomar. Me parece un poco apresurado”.
Aun así, la edad en la que las personas empiezan a tatuarse ha bajado significativamente. “Entre los 14, 15, 16 años, ya quieren hacerse su primer tatuaje”, detalla Sara. En general es “algo chico”, que tiene que tener con sus padres que, además, “los tienen que autorizar”. En este sentido, mencionó que “ya no es como antes, que estaba mal visto”.
Más allá de lo estético, los tatuajes tienen un fuerte componente emocional. “Por ahí la gente viene a tatuarse en cualquier momento, pero cuando hay una situación puntual en su vida, desenlazan en un tatuaje. Por ejemplo, un nacimiento, un divorcio, alguien que está mal, que anda medio rayado: ‘Bueno, me voy a hacer un tatuaje y cierro ciclo.’ La gente cierra ciclos”, reflexiona la artista.
Para Sara, tatuar también implica una conexión especial con sus clientes: “Vienen y me cuentan sus historias. Todos los tatuadores somos como una especie de psicólogo. Igualmente, a mí me gusta escucharlos”.
Los tatuajes en San Nicolás reflejan una diversidad de estilos y significados. Desde pequeñas piezas hasta diseños con una carga emocional profunda, la tinta en la piel sigue siendo una forma de expresión en constante evolución.

