En esta fecha, en 2015, Pino cometió su primer asesinato en Buenos Aires. En pocos meses, sumó más víctimas y sembró el terror antes de ser capturado.

El 16 de febrero de 2015, Javier Hernán Pino asesinó a su primera víctima en Buenos Aires. Se trataba de Ni Qi Fu, un comerciante chino al que atacó de forma violenta. Este crimen marcaría el inicio de una serie de homicidios que se extenderían por ocho meses.
Pino, conocido por su perfil manipulador, se ganaba la confianza de sus víctimas antes de atacarlas. Utilizaba su carisma para acercarse a comerciantes y pequeños empresarios, a quienes luego asesinaba en sus propios negocios o viviendas.
La cronología del asesino
Entre febrero y octubre de 2015, Javier Hernán Pino llevó a cabo una serie de cinco homicidios en diferentes provincias de Argentina, utilizando un modus operandi consistente en ganarse la confianza de sus víctimas para luego asesinarlas y robar sus pertenencias.
- Ni Qi Fu: El 16 de febrero de 2015, Pino asesinó al comerciante chino Ni Qi Fu en su supermercado ubicado en la calle Matheu 29, en Buenos Aires. La víctima recibió ocho disparos en la cabeza, abdomen y brazo izquierdo.
- Claudia Marcela Sosa: El 8 de abril de 2015, Pino mató a la masajista Claudia Sosa, de 32 años, en su departamento de la calle Tucumán 1545, también en Buenos Aires. Le disparó en la nuca y robó una computadora, un celular y 1.900 pesos.
- Ariel Fernando Ríos: En julio de 2015, en la localidad de El Galpón, provincia de Salta, Pino asesinó al empleado de una estación de servicio, Ariel Ríos. Este crimen fue parte de su plan para obtener dinero y liberar a su padre, quien había sido detenido previamente.
- Javier Ponisio: En octubre de 2015, Pino se trasladó a Rosario, Santa Fe, donde asesinó a Javier Ponisio, un joven con quien había entablado amistad. Le disparó en la cabeza y robó sus pertenencias.
- Agustina Ponisio: Poco después, también en Rosario, Pino mató a Agustina Ponisio, hermana de Javier. Utilizó el mismo método: ganarse su confianza, dispararle en la cabeza y robar sus objetos de valor.
Un patrón repetido
En cada caso, la brutalidad de los ataques aumentaba, y la Policía comenzó a notar similitudes en los crímenes.
Las investigaciones revelaron que no actuaba por impulsos descontrolados, sino que planificaba cuidadosamente sus movimientos.
Elegía a sus víctimas, las estudiaba y luego ejecutaba los asesinatos con precisión.
El patrón de Pino consistía en acercarse a sus víctimas, establecer una relación de confianza y, una vez que bajaban la guardia, atacarlas con una pistola calibre 9 mm equipada con silenciador.
Tras los asesinatos, sustraía dinero y objetos de valor para financiar sus actividades y, en particular, intentar liberar a su padre de la cárcel.
La captura del asesino
En octubre de 2015, la Policía logró detener a Pino tras una intensa investigación. Las pruebas en su contra eran contundentes, incluyendo registros de cámaras de seguridad y testimonios de personas que habían interactuado con él antes de los asesinatos.
Durante el juicio, se presentó como un hombre frío y calculador. Nunca mostró arrepentimiento por sus crímenes, lo que reforzó la imagen de un asesino sin remordimientos.

