Las altas temperaturas y la falta de lluvias han reducido la presencia de mosquitos en el territorio bonaerense, especialmente del Aedes albifasciatus, conocido como “mosquito de inundación”. Sin embargo, el Aedes aegypti, principal vector del dengue, mantiene niveles habituales, lo que sigue representando un riesgo sanitario.

La disminución de mosquitos en Buenos Aires en los últimos meses ha llamado la atención de los habitantes, y la Inteligencia Artificial ofrece una posible explicación basada en factores climáticos. Según el análisis, la reducción de lluvias ha sido un factor determinante en la menor proliferación del Aedes albifasciatus, conocido como “mosquito de inundación”. Esta especie se reproduce en charcos y zonas anegadas tras las precipitaciones, por lo que la falta de agua acumulada ha limitado su desarrollo.
Sin embargo, la baja presencia de este mosquito no significa que la amenaza de enfermedades transmitidas por insectos haya desaparecido. La especie Aedes aegypti, principal vector del dengue, sigue presente con niveles habituales para esta época del año. A diferencia del mosquito de inundación, el Aedes aegypti no depende exclusivamente de las lluvias para reproducirse, ya que encuentra en recipientes con agua estancada –como macetas, cubiertas o bebederos– el ambiente ideal para su ciclo de vida.
Ante esta situación, los expertos reiteran la importancia de mantener medidas preventivas, como eliminar recipientes con agua acumulada y utilizar repelentes, para evitar la propagación de enfermedades como el dengue, zika y chikungunya.
El impacto del fenómeno El Niño – La Niña
Otro factor que influye en la cantidad de mosquitos es el fenómeno climático El Niño – La Niña. Mientras El Niño se asocia con mayores precipitaciones y humedad, La Niña genera condiciones más secas, lo que afecta directamente la reproducción de los mosquitos.
Según el Centro de Predicciones Climáticas del Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos, las condiciones de La Niña persistirán hasta febrero-abril de 2025 con un 59% de probabilidad, seguido de una probable transición a un El Niño neutral entre marzo y mayo de este año.
El impacto de estas variaciones climáticas ya se reflejó en 2023, cuando un año con lluvias abundantes y altas temperaturas favoreció una explosión demográfica de mosquitos. Durante ese período, las hembras dejaron un gran stock de huevos en potenciales criaderos, que ahora esperan las condiciones adecuadas para eclosionar. Sin embargo, con un escenario más seco en 2024, la cantidad de mosquitos no será tan elevada como la del año pasado.
Prevención, la clave para evitar brotes
A pesar de la disminución de mosquitos en los últimos meses, los especialistas advierten que la presencia del Aedes aegypti sigue representando un riesgo sanitario. La mejor forma de prevenir enfermedades como el dengue es evitar la acumulación de agua estancada, principal fuente de reproducción de este mosquito urbano.
Con el clima como un factor determinante, la vigilancia y la prevención continúan siendo fundamentales para evitar un brote de enfermedades transmitidas por mosquitos en los próximos meses.

