El Encuentro Regional por Memoria y Justicia “Cholo Budassi”, la Secretaría de Derechos Humanos de UOM San Nicolás, los trabajadores de la UTEP y Arquitectura del Sur Colectivo, la Subsecretaría de DD.HH. bonaerense y la Secretaría de DD.HH. de la Nación invitan a la Señalización del Batallón de San Nicolás como ex Centro Clandestino de Detención. Liliana Longinotti compartió su testimonio con EL NORTE.

Rocío Vega
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En un trabajo colaborativo del Encuentro Regional por Memoria y Justicia “Cholo Budassi”, la Secretaría de Derechos Humanos de UOM San Nicolás, los trabajadores de la UTEP y Arquitectura del Sur Colectivo, la Subsecretaría de DD.HH. de la provincia de Buenos Aires y la Secretaría de DD.HH. de la Nación convocan a participar de la Señalización del Batallón de San Nicolás como ex Centro Clandestino de Detención. Será hoy a las 18.00 en Colón y Falcón. Liliana Longinotti compartió su testimonio con EL NORTE.
En la presente jornada, se colocarán tres columnas en el marco del proyecto “Cartografías de Acero”, de Arquitectura del Sur (UNR). La indicación de la señalización había quedado establecida en la sentencia del Tribunal del juicio Saint Amant II. El pasado 10 de noviembre, el Concejo Deliberante declaró de interés municipal la señalización del Cuartel como ex centro clandestino de detención.
“Las señalizaciones son parte de las políticas de reparación histórica de las víctimas. En San Nicolás, hay hasta el momento cuatro: Brigada de Investigaciones (en calle Alem), la Unidad Penal, el Servicio de Inteligencia (hoy Juzgado Federal) y la Jefatura de Policía. A estas se sumará el Cuartel. Vengo de la familia de militantes. Mi mamá fue presidenta de la Unión de Mujeres Argentinas y todos mis hermanos y yo militábamos en la Federación Juvenil Comunista. Además, yo era integrante del cuerpo de delegados estudiantiles del secundario en la Escuela Nacional. Y luego fui representante en la intercolegial de la Escuela Nacional. Fue una movida muy importante que sucedió en San Nicolás donde todas las escuelas coordinamos el trabajo para lograr el boleto estudiantil. Cuando el 10 de agosto de 1976 van a buscarme, lo que tenían eran muchas imágenes mías y los antecedentes de mi militancia, que era esa fundamentalmente. Dos camiones de soldados rodearon mi casa. Yo tenía 19 años y mi hermana Anabel, 15. Estábamos solas en casa, y tocó el timbre un capitán. Entran, empiezan a allanar de una forma terrible, nos atan las manos, nos separan con maltrato, a los empujones. Los pobres soldados no tenían la intención de hacerlo, me daba cuenta de que sufrían por las órdenes que les daban. Así era la cosa. En menos de media hora desarmaron toda la casa, tiraron y rompieron todo”, manifestó.
“El capitán amenazó con fusilarnos”
Y continuó: “A mi papá –que estaba trabajando– le avisó un vecino o un amigo lo que estaba sucediendo en casa. Vino mi papá y ahí se armó una discusión terrible con el capitán porque este puso sobre el living de la mesa de mi casa un arma, y le dijo a mi padre que firmara que a esas armas las usábamos nosotros. Mi papá se negó rotundamente a firmar ese papel y el capitán amenazó con fusilarnos. Y mi papá les dijo: ‘Bueno, fusílenlas. Si las fusilan, buscaré la forma de suicidarme, pero yo a esto no lo firmo’. Ahora a la distancia, uno piensa cuánta gente debe haber firmado por miedo. Y después las fusilaron. Mi papá no aflojó, era muy temerario. Creo que él sabía que si firmaba eso, hoy no estaríamos acá. Desde ahí nos subieron a mi papá, a mi hermana y a mí a los camiones, separados, con las esposas puestas y nos llevaron al cuartel. Nos pusieron en calabozos separados también y al otro día empezaron los durísimos interrogatorios”.
“¿Por qué estoy viva y ellos, no?”
Liliana Longinotti tuvo que atravesar un interrogatorio violento. “Insultaban a mi familia, a mí. Más que un interrogatorio era un insulto. Me preguntaban de mis actividades, les respondía y me insultaban. (Antonio) Bossié fue el que me interrogó. Unas cuantas horas estuve con él. Me llevaron de nuevo al calabozo. Tenía un amigo que tocaba en un grupo musical, y era de la banda, y a escondidas me traía algo de comida y agua. De ahí nos trasladaron a calle Pellegrini, y allí estuve un par de días”.
“En esta parte me pregunto por qué a mí no me llevaron a los calabozos de atrás y a otros compañeros que los sacaban de las casas, los torturaban en los calabozos de atrás, y a mí me tenían en el Casino de Suboficiales. A mi viejo le habían dado la libertad porque no tenía muchos antecedentes, pero no se quería ir. Ahí empezaron los interrogatorios, muy terribles también. El policía me decía que si yo me acostaba con él, me sacaba en un Falcon por la ruta y me daba la libertad. Por supuesto, me negué a eso, y me mostraba la picana. Estuvo bastante feo todo eso. Después de varios días me dieron la libertad, no sé por qué. Y me llevaron a hablar con el juez Milesi, que también me insultó. Me decía que era una chica muy maleducada, que la responsabilidad la tenían mis padres. Yo estaba sentada ahí con respeto y con la vulnerabilidad de una chica de esa edad ante un juez que la maltrata. Que tenía ideas nefastas y se lamentaba por mí. También no fue un interrogatorio, fue un insulto”, observó.
La madre de Liliana Longhinotti se tuvo que ir por mucho tiempo. “A ella sí la buscaban para directamente desaparecerla o llevarla a algún centro clandestino. Venían las parapoliciales a buscarla. Y nosotros tendríamos que habernos ido también porque corríamos serios riesgos. No teníamos noción de lo que fue esta dictadura tan terrible”, notó.
“Fue muy duro salir de eso, hubo que reconstruir la casa, hubo que reconstruirse, redefinir todo. Y después salir a una sociedad que tenía muchísimo miedo, los amigos ya no eran amigos, conseguir trabajo era muy difícil, me tuve que esconder un tiempo, anduve escondida por varios lugares. Luego volví, pero las aguas seguían turbias. Fue duro reconstruirse, fue difícil, una experiencia terrible que cuando la cuento, pienso en mis compañeros muertos. Digo, ¿por qué estoy viva y ellos, no?”, concluyó.

