El pasado miércoles 27 de diciembre, el patio del Colegio Don Bosco de San Nicolás se vistió de fiesta para recibir a “Huelleros”, un grupo folclórico que se formó entre 1983 y 1987. Se reunió 37 años después para un recital cargado de nostalgia y emoción

La promoción del 87, con el acertado aliento de un sacerdote, en el grupo de jóvenes comenzó a cobrar fuerza la idea de formar un grupo folclórico. Silvio Galván, Fernando Kozicki, Hernán Lattanzio, Fernando Pini y Pablo Ravagnan aceptaron el desafío. De esta manera se conformó el conjunto vocal “Huelleros”, que pronto fue ganando espacios en las diversas actividades de la escuela y de la ciudad. Participaron en concursos a nivel nacional obteniendo galardones. El grupo Los Arroyeños los alentó para que tuviesen una participación en un programa del canal estatal ATC, la antigua Argentina Televisora Color, actual Televisión Pública.
El reencuentro, que contó con una masiva concurrencia, fue una oportunidad para que los cinco integrantes del grupo lograran una idea que venía incubándose desde hacía algún tiempo: volver a reunirse, ensayar y poner a disposición de los demás en la plataforma Spotify una selección de temas que en su momento tuvieron mucha aceptación.
Memoria agradecida
El recital contó con la participación del maestro Lito Vitale y su “Orquestita”, así como también de otras figuras del folclore argentino. Se organizó una gran fiesta en el patio del colegio, con masiva concurrencia y un despliegue inusitado de escenarios y cartelería evocatoria.
Los “Huelleros” interpretaron una selección de sus temas más conocidos, en un ambiente de emoción y nostalgia.
El canto del “Aurora” al comienzo del acto, la entonación de “Los setenta granaderos”, el rostro de Don Bosco, la exposición permanente de fotografías alusivas en el fondo del escenario, dejó sentado el liderazgo del recordado sacerdote asesor del grupo, padre Eduardo Jorge, y el espíritu salesiano que inspiraba todo lo que se estaba viviendo; fiel demostración de que cuando la educación cala hondo en el corazón de las personas deja marcas indelebles que no se olvidan.
En semejante despliegue escénico no podían faltar los himnos a Don Bosco y a María Auxiliadora, así como también el recuerdo al maestro Calgaro, agradecimientos al profesor Jorge Noro y al actual párroco, padre Juan Pablo Albeiro. Para destacar, la noche soñada fue conducida por Manuel Wirtz, algo que no será fácil de olvidar.

