El jueves 7 de diciembre, el Concejo Deliberante votó el Código de Ordenamiento Urbano y Territorial (COUT) en una sesión anunciada el mismo día y que no llegó a los quince minutos de duración. Toda una proeza para quienes están acostumbrados a justificar su sueldo sosteniendo maratónicas sesiones donde se discute durante horas la adhesión a leyes nacionales (que no necesitan de los municipios para tener legitimidad o vigencia) si se va a rellenar un bache o a cambiar un foco de alumbrado público.

La organización medioambiental de Ramallo señaló que el tratamiento se hizo de manera «subrepticia», en una sesión exprés para evitar la asistencia de los vecinos. Además, condenó la falta de participación ciudadana y remarcó que el COUT «no es para los ramallenses, sino para saldar deudas políticas y favorecer intereses privados».
El COUT, de importancia crucial para el desarrollo de las comunidades, pasó un trámite tan rápido que sería la envidia de los vecinos que van a pagar tasas, realizar habilitaciones o registros. Un hecho comparable solo se recuerda hace seis años, solo que en aquella ocasión la gestión de Mauro Poletti impulsó su votación a medianoche y por fuera del orden del día. Ahora tuvieron la amabilidad de publicarlo (en la mañana del día de la votación), laboral, por supuesto.
La circunstancia también vuelve a repetirse en el mismo lamentable ciclo: la importancia de que allí no concurran los vecinos (que seguramente se opondrían), porque el Código que nadie conoce seguramente es malo, o de lo contrario su votación exprés no habría tenido razón de ser, hubiera sido proclamado (y de paso explicado) a toda voz de tener un cuerpo radicalmente distinto del que lleva fracasando diez años.

