Ayer y hoy, cuatro décadas en democracia 

EL VOTO POPULAR

Se cumplen 40 años de la recuperación democrática, desde la presidencia de Raúl Alfonsín el 10 de diciembre de 1983, tras el período oscuro de la dictadura cívica-militar, a la nueva asunción del presidente electo  Javier Milei.

Belén Nardoni y Judith Coronel
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Era el 10 de diciembre de 1983, el día de la asunción presidencial de Raúl Alfonsín, quien inició su gobierno por el voto ciudadano, luego de la dictadura cívico- militar de 1976. Su gobierno electo dejó atrás el período más oscuro de nuestra historia y comenzó una fiesta por la vuelta de la democracia en la que el pueblo volvía a Plaza de Mayo y a las calles. Además de su discurso que duró siete minutos, tuvo un increíble desfile por la avenida de Mayo en el  histórico auto Cadillac descapotable, con un clima inundado con papelitos de colores y esperanza.

Una de las medidas importantes que tomó Alfonsin durante su mandato fue el Juicio a las Juntas, que sorprendió al mundo. Todavía con el miedo latente en la sociedad, el mundo admiró a la Justicia argentina y condenó a los genocidas. 

Sin embargo, la situación económica era difícil. Apenas dos años después de iniciado su mandato, en 1985 durante una reunión realizada en Estados Unidos comenzaron a presionarlo con las políticas económicas del país para que impulsara políticas liberales favoreciendo las importaciones y debilitando a la industria nacional.

También, tuvo un fuerte enfrentamiento con la Sociedad Rural y mantuvo un fuerte frente a algunos conflictos militares. Pero luego, todo eso fue decayendo y en 1989 sufrió una fuerte caída de mercado que derivó en una hiperinflación. Y ya no pudo sostenerse en el poder. “No supe, no pude”, expresó en una entrevista años después sobre dicha situación.

Los 90: “Pizza y champagne”

El 14 de mayo del 89 se realizaron las elecciones. Aunque es importante detenernos en la interna que tuvo el Partido Justicialista, con un dirigente como Antonio Cafiero que agrupaba a los sectores más peronistas, quien fue derrotado insólitamente por un riojano, llamado Carlos Menem, que se vestía con un poncho rojo y tenía un peinado extravagante con unas patillas llamativas, que remiten a la figura del caudillo Facundo Quiroga. 

“Si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, no me hubieran votado”, confesó Menem luego de su triunfo electoral. Una de sus primeras medidas polémicas fue recurrir al Grupo Bunge & Born para confiarle el manejo de la economía. 

Tras su fracaso, intentó un nuevo rumbo con la designación de Domingo Cavallo al frente del Ministerio de Economía, quien aplicaría la política de convertibilidad, el famoso “1 a 1”, que provocaría dificultades en  la producción nacional.

Menem reconoció que jamás hizo nada de lo prometido con el “salariazo” y la revolución productiva, pero volvió a triunfar en las elecciones presidenciales del 94 con una canción pegadiza: “Menem lo hizo”. Pero también queda en el inconciente colectivo el discurso en el que el presidente expresó “viajar a la estratósfera y estar dos horas en Japón”.

Además, en su gobierno se reformó la Constitución Nacional y se achicó el periodo presidencial de seis a cuatro años. Fueron los tiempos en que el menemismo mantuvo su política de flexibilización laboral, gran corrupción, fiestas con champagne y su política exterior de profunda dependencia con Estados Unidos, fue tan así que el canciller argentino Guido Di Tella no dudó en calificar la relación como “carnal”.

Crisis del 2001

Al llegar las elecciones del 99, hubo un profundo decaimiento del menemismo que permitió el triunfo de la oposición, constituida por una alianza entre la Unión Cívica Radical y el Frepaso. La fórmula ganadora fue la de Fernando De la Rúa- Carlos “Chacho” Álvarez que logró llegar al poder pero apenas pudo conducir el país durante dos años. 

La incapacidad y debilidad en el poder de aquel gobierno fue tal que en las elecciones legislativas del 2001 se produjo un fenómeno insólito: el voto bronca, la suma de las abstenciones y los votos en blanco fueron los que ganaron las elecciones.

La situación del país se fue tornando cada vez más hostil. El endeudamiento se agravó y llegamos al momento culmine del 2001, donde el gobierno sufrió el rechazo del Fondo Monetario Internacional que no quiso otorgarle otro financiamiento.

Así reapareció la figura de Domingo Cavallo. Y esto dio lugar al denominado “corralito”, es decir, al cierre de los depósitos bancarios. 

Por ello, empezaron algunas situaciones de violencia y cacerolazos de protesta en las principales ciudades del país. Esto se agravó aún más cuando el presidente dictó el estado de sitio.

El estado de sitio provocó una reacción colérica de parte de mucha gente que salió a golpear las cortinas de los bancos, que en respuesta cerraron de inmediato.

La crisis llevó a la escena del helicóptero que utilizó el presidente De la Rúa para abandonar la Casa Rosada y dejar al país en manos de Ramón Puerta, quien convocó a una Asamblea Legislativa. 

En reemplazo de Puerta fue designado Adolfo Rodríguez Saá, quien lo primero que hizo fue declarar el default de la Argentina. El país no estaba dispuesto a pagar la deuda externa. Pero esa gestión sólo se extendió durante siete días.

Así le llegó el turno de asumir a Eduardo Camaño como presidente de la Cámara de Diputados y, tras una nueva convocatoria de la Asamblea Legislativa, terminaron designando presidente a Eduardo Duhalde.

Entre sus primeras medidas, Duhalde designó a Jorge Remes Lenicov como su ministro de Economía, quien dispuso la puesta en marcha de planes sociales y trató de moderar la situación de crisis que atravesaba el país. Pero tampoco encontró ninguna solución definitiva y se recurrió a la represión policial cuando se acentuó la reacción popular. Con esa represión a mediados de 2002, fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Dario Santillán, lo cual obligó a Duhalde a adelantar las elecciones.

Cuando llamó a elecciones Menem ganó la elección a pesar del desprestigio que tenía. Alcanzó el 24% de los votos y, en segundo lugar, con el 22% apareció un nombre nuevo, el de Néstor Kirchner, que había sido gobernador de la provincia de Santa Cruz.

Los Kirchner

Comenzó así la etapa del kirchnerismo, un período que duró 12 años. En esta etapa se expresaron en el gobierno los intereses populares, sumado a una revalorización de los derechos humanos. En su primer discurso se escucharon frases como “Soy parte de una generación diezmada” y “vengo a proponerles un sueño”.

Además, Néstor Kirchner convocó a las Madres de Plaza de Mayo y tuvo el histórico gesto de descolgar los cuadros de los genocidas en el Liceo Militar. Lo más importante fue que llevó una política económica de desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional. Esto permitió también limitar las importaciones, provocar el crecimiento de la mediana y pequeña empresa y mejorar las condiciones de distribución popular a través de una moratoria previsional que amplió la posibilidad de jubilarse.

El primer gobierno de Néstor Kirchner fue uno de los más importantes en la historia de Argentina. En 2007, lo reemplazó su esposa Cristina Fernández de Kirchner, que había sido legisladora, senadora y primera dama.

En octubre de 2010, el país se estremeció con la noticia de la muerte de Néstor Kirchner. A pesar de ello, en 2011 Cristina vuelve a ganar las elecciones con una diferencia cercana a los 20 puntos.

Otra situación difícil para el gobierno de Cristina fue el enfrentamiento con el campo. La cuestión llegó a un empate de apoyos y rechazos en el Congreso de la Nación, que finalmente se definió con “mi voto es no positivo” del vicepresidente Julio Cobos, en contra del proyecto de retenciones móviles que había puesto en marcha el gobierno.

También sufrió los embates de una crisis económica mundial, sumado a fake news, y problemas con los medios de comunicación que se fueron concentrando cada vez más. 

La llegada de Juntos por el Cambio

Toda esta situación permitió la llegada al poder de Mauricio Macri, cuya política principal escudada “por la pesada herencia” fue el endeudamiento. Cuando se le acabó el endeudamiento privado, fue el turno del endeudamiento a los sectores bancarios externos a través del trabajo de Luis “Toto” Caputo.

Caputo consiguió un préstamo por 100 años, el mayor que hizo el Fondo Monetario Internacional, que fue de 45 mil millones de dólares, a pagar en tres años. Eso quería decir que la Argentina debía destinar cerca de 15 o 20 mil millones de dólares por año para pagar una deuda externa.

Macri gobernó el período 2016-2019. El enorme crédito tomado se fugó. No se aplicó a rutas ni al mejoramiento de la infraestructura. Lo cierto es que el dinero prestado se fugó totalmente y esto desprestigió bastante a su gobierno.

La vuelta del peronismo

Luego de esto, se formó entonces una alianza para derrotarlo en las elecciones de 2019, resultado que se obtuvo en la primera vuelta por la cantidad de votos. Alberto Fernández como candidato a presidente, quien resultó vencedor, junto a Cristina Fernández de Kirchner como su vicepresidenta.

Diversas circunstancias provocaron una desvinculación entre la elección, el voto popular y lo que se hizo durante la gestión. A los pocos meses de asumir Alberto Fernández, se desató en el mundo una pandemia que obligó al gobierno a modificar sus planes, debiendo emitir dinero para comprar vacunas, lo que profundizó la inflación que venía del gobierno de Macri.

Los trabajadores habían perdido durante el gobierno de Macri un 20% de su poder adquisitivo que no fue recuperado ni superado. Para complicar las cosas se produjo una sequía que significó una disminución de las exportaciones de otros 20 mil millones de dólares, quedando el gobierno en una situación de profunda debilidad y gobernando de esa misma forma.

A pesar de ello, el gobierno saliente impulsó políticas de consenso en un marco de creciente debilidad, frente a una oposición que llegó a poner en la Plaza de Mayo bolsas mortuorias con el nombre de figuras importantes del campo nacional. También se animaron a llevar una horca y una guillotina, amenazando con lo que supuestamente estaban dispuestos a hacer. Y no olvidemos el intento de magnicidio a la vicepresidenta electa.

Estas dificultades promovieron una debilidad que por momentos se convirtió casi en ausencia del gobierno. Y silencios mientras siguió creciendo la pobreza y la inseguridad. 

Cuando llegó la hora de definir un candidato del oficialismo para las elecciones de 2023, surgió el nombre de Sergio Massa. Quien debía desdoblarse en sus funciones de ministro de Economía y candidato presidencial.

En medio de todo este contexto político, económico y social, apareció un personaje extravagante, y con insólitas declaraciones como “dinamitar el Banco Central”. Javier Milei, se presentó como un anarco-capitalista, es decir, como un hombre del liberalismo, pero de un liberalismo que se caracterizó por su idea de aplicar una motosierra para llevar a cabo la destrucción del enemigo y, según él, de toda la corrupción. Milei resultó ganador en las elecciones expresando que “no hay plata” y que va a hacer “ajuste para el equilibrio fiscal”. 

Por otro lado, el presidente saliente dio un último mensaje en cadena nacional: “A 40 años de la democracia, defendamosla cada día, como nos enseñaron las Abuelas y las Madres y todos y todas quienes nos marcaron el camino. Hoy más que nunca, más y mejor democracia siempre”, pidió Fernández antes de despedirse del cargo.

Hoy

La asunción de Milei como presidente de los argentinos tiene lugar este 10 de diciembre, en medio de una verdadera incertidumbre en general. Asumirá como el octavo presidente elegido por el voto popular desde 1983. Será también la quinta alternancia en el poder entre presidentes de distinta orientación política: de Alfonsín a Menem, de Menem a De la Rúa, de Kirchner a Macri, de Macri a Fernández, de Fernández a Milei.

En este caso, a los argentinos nos toca atravesar estos 40 años de democracia en coincidencia con un fin de ciclo político y el inicio de otro que se anticipa disruptivo, diferente e incierto.

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