Históricamente la situación que afecta al bolsillo del votante estuvo íntimamente ligada a los resultados electorales, al menos desde el retorno de la democracia. Actualmente, las reservas, el consumo y la inflación muestran un fuerte deterioro que condicen con el tiempo electoral. ¿Cuál es el panorama?

Haciendo un repaso histórico, el radicalismo perdió en medio de la hiperinflación en 1989, el peronismo dejó el poder en 1999 en un entorno recesivo y con alto desempleo y Mauricio Macri no consiguió la reelección en medio de un deterioro cambiario y pérdida del poder adquisitivo en un entorno de inflación acelerada. Actualmente, el gobierno de Alberto Fernández concentra una mezcla de todas las descripciones.
La lectura que sobresale es que si el bolsillo sigue pesando a la hora de elegir candidatos, Sergio Massa la tiene muy difícil por el partido político que representa, perteneciente al gobierno de turno.
Massa tiene a favor un núcleo duro de votantes kirchneristas y representa al peronismo unificado, salvo por la candidatura de Juan Schiaretti. Y por la interna que tendrá con Juan Grabois, quien también está dentro de una lista en Unión por la Patria.
Pero además, los oficialismos siempre se las ingenian para retener una relativamente sólida base electoral. Por lo tanto, no debería sorprender que Unión por la Patria supere con cierta comodidad de un 30% en la PASO.
Respecto a la economía del país, la inflación del mes de agosto, se proyectaría arriba del 8% e incluso podría superar el 8,4% registrado en abril, récord para un mes en más de 30 años. La firmeza del tipo de cambio (el contado con liquidación tocó el viernes los $580), pero sobre todo el fuerte aumento de 20% del precio de la carne tras la implementación de la cuarta versión del dólar agro, que cuando se traslade al mercado tendrá un fuerte impacto en el índice de precios.
Y se le suma también, la falta de dólares que hace sentir la brutal caída de reservas del Banco Central y la caída de la actividad económica, junto a una persistente presión cambiaria, que le quita valor a la moneda nacional, más los cierres de pagos y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Como un jugador de póker, Massa trató de jugar sus mejores cartas y sacó el As bajo la manga (con la utilización del swap con China) para pagarle al FMI. Por un lado, evitó la crisis que hubiera generado un impago con el FMI. Pero por otro, no hizo más que desnudar la situación de extrema fragilidad de las reservas que posee el Banco Central.
Con esta jugada, en el Ministerio de Economía dan por descontado que el directorio del FMI aprobará el desembolso comprometido de USD 7.500 millones, lo que llevaría al menos un alivio temporal a las reservas.
En relación a las reservas y los pagos al fondo, hay especulaciones de todo tipo sobre las futuras medidas que tendrá que tomar el Gobierno luego de las PASO para cumplir con las dos metas renegociadas con el FMI.
“Descartada la posibilidad de una devaluación brusca post-PASO, entre los inversores ya hay especulaciones de todo tipo sobre las futuras medidas que podría tomar Massa para cumplir con el FMI. Entre las opciones está la posibilidad de incrementar el impuesto PAIS a importaciones y un nuevo dólar campo, apuntando a la soja”, expresó Fernando Marull para el medio Infobae.
De quedar con posibilidades para pelear la presidencia, queda la duda sobre lo que piensa hacer Massa tras las PASO. ¿Acentuará el ajuste justo antes de las presidenciales o volcará más pesos al mercado para alentar el consumo?, mucha incertidumbre para quien asuma el 10 de diciembre en la Casa Rosada.

