El River-Boca del 23 de junio de 1968 terminó con una tragedia que le costó la vida a 71 personas en el estadio Antonio V. Liberti.

El 23 de junio de 1968 se jugó el superclásico más trágico del fútbol en el estadio Monumental de Núñez por el campeonato Metropolitano. El partido terminó 0 a 0, algún que otro duelo entre el arquero de River -Amadeo Carrizo- y el delantero de Boca Ángel Clemente Rojas “Rojitas”, que en uno de los cruces le robó la gorra al guardameta para luego devolvérsela entre risas y abrazos.
Pero ese día quedó grabado para siempre. No por el fútbol sino por el terrible desenlace tras el pitazo final: la numerosa hinchada de Boca que se encontraba en el sector visitante hacia la puerta 12 (hoy en día sector L de la tribuna alta Centenario que da a la Avenida Figueroa Alcorta) desconcentró rumbo a la salida en un túnel oscuro donde se produjeron avalanchas hacia abajo, aprisionando a quienes estaban adelante que -por motivos extraños- no podían salir. El hecho causó la muerte de 71 hinchas por asfixia y golpes, entre gritos desesperados de esa marea humana contenida en un túnel de incertidumbre.
¿Qué paso realmente en la masacre de la puerta 12?
Décadas después no hay un sólo culpable ni certezas de lo que realmente pasó, lo ocultaron muy bien. Se barajaron varias hipótesis que no cierran para nada en los hinchas y en la población.
Una hipótesis da cuenta -según “testigos”- de que no se habían retirado los molinetes y que la puerta estaba cerrada, provocando la tragedia.
Otra versión: según apresuradas declaraciones del abogado de River, el desastre había sido provocado por la hinchada de Boca que, al querer evitar ser detenidos por la policía, intentó ganar las escaleras nuevamente para reingresar al estadio.

