Tras una investigación por comercialización de drogas se realizaron allanamientos en las unidades carcelarias de San Nicolás y de Junín. Entre los detenidos hay tres internos y un agente del Servicio Penitenciario. Secuestraron una importante cantidad de drogas en el sector de fabricación de hostias.

De la redacción de EL NORTE
Durante la mañana de este lunes se llevó adelante un importante operativo para desbaratar una red de comercialización de drogas que operaba dentro de la Unidad carcelaria. La banda estaba integrada por internos, familiares de internos y un agente del servicio penitenciario de San Nicolás. Hay cinco detenidos, entre ellos una mujer, hermana de un detenido, tres reclusos y un sargento de apellido Mirás que tenía a su cargo el sector de vigilancia de pabellones. Respecto de un hombre de Merlo, considerado agente externo que recibiría los depósitos de dinero en pago por la droga, se libró orden de captura porque no se hallaba en el lugar al momento del allanamiento.
Las medidas fueron realizadas en la Unidad Penal Nº 3 de San Nicolás y en las Unidades Nº 13 y Nº 49 de Junín, además fueron requisados dos domicilios del Partido de Merlo y uno de nuestra ciudad. Todo ello en el marco de una causa por comercialización de estupefacientes agravada por tratarse de una institución penitenciaria. Trabajaron en forma conjunta durante varias horas el personal judicial, de narcotráfico y colaboraron en las medidas funcionarios del Departamento Judicial de Morón y de Junín. Las requisas en la cárcel comenzaron en el Pabellón Nº 10, se extendieron por el sector de panadería, en zona extramuros donde descansan los suboficiales y en el lugar donde los internos elaboran las hostias. Fue precisamente allí donde los investigadores encontraron el material estupefaciente buscado. Fueron secuestrados 3,700 kilos de marihuana y 173 gramos de cocaína, teléfonos celulares, anotaciones, distintas documentaciones probatorias de los movimientos bancarios y dinero en efectivo.
EL ingreso de la droga habría sido facilitado por un agente del servicio penitenciario de apellido Mirás que tenía a su cargo la sección de vigilancia y tratamiento de los pabellones de la Unidad. Los internos serían quienes la entregaban previo comprobarse que los familiares de los detenidos habían hecho el depósito de dinero correspondiente respecto de la cantidad y de la sustancia pedida. El dinero ingresaba a una cuenta de la localidad de Merlo para cuyo titular se solicitó captura.

