En noviembre de 2014 la tranquilidad de los vecinos se vio alterada por la misteriosa desaparición de un hombre cuando iba a trabajar a Siderar. Cuatro meses después su cuerpo fue hallado en un aljibe. Por el crimen condenaron a su pareja y a un hermanastro de la mujer. Una tarotista fue la llave para resolver el misterio.

De la redacción de EL NORTE
[email protected]
Gonzalo Adrián Díaz, de 39 años, había sido visto por última vez a fines del mes de noviembre de 2013 supuestamente cuando iba a trabajar a la empresa Siderar, lugar al que nunca llegó. Su pareja había radicado una denuncia por “averiguación de paradero”.
Rápidamente se distribuyó una alerta para encontrar al hombre desaparecido, pero los días se sucedieron sin noticias hasta que cuatro meses después, en febrero de 2014, el relato de la mujer cayó bajo la sospecha de los investigadores y comenzaron a efectuar rastrillajes por campos de la zona.
Así efectivos de la DDI encontraron el cadáver de Díaz en un aljibe, boca abajo, cubierto por bolsas de residuos y plásticos. Se encontraba dentro de un pozo de 10 metros de profundidad en avanzado estado de putrefacción, en un campo situado al costado de un camino rural.
Tras el hallazgo del cuerpo la policía realizó un allanamiento de urgencia y detuvo a la pareja de Díaz, identificada como Mercedes de Lourdes Colazo, de 33 años. Además, los efectivos detuvieron a quien sería el amante de la mujer, llamado Armando Daniel González, y al hermanastro de ella, Ramón Heredia.
La víctima, Gonzalo Adrián Díaz, era empleado de la empresa Siderar, había estado casado y se separó cuando comenzó a salir con Colazo.
Tarot y muerte
El 24 de noviembre de 2013, no había rastro alguno de Gonzalo Díaz. Estaba desaparecido. Nadie sabía de él. Se lo había tragado la tierra. Hasta que en febrero de 2014, una tarotista de San Nicolás, convertida en testigo de identidad reservada, se habría acercado a una comisaría y denunciado que conocía a Mercedes Colazo, que era su clienta y que había concurrido a consultar sus servicios por múltiples problemas relacionados con Gonzalo, su pareja.
Le pidió que le tirara las cartas del Tarot para descifrar problemas de destrabes, amarres, rituales para destrancar hechizos, etc. La tarotista habría declarado que desde el primer momento percibió en Mercedes Colazo malas energías y una horrible vibra.
Agregó que luego de un tiempo de consultarla, la mujer le habría confesado haber matado a su marido y le habría detallado cómo lo hizo. Conforme al relato de la tarotista, la acusada le ofreció a Díaz un vaso de jugo Tang de naranja con Diazepam para dormirlo. Cuando Díaz cayó producto de un profundo sueño le aplastó la cabeza y lo mató. No estuvo sola. Junto a ella estaban su hermano Ramón del Valle Heredia y también su amante, de nombre Armando González.
Según lo declarado, entre todos habrían trasladado el cadáver a un aljibe ubicado en una zona rural de las afueras de San Nicolás. Con estos datos aportados por la testigo, la policía se trasladó al lugar y se encontró con la macabra escena. Era verdad. Todo lo que había declarado la tarotista era verdad. Allí estaba el cuerpo de Gonzalo.
El cadáver estaba boca abajo cubierto por bolsas de residuos y plásticos y estuvo más de tres meses bajo el agua, por lo cual se encontraba en avanzado estado de putrefacción. Inmediatamente fueron detenidos todos los acusados, pues la fiscalía entendió que todos habían premeditado la materialización del crimen.
Juicio por jurados
Tanto Mercedes Colazo como su hermanastro Ramón Heredia eligieron ser evaluados por un jurado popular por el asesinato de Gonzalo Adrián Díaz.
A Mercedes Colazo la fiscalía la acusó por el delito de homicidio doblemente agravado y a su hermanastro, Ramón del Valle Heredia, se lo imputó por homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas.
En su descargo, el amante Armando Daniel González, quien prefirió ser evaluado en otro juicio por jueces técnicos, negó toda participación en el crimen. Solo afirmó que Mercedes Colazo lo había llamado ese día muy nerviosa pidiéndole que concurriera a su domicilio porque algo había pasado. Al llegar, le contó que había matado a su marido y que necesitaba su auto para esconder el cadáver.
La defensa alegó que Colazo había actuado en un contexto de violencia de género que Gonzalo Díaz le pegaba permanentemente, que la agredía verbalmente y la violaba. A partir de allí, planteó que había actuado en legítima defensa, y que su hermano solo era responsable del encubrimiento de ese hecho.
Estos argumentos no convencieron a los vecinos llamados a juzgar y luego de que la jueza Belén Ocariz los instruyera sobre todas las opciones de veredicto, el jurado pasó a deliberar. Durante la tarde del 29 de junio de 2018 se dio a conocer la sentencia.
Mercedes Colazo fue declarada culpable del delito de homicidio agravado por el vínculo, por unanimidad, y Ramón del Valle Heredia fue declarado culpable del delito de encubrimiento, también por unanimidad, en un caso que integra la crónica policial de los hechos más conmocionantes de la ciudad.

