Hace casi 20 años viajó al exterior, persiguiendo un objetivo que no sólo cumplió sino que continúa, con algunas variantes, junto a su familia. “Mi papá una vez me dijo que tenía que encontrar algo que me gustara para poder trabajar toda la vida, haciendo algo por placer y no por obligación”, fue una de las premisas que motivó a Ramiro Rocca a viajar a Italia para jugar al rugby, deporte que realizaba desde chico en el Club Regatas. Hoy vive en Decazeville, una ciudad francesa, donde es concejal dedicado al área deportiva.

De la Redacción de EL NORTE
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En la actualidad es llamativa la cantidad de jóvenes (y no tan jóvenes) que deciden emigrar de nuestro país, cambiar de aire con la esperanza de progreso y probar suerte en algún lugar del mundo. Sea por el contexto socioeconómico, por la intención de ampliar su formación, o simplemente por querer explorar, experimentar, saborear otras culturas y geografías.
Sin embargo, esa curiosidad y coraje para cambiar de paisaje lejos de sus raíces ya existía en los viejos tiempos, con ese impulso de renovación, aventura y dinamismo que llevó a muchos a incursionar y permanecer en otros puntos del globo, y hasta formar familia.
Es el caso del nicoleño Ramiro Rocca, que hace casi 20 años se fue a vivir al exterior, persiguiendo un sueño que no sólo cumplió sino que continúa, con algunas variantes, junto a su familia.
“Fui a la Escuela de la Paz desde los 3 años hasta terminar el secundario. En el Club de Regatas hice varios deportes desde chico, hasta que empecé rugby a los 10 y ahí me quedé por años. A los 19 me fui para Italia. El motivo era uno solo y lo tenía muy claro: cumplir mi sueño de vivir de lo que más quería: el rugby!”, relató Ramiro a EL NORTE desde Decazeville, un pequeño pueblo de Francia donde reside actualmente junto a su esposa, oriunda de allí, y sus dos pequeños hijos, Tiago de 6 años y Lara de 3.
“Abrir la cabeza”
“Las razones por la cuales tomé la decisión fueron muchas. Mi papá una vez me dijo que tenía que encontrar algo que me gustara para poder trabajar toda la vida, haciendo algo por placer y no por obligación. A los 15 años me pagaron un viaje a Inglaterra que organizaba la Escuela de la Paz. Estuve un mes en una escuela donde había gente del mundo entero. En mi clase había 22 nacionalidades distintas. Ese viaje me abrió la cabeza. Me di cuenta que había otras posibilidades y que mi lugar, podría ser otro que San Nicolás. Desde ahí, todo fue distinto para mí. Unos pocos meses después, con 16 años, mi decisión de irme afuera estaba tomada. Empecé a buscar becas para ir a Australia. La idea era ver y probar, no irme definitivamente. La tercera razón, y tal vez una de las más importantes, fue mi amistad con Matías Agüero (también nicoleño que ya estaba radicado en Italia). Sin su ayuda, mi determinación tal vez no hubiese sido suficiente. Él me puso en contacto con su club donde jugaba, con su agente, y a partir de ahí pude concretar mi objetivo. Me fui a Italia a los 19 años a jugar al rugby”, rememoró el nicoleño haciendo un repaso de su andar por aquellos inicios en el extranjero.
A partir de allí Ramiro jugó en varios clubes, primero en la ciudad de Viadana, cerca de Parma, hasta 2005 cuando tuvo que cambiar de rumbo a causa de una ley que limitó a los extranjeros pese a contar con la ciudadanía correspondiente.
“Esa ley cambió el destino de muchos jugadores. De ahí me fui a Roma, una ciudad maravillosa donde jugué en segunda división. Sólo había 3 cupos para extranjeros. Fue donde conocí a Stephane Grippo originario de Decazeville, que había ido a probar. En el tercer tiempo vino a hablarme y me dio su número, quería que vaya a jugar con él a Francia. Unos meses después, en marzo 2006, me llamó para que firme con Decazeville. Tenía contrato por un años más con Roma, pero cundo volví a Argentina en junio de 2006 tomé la decisión de irme para Francia. El nivel deportivo no era lo mismo y la cultura del rugby es completamente distinta. El club había descendido a “Federale 3”. El primer año subimos a “Federale 2” (fue mi mejor experiencia deportiva). Jugué 3 años allí y me salió una oportunidad para irme à Mazamet (cerca de Castres) para jugar en “Federale 1”. Me fui… Ese año jugué contra el equipo de Marsella, y contra Jonah Lomu. Mi realidad en ese entonces había sobrepasado mi sueño. A los 25 años, y después de esta experiencia en Mazamet, decidí hacer mi vida en Francia, instalarme en un lugar y empezar una nueva vida, con otras perspectivas.
De deportista a concejal
Hoy, a sus 38 años, Ramiro es Director del Grupo Aprodia, una empresa que vende distribuidores automáticos. Vive en Decazeville desde 2010, donde culminó sus estudios de Administración de Empresas, carrera que había iniciado antes de partir en la Universidad Nacional de Rosario. También se capacitó en Comercio Internacional y habla 4 idiomas.
Además, es concejal del municipio donde reside. Sin dejar su pasión deportiva, durante los fines de semana se aboca a trabajar en directa relación con los alrededor de 20 clubes existentes.
“Me presenté en 2014 con un grupo de gente ‘sin etiqueta política’, todos profesionales que querían colaborar en el crecimiento de la ciudad sin polémica y con un objetivo de desarrollo. Soy concejal desde ese entonces y, como es una ciudad chica (de 5.500 habitantes), cada uno tiene un cargo específico. Yo me encargo del área de deportes, sea en relación a infraestructura, eventos o relaciones con los clubes, etc. Lo hago principalmente por amor al deporte, para devolver lo que la ciudad me dio cuando llegué y para poder ofrecer a los clubes infraestructuras de calidad. Hoy, y por primera vez, Decazeville tiene una política deportiva con objetivos claros y realizables”, comentó con orgullo.
Aunque hace 4 años que no vuelve a la Argentina, Ramiro reconoce que extraña nuestros pagos, parte de su familia que vive acá y amigos entrañables. Aunque cree que su futuro está allá, se animó a deslizar: “Nunca digas nunca”.

