Las marchas y los paros de prestadores de servicios integrales a personas con discapacidad no resultaron suficientes para alertar al Estado y las prepagas sobre el grave estado del colectivo. El universo de profesionales aguarda aún por pagos del mes de mayo. Por las grandes dificultades de subsistencia que esto ocasiona, muchos están rechazando planes de acompañamiento y terapias para el próximo año. “Varias mamás llevan meses buscando y no consiguen”, señaló Patricia Sánchez, referente de Padrea TGD-TEA San Nicolás.

Carolina Mitriani
[email protected]
La novedad emitida por el Gobierno nacional acerca de un incremento en los valores percibidos por los prestadores de discapacidad parecía traer calma a las manifestaciones que coparon las calles a lo largo y ancho del país en las últimas semanas, en virtud de los incumplimientos de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS) a la hora de las acreditaciones monetarias.
Sin embargo, la fonoaudióloga nicoleña Cecilia Imboden destacó a diario EL NORTE que “no se normalizaron los pagos”, a la vez que lamentó “el incremento, el aumento, es un bolazo del 21% en tres cuotas de 7%. Un desastre…”. Su lectura de este movimiento estatal, cree, es para calmar las aguas: “Nos dieron el aumento para callarnos, para dejarnos quietas. Pero hubiera preferido que paguen los meses adeudados”.
La agrupación nicoleña de profesionales de esta área logró dar con un contacto en la SSS, que les refirió “no hay plata”. Por lo tanto, Imboden se plantea: “No sé para qué dieron el aumento si no hay plata, si no nos pueden pagar lo que nos deben. La plata se destinó a otros lados como planes sociales y ahora el bono. Así que no sabemos en qué va a terminar esto. Es tristísimo”.
“Nos dieron el aumento para callarnos, para dejarnos quietas. Pero hubiera preferido que paguen los meses adeudados”.
Cecilia Imboden, fonoaudióloga
Peligro 2023
El mes de octubre es habitualmente el de mayor estrés para las familias de personas que transitan algún tipo de discapacidad, ya que es el momento de comienzo de trámites de cara al siguiente año. Cecilia Imboden destacó que “no están llegando los instructivos para el año que viene, o sea que van a haber demoras en las autorizaciones. Por ende, van a haber atrasos en los inicios de los tratamientos” y definió a este panorama como algo “horrible, es un desastre”.
Esta situación, sin duda, está comenzando a impactar en la oferta de profesionales para el nuevo ciclo de prestaciones. De hecho, en su caso particular plantea: “No quiero agarrar pacientes para discapacidad. Encima con la demanda que hay en fonoaudiología… Hoy estoy comiendo gracias a los pacientes particulares”.
La crisis económica-laboral generalizada también lleva a que sea menor el número de personas con acceso al sistema de salud privado, a obras sociales y prepagas, “entonces no va a haber prestadores porque no hay presupuesto que aguante. No podés manejarlo”.
Las familias nicoleñas ya sienten el coletazo de la deuda contraída desde el Estado, las obras sociales y prepagas con los profesionales que brindan mejoras en la calidad de vida de los pacientes con discapacidad. Patricia Sánchez, referente de la agrupación «Padres TGD-TEA San Nicolás», relató a diario EL NORTE una especial preocupación de cara al 2023: “Hay varias mamás que llevan meses buscando acompañantes terapéuticos (AT) para el próximo año y no consiguen nada. Muchas veces depende de qué obra social tenés, pero principalmente por la falta de pagos”.
Día a día aumenta la demanda en la prestación de servicios para personas con discapacidad, a la par del incremento de los diagnósticos que requieren de un sostén profesional, sobre todo en ámbitos escolares. “Las obras sociales exigen títulos para las escuelas como maestra especial y psicopedagogía, y hay pocas profesionales para acompañamiento que los tengan. Esto hace muy difícil la búsqueda y que haya una gran demanda”, detalló Patricia.
Contra reloj
Respecto al grupo vinculado a trastornos del espectro autista, una de las mamás contó que “la mayoría de las madres –dado que suelen ser hogares monomarentales, o en los que ellas se encargan de elaborar todos los trámites de sus hijos e hijas– saben que el próximo año sus acompañantes no van a seguir. Llevan meses buscando”. Se acrecienta en casos en los que los niños o jóvenes cambian de escuela, los que terminan un ciclo (como los que pasan de jardín a primaria o de primaria a secundaria). “Las que ya tienen arrancaron con la esperanza de que puedan ingresar apenas empiecen las clases en 2023”, explicó Patricia, porque los ingresos anuales suelen llegar a su aprobación mucho tiempo después del inicio del ciclo lectivo, por lo que atrasan el impacto pedagógico y social de los niños y jóvenes que requieren de acompañamiento e integración escolar. La misma demora se genera para el ingreso de un nuevo ciclo de terapias en consultorios o ambulatorias. “Hay que meter todos los papeles antes de que termine el año, pero, por ejemplo, los neurológos tienen una demora de dos a tres meses para turnos. Esto es necesario, una consulta esencial para tramitar los tratamientos. Sin historia clínica ni pedido del neurólogo no se puede hacer”, explicó la madre.
Casos repetidos
Paula Godoy, docente de educación especial, resaltó en diálogo con EL NORTE: “No voy a trabajar el año que viene de acompañante. Decidí abocarme a la docencia directamente porque no me rinde el sueldo. Algunas mutuales estuvieron pagando, pero no todas ni a todos los prestadores”. Además, compartió que OSAP –por un problema de facturación– retrasó dos pagos más, por lo que se hace insostenible proponer los gastos personales en un período de tiempo determinado al trabajar en áreas vinculadas a las discapacidades.
“La realidad es que cobrás muy tarde. En mi caso, me dejan los pagos siempre hasta el último día posible. Antes era un poco más normalizado, dentro de todo, pero ahora estás todos los meses viendo si podés o no cobrar. Es agotador. No te deja crecer de ninguna manera. Nadie puede estar tres meses sin cobrar, es una locura”, lamentó.
En su caso, cuenta con el título de educación especial, por lo que puede darse la posibilidad de emigrar a otro trabajo, “pero para la gente que se formó como acompañante y trabaja en ese rol es imposible seguir así. Por eso se están bajando muchos colegas de estos trabajos”, dijo.
Tomó esta decisión luego del diálogo, ya que dice entender la situación de “las familias y los sistemas educativos porque las escuelas muchas veces exigen realmente el acompañamiento, puesto que lo consideran necesario. Pero nadie piensa en la pobre persona que está trabajando de acompañante, que constantemente es golpeada por errores del sistema. Es redifícil conseguir un AT ahora, en estas condiciones”.

