LA MUJER NICOLEÑA QUE ESPERA RECIBIR EN SU CASA A ROBLEDO PUCH

UNA HISTORIA DE EMPATÍA CON EL MÁXIMO ASESINO SERIAL DE LA ARGENTINA

El vínculo nació hace cuatro años, y perdura al momento de redactarse esta historia. Una mujer que reside en barrio San Martín mantiene contacto con el mayor asesino múltiple de la historia criminal argentina. Por teléfono y por correo. La relación de empatía de esta señora fue madurando hasta el punto de ofrecerle a Robledo Puch un lugar donde vivir el día que recupere la libertad. Tras el pedido de excarcelación para el hombre que lleva 52 años preso por haber cometido once homicidios, se abre una puerta para que San Nicolás reciba como vecino al «Ángel de la muerte».

De la redacción de EL NORTE 
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Carlos Eduardo Robledo Puch es considerado el mayor asesino múltiple de la historia criminal argentina. En 1980 fue sentenciado a reclusión perpetua por más de una decena de homicidios. Su historia criminal fue llevada al cine y la televisión. También la literatura guarda páginas que narran la vida del joven que mató a once personas por la espalda o mientras dormían.

Los abogados de Robledo Puch, Diego Dousdebes y Martín Ebra, solicitaron ahora la libertad condicional de su defendido. Fue ante la sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro, con el argumento de haber cumplido 70 años y más de 50 en prisión.

Aquí es cuando adquiere protagonismo la historia que relatamos a continuación, en voz de una persona que exhibió documentación gráfica de los hechos. Y que describe la relación de empatía de una mujer nicoleña para con el «Ángel negro». En uno de los múltiples contactos, esta mujer le envió una encomienda con libros que Puch le devolvió porque se encontraba deprimido y sin ganas de leer luego de ser trasladado del penal de Sierra Chica al de Olmos.

La mujer en cuestión vive en barrio San Martín, con su hija y otra persona. No acepta hablar «en on» por temor al escarnio público. Hace algunos años le escribió una primera carta. El remitente del sobre, escrito con fibrón negro y en manuscrita perfectamente legible, decía:

«Robledo Puch

Carlos Eduardo

Unidad Penal Nº 26

(Olmos) La Plata

Pabellón Nº 8

Celda Nº 17»

A esa primera misiva le siguieron muchas otras, algunas eran respondidas. El contacto, más tarde, empezó a ser telefónico. Y, con mayor o menor asiduidad, persiste al día de la fecha. 

Tal es el grado de empatía que desarrolló esta nicoleña que llegó a ofrecer su vivienda como lugar de alojamiento permanente en caso de que algún día Robledo Puch recupere su libertad.

La mujer vive en barrio San Martín, con su hija y otra persona. No acepta hablar frente a un micrófono por temor al escarnio público.

La señora tiene, por lo que puede apreciarse a la vista, la misma edad que Robledo Puch. La vida del hombre que asesinó a once personas y que lleva más de medio siglo en prisión le resulta cautivante. En estos años la relación tuvo fluctuaciones. Fundamentalmente por los distintos estadios de humor del joven que el 15 de marzo de 1971 iniciaba un raid criminal asesinando con disparos de arma de fuego al sereno de un boliche de Olivos, Manuel Godoy, y también al encargado del local, Pedro Mastronardi, a quienes sorprendió dormidos. Joven que dio cuenta de su última víctima el 3 de febrero de 1972, fusilando a Manuel Acevedo en una ferretería para –luego– matar de dos balazos a su cómplice Héctor Somoza, a quien Puch le quemó las huellas dactilares y el rostro con un soplete para que no pudieran identificarlo. Ese mismo día la policía detuvo al múltiple asesino de 20 años, quien desde entonces permanece preso, excepto por las 68 horas que estuvo prófugo luego de huir del penal de Olmos en 1973 y ser recapturado. 

“Quiero morir en libertad, no quiero morirme preso”, dijo «El Ángel de la Muerte» cuando los abogados lo visitaron en la Unidad 26 de Olmos. Tal vez, y sólo tal vez, el último suspiro encuentre a Robledo Puch viviendo en libertad. Y en San Nicolás. 

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