MEMORIAS DEL ATENTADO EN SAN NICOLÁS CONTRA ALFONSÍN: “POR SUERTE NO SE PUDO CONSUMAR POR FALLA DEL ARMA”

El atentado contra la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, evocó el también frustrado magnicidio ocurrido en San Nicolás. “El 23 de febrero de 1991 un exgendarme, de apellido Abdala, intentó con un revólver terminar con la vida de Alfonsín”, recuerda el historiador Ricardo Primo. Pedro Novau, referente de aquella Unión Cívica Radical, tiene la memoria de ese acto impregnada: “Pudo haber sido una cosa terrible”.

Carolina Mitriani
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Los repudiables hechos ocurridos anoche, cuando Fernando Andrés Sabag Montiel gatilló un arma en la cara de la vicepresidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, marcan sin duda un hecho histórico para la historia argentina. El intento de magnicidio en estado de democracia despertó la memoria de episodios similares, en los que los mandatarios se vieron entre la vida y la muerte de manera forzada.

El 23 de febrero de 1991 en la ciudad de San Nicolás se produjo un hecho muy importante desde el punto de vista histórico y político. “Ese día, el líder radical Raúl Ricardo Alfonsín estaba aquí, frente al comité de la Unión Cívica Radical. Era en un acto en el que habría alrededor de cinco mil personas. Una de ellas, un exgendarme de apellido Abdala, intentó con un revólver terminar con la vida de Alfonsín”, recuerda el historiador Ricardo Primo en diálogo con este medio.

Aquella época encontraba un clima enrarecido para la población argentina y sobre todo a la nicoleña: “En 1991 San Nicolás estaba viviendo un momento muy especial. En la intendencia estaba Eduardo Luis Di Rocco. Se estaban produciendo los planes de retiro voluntario de lo que había sido Somisa, sometida a un proceso de privatización durante la presidencia de Menem”. A nivel nacional, explica Primo, “había todo un problema de fondo que había sido un poco solucionado con los alzamientos carapintadas de Semana Santa, y que habían marcado los juicios por delitos de lesa humanidad y las sanciones de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. De manera de que la sociedad estaba transitando un momento donde se intentaba recuperar la paz y unificar a la sociedad en una etapa de transición, para una sociedad que intentaba recuperarse del horror de la dictadura”.



En el año 1989, cuando entrega el mando, Alfonsín recupera su “vida normal” y emprende una serie de reuniones políticas en las ciudades de la costa. Así llega a San Nicolás. “En ese momento, se acerca este joven e intenta dispararle y Lapuyade –un concejal muy conocido de la ciudad– trata de proteger al expresidente. Ángel Massimi intenta reducir a esta persona que después se supo padecía problemas psiquiátricos, había sido gendarme y trabajaba también en la antigua Somisa”, explica el historiador, y agrega que “fue todo muy confuso… La custodia de Alfonsín se abalanzó sobre él, tratando de cubrir su cuerpo. Massimi trata de reducir a esta persona -a la cual le quita el arma- y muchos lo confunden con el agresor y lo golpean. Pero no pasó a mayores, el agresor fue detenido. Intervino la Policía Bonaerense y después Alfonsín pudo continuar con su discurso, a pesar de los moretones que tuvo por ese hecho”.

Memoria radical

Pedro Novau, referente de la Unión Cívica Radical (diputado nacional al momento de los hechos e intendente en la posterioridad) volvió al momento del atentado y relató: “Yo había hablado anteriormente, después Leopoldo Moreau. En el cierre del acto habló Alfonsín. Cuando surge este episodio fue lamentable”. Respecto a lo sucedido con Cristina, el exintendente destacó que en aquel ilícito no hubo una motivación por “una cuestión de confrontación política, sino un contexto diferente. Después se comprobó por la Justicia que tenía las facultades mentales alteradas. Quería matar a una persona importante. Hizo una declaración inclusive, habló de que cuando vino el presidente Bush a la Argentina fue a Ezeiza para matarlo, pero cuando vio que había tanta policía se volvió para la casa”.

Cuando el expresidente se tranquilizó, decidió terminar el discurso como estaba previsto. Luego fueron a cenar a la cantina del Club Social, donde empezaron a obtener información sobre el agresor. Sabiendo que su móvil no era ideológico, pudieron tranquilizarse. “Quedamos contando la anécdota. No alteró para nada la vida interna del partido”, resaltó el nicoleño.



Evocando lo sucedido, Novau destacó que el atentado contra Alfonsín “por suerte no se pudo consumar por una falla en el arma, pero pudo haber sido una cosa terrible”. En el caso de la vicepresidenta, el pasado jueves sucedió lo mismo. Al respecto, el dirigente repudió: “Si se hubiera consumado un asesinato magnicidio, hoy la Argentina estaba en llamas. Hubiera tenido grandes consecuencias porque hace un tiempo que la Argentina no sale del deporte de las antinomias”. Acerca de las masificaciones de los discursos polarizados, lamentó el odio construido “para direccionar la opinión de la gente. Se crean fantasmas y genera el odio contra alguien, se elige a la persona que molesta para determinados fines. Entonces está el fanático que apoya y el fanático que odia”.

Comparando las diferencias de los tiempos en los que dirigía políticamente, Pedro Novau resaltó la capacidad de aquellos movimientos políticos a la hora de trabajar unidos en los temas importantes para el país y la ciudad, como en la crisis del 2001. “Los otros partidos, como el Justicialismo, lo primero que hicieron fue comunicarse con nosotros y darnos solidaridad. Siempre hemos tenido buena relación, no lo hemos llevado a lo personal, no hemos roto relaciones por esto. Ha sido de mucha madurez política”. Sobre los actuales políticos, por el contrario, cuestionó el constante conflicto, ya que “acá se juntan dos y hay interna. Es folclore de la Argentina”.

De aquí en adelante visualiza “un momento de inflexión. Puede ser un cambio rotundo en el país, empezando con la dirigencia política: que baje un poco los niveles de confrontación, por favor. Acá tiene que haber diálogo, comprensión; hay que resolver los problemas. Esto es una responsabilidad del Gobierno y de la oposición. Hagamos un esfuerzo. El pueblo argentino también tiene que comprender que no podemos estar discutiendo entre nosotros banalidades por ideas. No construimos nada con eso”.

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