El pedido de informe a la Provincia sobre la implementación del boleto estudiantil gratuito en San Nicolás resultó esta semana, en el Concejo Deliberante, un punto de discusiones. Este ítem –privativo para muchas familias– fue recientemente incrementado a $18 por votación en dicho recinto. EL NORTE se propuso viajar en el tiempo, para conocer las primeras luchas por el pasaje gratuito a escolares. “Nos movilizamos hasta la puerta de la Municipalidad. Nos tuvo que recibir el intendente y ahí no más, al ver una cantidad impresionante de alumnos, nos prometió que el boleto iba a salir. Y salió”, recordó Lili Longinotti.

Carolina Mitriani
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La discusión sobre el boleto estudiantil resultó el pasado jueves un punto de inflexión en la sesión ordinaria del Honorable Concejo Deliberante. Se votó la solicitud al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para implementar efectivamente en San Nicolás la Ley 74.735, de Boleto Especial Educativo; es decir, gratuito para diferentes niveles de la educación.
Si bien esto no tiene asiento en la actualidad –y encuentra por estos días un nuevo incremento en su valor, en $18, por votación del cuerpo de concejales del bloque Juntos–, lo cierto es que, echando un vistazo a la historia nicoleña, se puede encontrar un momento en el que la gratuidad del transporte público para estudiantes fue una realidad en la ciudad y el partido de San Nicolás en su conjunto.
Puja nicoleña
En primera persona, Lili Longinotti recordó junto a EL NORTE aquella lucha de la que formó parte: “Era una situación difícil porque el clima era de bastante violencia política. Había un clima gremial, partidos políticos, militancia, pero había una sociedad bastante en silencio, que no participaba, que se quedaba en su casa. La gente miraba un poco desde afuera la historia y lo que pasaba. Creo que esa fue una de las causas por las cuales después pasaron las cosas que pasaron, porque hubo una sociedad ausente y quienes pusimos el cuerpo”.
Lili cuenta que en aquellos años, en la década de 1970, los estudiantes formaban asambleas y manifestaciones con las diferentes organizaciones que en aquel momento existían. El punto de inflexión lo encuentra en la posteridad, cuando llegó la dictadura a sembrar terror; y una profundización de la “despolitización” con el gobierno neoliberal de Carlos Menem. “Se silenció y llenó de terror a este país. Fue un efecto muy negativo en los pueblos. Hoy vemos un resurgimiento de la política, pero hubo tiempos muy difíciles, donde decir que uno era delegado o que había participado o estado preso o que era víctima del terrorismo era prohibido, la gente no quería ni escuchar”, repasa.
Estos efectos se vieron particularmente en los más chicos de la ciudad, que dejaron de acercarse a los espacios de discusión. “En aquel momento yo participaba de las asambleas de las juventudes políticas, que eran importantes. Creo que antes de la dictadura –como no había existido ese terrible terror– la juventud tenía ímpetu y salíamos a la calle, aunque no era todo el pueblo”, marca Lili Longinotti, sin dejar de señalar que “San Nicolás particularmente era un pueblo dificilísimo, de raigambre burguesa” a la que le costaba apoyar los reclamos populares.
En medio de ese clima, a nivel local empezaron a llegar testimonios de los reclamos que se desataban en lugares importantes del país, como La Plata. “Se empezó a instalar el tema de la lucha por el boleto estudiantil, empezábamos a ver que se organizaban para luchar por eso. A partir de ahí empezamos los delegados de las escuelas a insistir en ese tema”, contó.
Los partidos políticos populares acompañaban el reclamo de los jóvenes del partido de San Nicolás, junto a otras corrientes a las que pertenecían los integrantes de la mesa chica de estudiantes organizados. Lili, que fue delegada de su curso, recuerda que eran tan solo dos o tres los “politizados” en cada aula; sin embargo, “después, cuando hubo que elegir a los representantes de cada escuela a la intercolegial, hubo discusiones sobre quiénes representaban a las instituciones. De esa manera había un delegado por cada escuela y en las asambleas exponía la posición de cada lugar. Eso sí que no existe hoy y fue extraordinario”. La “intercolegial” resultaba un espacio de encuentro y debate, donde se planteó la necesidad de un boleto estudiantil gratuito.
“Nos tuvo que recibir el intendente y ahí no más, al ver una cantidad impresionante de alumnos, nos prometió que el boleto iba a salir. Y el boleto salió”, Lili Longinotti, Mesa de la Memoria SN
Objetivo
Longinotti –hoy integrante de la organización de derechos humanos “Mesa de la Memoria”– recuerda el punto de inflexión: “Logramos el boleto estudiantil y movilizar a todas las escuelas. Salieron todos los chicos a la calle, nos movilizamos hasta la puerta de la Municipalidad. Nos tuvo que recibir el intendente y ahí no más, al ver una cantidad impresionante de alumnos, nos prometió que el boleto iba a salir. Y el boleto salió”.
La estrategia, cuando decidieron movilizarse, fue plantear en la intercolegial ir a cada aula y preguntar “¿quién necesita el boleto estudiantil?”. El 80% de los alumnos llegaban a su escuela desde los barrios y otros distritos, en un momento en el que no proliferaban las instituciones educativas y mucho menos las periféricas. “A todos lo que levantaron la mano los anotamos y les pedimos que nos acompañen a la movilización. Se miraban, medio como con miedo, pero esa era la consigna: movilizarnos, porque si no, no lo íbamos a conseguir”, retrata Lili, y agrega que lo lograron “porque un gran porcentaje lo necesitaba y fue una marcha multitudinaria”.
El intendente que los recibió a finales del año 1973 fue Alonso. Estuvo vigente alrededor de un año. “Después, cuando vino la dictadura y agarraron a los chicos en La Noche de los Lápices se pudrió todo y acá no continuó”, marca Longinotti.
Lili resalta que a aquella generación la motiva ver que hoy se den los espacios de discusión y debate entre los más jóvenes: “Nosotros teníamos una agenda por un mundo más posible, más distributivo, más honesto, sin hambre, donde todos pudiéramos tener derechos. La agenda hoy no es la misma pero es parecida. Es importantísimo que la juventud se comprometa. Por ese camino tenemos que seguir: discutir políticas en las bases, seguir construyendo, construyendo y construyendo”.
Siguen escribiendo
Un fatídico recuerdo, de los más oscuros de la historia argentina, está vinculado a la eterna lucha de los estudiantes por obtener este derecho: La Noche de los Lápices. El 16 de septiembre de 1976, un grupo de jóvenes de la educación secundaria –de entre 16 y 18 años– se disponían a manifestarse en búsqueda de este objetivo. Sin embargo, una feroz represión dejó a diez de ellos en estado de detención, obligándolos a padecer torturas. El operativo fue desplegado en tareas conjuntas de efectivos policiales y del Batallón 601 del Ejército.
Los sobrevivientes fueron Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler. Solo seis de ellos recuperaron la libertad; los cuatro restantes permanecen a la fecha bajo el estatus de desparecidos.

