35ª Marcha del Orgullo: fiesta, reclamo y poder diverso

La celebración que tiñó de colores el centro porteño

Columna principal de la Marcha del Orgullo LGBT en Buenos Aires

NewsITe

Con el lema desafiante “¡El orgullo al poder! ¡El odio al carajo!”, miles de personas participaron de la 35ª Marcha del Orgullo LGBT en la Ciudad de Buenos Aires. La movilización, ya instalada como una de las citas políticas y culturales más importantes del año, volvió a convertir al centro porteño en una gran fiesta diversa y multitudinaria.

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La concentración principal comenzó en la intersección de avenida Belgrano y Lima, donde desde temprano se reunieron organizaciones de la diversidad sexual, colectivos militantes, agrupaciones políticas, sindicatos, familias y grupos de amigos, todos bajo banderas, carteles y vestuarios intervenidos con los colores del arcoíris.

Antes de que las columnas se pusieran en marcha, la jornada tuvo su clásica “previa” musical: DJ’s en vivo, música pop, electrónica y ritmos latinos acompañaron a los primeros manifestantes, mientras una amplia feria de artesanes y emprendedores LGBT ofrecía productos, libros, remeras intervenidas y accesorios con consignas de inclusión y respeto.

Una marcha festiva con fuerte contenido político

Si bien el clima que se vivió fue el de una gran celebración callejera, la Marcha del Orgullo mantiene su impronta política. A lo largo de la jornada se escucharon reclamos por la ampliación y cumplimiento efectivo de derechos, la implementación de políticas públicas contra los discursos de odio y la defensa de las conquistas logradas en las últimas décadas, como el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género.

Las y los participantes también hicieron foco en la necesidad de reforzar las acciones contra la discriminación y la violencia hacia las personas LGBT+, tanto en el ámbito laboral y educativo como en los espacios públicos. La consigna que encabezó la edición de este año, “¡El orgullo al poder! ¡El odio al carajo!”, sintetizó ese mensaje: una respuesta colectiva ante el avance de expresiones de intolerancia y exclusión.

  • Reclamo por la plena implementación de leyes de identidad y cupo laboral trans.
  • Exigencia de políticas concretas contra los discursos y crímenes de odio.
  • Defensa de los espacios educativos y de salud con perspectiva de diversidad.
  • Visibilización de las problemáticas que atraviesan a las infancias y juventudes LGBT+.

“El orgullo es nuestra forma de decir que existimos, que resistimos y que no vamos a retroceder frente al odio”, fue una de las consignas más repetidas entre quienes se acercaron a la marcha.

Con el correr de las horas, las columnas avanzaron por las principales arterias del centro porteño, intercalando música, discursos, batucadas y performances. Para muchas personas y familias, la Marcha del Orgullo se consolidó como un espacio de encuentro, expresión y acompañamiento frente a situaciones de discriminación cotidianas.

A 35 años de su primera edición, la movilización sigue cumpliendo un doble rol: celebrar la diversidad y, al mismo tiempo, recordar que aún quedan deudas pendientes en materia de igualdad real, acceso al trabajo, a la salud y a la educación. La consigna de este año dejó un mensaje claro: frente a los discursos de odio, la respuesta es más organización, más derechos y más orgullo en las calles.

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