Transición energética y ambición de desarrollo para Brasil

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, planteó como objetivo que su país deje atrás la condición de economía en desarrollo y pase a ser considerado un país desarrollado en un plazo de cuatro años. El mandatario ubicó a la transición energética y al uso estratégico de los recursos naturales como pilares centrales de ese plan, en un contexto internacional marcado por la búsqueda de energías limpias y la reducción de emisiones.
Al encabezar una reunión del Consejo Nacional de Política Energética, Lula remarcó que Brasil atraviesa un “momento de perspectivas extraordinarias” por sus ventajas competitivas en el sector energético. Mencionó, entre otros factores, el potencial en energías renovables, la disponibilidad de minerales críticos y tierras raras, insumos clave para la industria tecnológica y para la descarbonización de la economía global.
El jefe de Estado destacó el avance del denominado Mapa del Camino para la transición energética, una hoja de ruta que orienta el cumplimiento de compromisos climáticos asumidos por Brasil. Ese esquema apunta a acelerar la sustitución de combustibles fósiles, al mismo tiempo que propone revertir la deforestación y la degradación de los bosques, un tema sensible para el país por el impacto de la Amazonia en el clima mundial.
Inversiones, centros de datos y energía propia
En su exposición, Lula subrayó que la generación de energía limpia representa una oportunidad para atraer nuevas inversiones productivas, entre ellas la instalación de centros de procesamiento de datos, una industria intensiva en consumo eléctrico. Sin embargo, aclaró que el Gobierno pretende fijar reglas claras para que ese desarrollo no compita con las necesidades de la población.
- Las empresas que se radiquen en Brasil para montar centros de datos deberán construir sus propias fuentes de generación eléctrica.
- El suministro destinado a esos proyectos no podrá comprometer la energía pública que abastece hogares y comercios.
“Quien venga a invertir debe construir su propia energía. No será la energía pública la que se utilizará para los centros de datos”, advirtió el mandatario, al remarcar que la expansión de la economía digital no puede afectar el acceso de la ciudadanía al servicio eléctrico.
Disciplina fiscal y obras de infraestructura
Lula también defendió la necesidad de mantener responsabilidad fiscal, aunque advirtió que cualquier ajuste no recaerá sobre los sectores de menores ingresos. Según expresó, su administración no está dispuesta a que “los pobres paguen la cuenta” de las correcciones macroeconómicas, y descartó imponer sacrificios adicionales a los sectores más vulnerables.
“Nadie puede gastar más de lo que tiene. Ahora, si queremos construir un nuevo activo, podemos endeudarnos, pero para construir patrimonio para este país: un ferrocarril, una carretera, un puente o un aeropuerto”, señaló Lula da Silva.
En esa línea, el presidente consideró legítimo recurrir al endeudamiento para financiar obras de infraestructura que generen capacidad productiva y empleo, siempre que exista capacidad de pago y se trate de inversiones que amplíen el patrimonio nacional. Con este enfoque, el gobierno brasileño apuesta a articular crecimiento económico, inclusión social y transición energética como ejes de un proyecto que busca transformar a Brasil en un actor central del desarrollo sostenible a nivel global.

