Pity Álvarez declaró por el crimen de Cristian Díaz

Pity Álvarez declaró ante el Tribunal por el crimen de Cristian Díaz

Pity Álvarez durante el juicio por el crimen de Cristian Díaz

NewsITe

El músico Cristian “Pity” Álvarez volvió a estar en el centro de la escena judicial al declarar en el juicio que investiga el crimen de Cristian Díaz, ocurrido en 2018 en el barrio de Villa Lugano. Frente al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N.º 29 de la Ciudad de Buenos Aires, el exlíder de Viejas Locas y Intoxicados intentó reconstruir, con un relato cargado de episodios de violencia e inseguridad, el contexto previo al homicidio. “Estaba acorralado por un tipo peligroso”, afirmó ante los jueces.

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En su exposición, Álvarez sostuvo que para explicar lo sucedido la noche del crimen necesitaba retroceder en el tiempo y detallar varios hechos que, según su versión, formaron parte de un escenario marcado por amenazas, conflictos barriales y consumo problemático de drogas. El músico describió un entramado de situaciones en Villa Lugano donde, dijo, se mezclaban narcomenudeo, robos y tensión permanente entre vecinos.

Uno de los primeros episodios que mencionó fue una fuerte discusión con una vecina a la que identificó como vendedora de drogas. Según su relato, la mujer reaccionó de manera violenta luego de que él se negara a darle sustancias y llegó a arrojar fuego debajo de la puerta de su casa. Poco después, siempre de acuerdo con su declaración, otro vecino lo atacó con una cuchilla y le provocó heridas en una vena y una arteria. Álvarez recordó que inicialmente se negó a recibir atención médica, hasta que se desmayó por la pérdida de sangre y terminó en una clínica.

El músico también relató un viaje a la Villa 1-11-14 junto a un remisero al que conocía. Contó que se trasladó hasta allí con una mochila en la que llevaba dinero, llaves y objetos de valor, y que el conductor se ofreció a esperarlo. Sin embargo, al regresar no lo encontró y tampoco halló sus pertenencias. Dijo que, al cruzarse luego con allegados del remisero, les pidió que le transmitieran un mensaje: “Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar”, y aclaró ante el Tribunal que nunca le prometió “pegarle un tiro”, como circuló en versiones extraoficiales.

Durante la audiencia, Álvarez hizo hincapié en la inseguridad que, según él, atravesaba a diario en Villa Lugano. Aseguró que conocía a muchos de los jóvenes que se reunían en los alrededores de su edificio y que había instalado una luz con sensor de movimiento para advertir movimientos sospechosos. Con el tiempo, explicó, dejó de mirar quién estaba del otro lado porque prefería no enterarse de lo que ocurría en la entrada de su vivienda.

Un contexto de violencia, adicciones y miedo

El músico también describió distintos hechos delictivos que, según su versión, afectaban a los vecinos de la zona, y contó que solía pedirles a los grupos de jóvenes que evitaran llevar personas de otros barrios para no generar conflictos que pudieran derivar en detenciones. “Después bajo yo, ponen un torrito y me van a llevar por culpa tuya”, recordó que les decía, en alusión a posibles operativos policiales.

Al relatar las horas previas al crimen, Álvarez señaló que había estado en la casa de una mujer y que pensaba volver a su departamento porque una de sus perras había tenido cachorros. Dijo que al llegar encontró a uno de los animales muerto y que intentó reanimarlo con respiración boca a boca. “Estuve mucho tiempo tratando de resucitar a ese cachorrito”, relató, y afirmó que luego dejó separados a los animales antes de salir nuevamente.

En otro tramo de la declaración, el exlíder de Viejas Locas habló abiertamente de su consumo de drogas, en particular pasta base, morfina y pastillas. Explicó que su organismo se había acostumbrado a la sustancia al punto de que, si no consumía, parecía que estaba drogado por los efectos del síndrome de abstinencia. Esa dinámica, sostuvo, se había vuelto parte de su vida cotidiana.

Entre los episodios de violencia que enumeró, mencionó también un asalto sufrido cuando intentaba poner en marcha su auto. Según contó, dos jóvenes de entre 16 y 17 años lo ayudaron a empujarlo y, luego de darle dinero a modo de agradecimiento, uno de ellos le reclamó más. Al mirarlo, recibió un culatazo en la cabeza con un arma de fuego; el golpe terminó con un disparo que, de acuerdo con su relato, se escapó accidentalmente. Los agresores huyeron con una mochila en la que llevaba pertenencias personales.

Álvarez relató que terminó con la cara cubierta de sangre y que buscó refugio en la casa de un amigo de la adolescencia, quien lo ayudó a limpiarse. Más tarde habló con su madre, que le sugirió hacer la denuncia policial, aunque él se mostró reticente. Durante toda la audiencia, el músico se mostró nervioso, pidió pausas, consultó si podía utilizar un vapeador y reiteró que se sentía “acorralado” en el barrio por personas a las que consideraba peligrosas. El Tribunal deberá ahora valorar el alcance de su declaración en el marco del juicio por el crimen de Cristian Díaz.

“Estaba acorralado por un tipo peligroso”, insistió Álvarez ante los jueces, al describir el clima de amenazas y violencia que, según él, rodeó el caso.

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