Profundas divisiones dejan al G20 sin mensaje común

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La reunión de dos días de ministros de Asuntos Exteriores del Grupo de los Veinte (G20), celebrada en Atlanta, concluyó sin un comunicado conjunto, una señal clara de las profundas grietas que atraviesan hoy al sistema internacional. Pese a los esfuerzos de la presidencia estadounidense, los cancilleres no lograron acordar un texto común sobre los grandes focos de tensión geopolítica y de seguridad económica que marcaron la agenda.
El encuentro fue presidido por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien puso sobre la mesa temas sensibles para Washington: la guerra en Ucrania, el conflicto con Irán, la seguridad energética, las cadenas de suministro de minerales críticos y la seguridad alimentaria. Sin embargo, las posiciones encontradas entre las principales potencias impidieron acercar posturas.
En la conferencia de prensa de cierre, Rubio reconoció abiertamente la falta de avances de fondo. Subrayó la importancia de garantizar la libertad de navegación en puntos neurálgicos como el estrecho de Ormuz y el mar Negro, claves para el comercio mundial de energía y granos. No obstante, admitió que las discrepancias fueron insalvables. “No estamos cerca de encontrar soluciones aceptadas universalmente a estos problemas”, afirmó ante los periodistas.
Tensiones por Ucrania, Irán y los aranceles de Estados Unidos
Las divisiones se concentraron en algunos ejes centrales. La crisis de Ucrania generó fricciones directas entre Occidente y Rusia, mientras que el conflicto entre Estados Unidos e Irán atravesó buena parte de las discusiones sobre seguridad en Medio Oriente y estabilidad energética. A ello se sumaron los cuestionamientos a las políticas de aranceles estadounidenses, que varios países consideran un factor de incertidumbre para el comercio global.
Varios representantes señalaron que estos conflictos han disparado el precio del combustible a nivel mundial, presionando sobre la inflación y la actividad económica, especialmente en países en desarrollo. También expresaron inquietud por la posibilidad de una nueva ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán tras las elecciones de medio término, y por las eventuales represalias que podría desatar en la región.
El rol de China y el reclamo por las cadenas de suministro
Desde Beijing, la voz fue la del viceministro de Relaciones Exteriores, Ma Zhaoxu, quien trazó un panorama sombrío del escenario global. Advirtió que el mundo atraviesa “cambios profundos”, con tensiones geopolíticas crecientes y una agenda de desarrollo “gravemente rezagada”. En ese contexto, defendió un papel más activo del G20 para garantizar la seguridad energética y avanzar hacia un desarrollo sustentable.
- Impulso a la transición energética y mejora de la eficiencia en el uso de la energía.
- Transformación de la estructura energética global con mayor participación de fuentes renovables.
- Refuerzo de la gobernanza energética internacional para evitar crisis recurrentes.
- Acciones concretas para asegurar cadenas industriales y de suministros estables.
Ma instó a los miembros del bloque a tomar medidas coordinadas para sostener el flujo de insumos y bienes a nivel global, luego de años marcados por la pandemia, conflictos regionales y disputas comerciales que interrumpieron las cadenas logísticas y encarecieron productos clave.
Gritos en la foto, ausencias y la mirada hacia la cumbre de líderes
Las tensiones políticas también se trasladaron al plano simbólico y protocolar. En la jornada inaugural, Estados Unidos canceló de manera abrupta la tradicional foto de familia de los cancilleres, luego de que delegaciones de países europeos, Australia y Canadá se negaran a posar junto al ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov.
La decisión de Washington de no invitar a Sudáfrica —miembro pleno del G20 y presidencia rotativa el año pasado— sumó malestar entre varios socios, que leyeron el gesto como un mensaje político en medio de la puja de alineamientos globales.
“Las diferencias son reales y persistentes. Pero el G20 sigue siendo un espacio clave para discutirlas cara a cara”, fue el mensaje que se repitió en pasillos diplomáticos al cierre del encuentro.
Mirando hacia adelante, todas las miradas se dirigen ahora a la Cumbre de Líderes del G20 prevista para diciembre en Miami, que será encabezada por el presidente estadounidense, Donald Trump. Entre las incógnitas figura la eventual participación de Vladimir Putin, invitado por la Casa Blanca, pero cuya presencia aún no fue confirmada por Moscú. El resultado de esa cita será clave para medir si el G20 recupera capacidad de coordinación global o profundiza su actual parálisis.

