Miles de manifestantes salieron a las calles de Francia e Italia para cuestionar las políticas económicas de Emmanuel Macron y Giorgia Meloni. En Francia, el Gobierno desplegó 70.000 policías ante el temor de nuevos disturbios, mientras que Italia atravesó una huelga general con fuertes reclamos salariales, educativos y contra el aumento del gasto militar.

Europa atraviesa un nuevo fin de semana de tensión social, con movilizaciones multitudinarias en Francia e Italia contra las políticas de sus respectivos gobiernos. El aumento del costo de vida, las dificultades económicas de las familias y el deterioro de los servicios públicos alimentan un descontento que suma cada vez más sectores.
En Francia, unas 320.000 personas participaron este sábado de las protestas contra el gobierno de Emmanuel Macron, según estimaciones del Ministerio del Interior. Las manifestaciones se extendieron por distintas ciudades y obligaron a desplegar 70.000 policías y gendarmes para evitar nuevos episodios de violencia.
La jornada llegó después de dos fines de semana consecutivos de movilizaciones, que dejaron enfrentamientos, saqueos y daños en edificios públicos. Aunque la participación disminuyó respecto de las convocatorias anteriores, el movimiento mantiene una importante capacidad de movilización y continúa presionando al Ejecutivo francés.
Mientras tanto, Italia vivió el viernes una huelga general contra las medidas económicas de Giorgia Meloni. Trabajadores, estudiantes y organizaciones sociales marcharon en decenas de ciudades para reclamar mejores salarios, mayores inversiones en educación y una reducción del gasto militar.
Francia movilizó 70.000 policías para contener las protestas
El gobierno de Macron preparó un amplio dispositivo de seguridad ante el riesgo de que las manifestaciones terminaran nuevamente en disturbios. La preocupación aumentó por la coincidencia con Halloween, una celebración que podía favorecer las concentraciones nocturnas y dificultar los controles policiales.
El operativo incluyó unidades antidisturbios, helicópteros, drones, vehículos blindados y cañones de agua. Además, las autoridades restringieron los recorridos de las marchas y prohibieron determinadas concentraciones durante la noche, especialmente en sectores considerados de mayor riesgo.
En París, unas 70.000 personas participaron de la movilización principal, que debió realizarse fuera del centro de la capital. La Policía modificó el recorrido para proteger edificios gubernamentales, zonas comerciales y lugares turísticos, después de los incidentes registrados durante las semanas anteriores.
Las primeras horas transcurrieron mayormente sin enfrentamientos graves, aunque la tensión aumentó durante la dispersión de manifestantes en París y otras grandes ciudades. Algunos grupos arrojaron objetos contra los agentes, que respondieron con gases lacrimógenos y dispositivos antidisturbios.
El Ministerio del Interior informó que alrededor de 300 personas fueron detenidas durante la jornada. Pese a los incidentes, la mayor parte de las concentraciones se desarrolló de manera pacífica.
El costo de vida y la educación, en el centro del conflicto francés
Las protestas comenzaron impulsadas principalmente por estudiantes secundarios, que denunciaron el deterioro de las escuelas públicas, la falta de docentes y las dificultades para acceder a la educación superior. Sin embargo, los reclamos se ampliaron rápidamente y sumaron a sindicatos, trabajadores y organizaciones sociales.
El aumento de los precios, las dificultades para acceder a una vivienda y la pérdida de poder adquisitivo se convirtieron en demandas centrales. También crecieron las críticas a las restricciones sobre las manifestaciones y a la actuación policial durante los disturbios anteriores.
El movimiento alcanzó uno de sus momentos de mayor convocatoria el 17 de octubre, cuando más de medio millón de personas participaron de las protestas, según cifras oficiales. Una semana después, las autoridades contabilizaron 410.000 manifestantes, mientras que este sábado registraron 320.000.
Aunque los números muestran una reducción de la concurrencia, las movilizaciones continúan representando un desafío para Macron. El mandatario mantuvo reuniones con representantes estudiantiles, pero hasta ahora esas conversaciones no lograron desactivar el conflicto.
Italia también salió a las calles contra Giorgia Meloni
El malestar social también se hizo sentir en Italia, donde una huelga general convocada por la Unione Sindacale di Base (USB) movilizó el viernes a trabajadores y estudiantes de numerosas ciudades. Las manifestaciones tuvieron sus principales concentraciones en Roma y Milán, aunque también se extendieron a Turín, Nápoles, Bolonia, Florencia y Génova.
La protesta reunió a empleados públicos, trabajadores portuarios, organizaciones estudiantiles y colectivos que reclaman soluciones a la crisis habitacional. Además, cuestionó el incremento de los recursos destinados al rearme europeo, en momentos en que numerosos sectores denuncian dificultades para cubrir sus necesidades básicas.
“Bajen las armas y suban los salarios” fue una de las principales consignas de la jornada. Los manifestantes reclamaron que el Gobierno destine más fondos a la educación, los servicios públicos y la recuperación de los ingresos, en lugar de incrementar los presupuestos militares.
La huelga también afectó el transporte y distintas actividades públicas, mientras las marchas avanzaban bajo vigilancia policial. En Roma, una multitud recorrió las calles próximas al Coliseo y algunos grupos mantuvieron una acampada para dar continuidad a sus reclamos.
La mayor parte de las movilizaciones transcurrió pacíficamente, aunque se registraron incidentes aislados en algunas ciudades. En Vicenza hubo enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, mientras que en otros puntos del país se produjeron cortes de rutas y momentos de tensión.
Una ola de malestar que se extiende por Europa
Las protestas francesas e italianas responden a contextos políticos diferentes, pero comparten preocupaciones económicas y sociales. En ambos países, los manifestantes cuestionan la pérdida de poder adquisitivo y reclaman que las políticas públicas prioricen el empleo, los salarios y los servicios esenciales.
Organizaciones sindicales italianas también vinculan sus reclamos con el aumento de los presupuestos de defensa y el rechazo a lo que denominan una economía de guerra. En Francia, en cambio, el movimiento estudiantil conserva un protagonismo central y suma demandas contra las restricciones impuestas a las manifestaciones.
El descontento también se expresó durante las últimas semanas en otros países europeos, con movilizaciones juveniles en Alemania y protestas por el acceso a la vivienda en Portugal.
Por ahora, ni el Gobierno de Macron ni el de Meloni consiguieron desactivar las convocatorias. Las organizaciones que impulsan las manifestaciones mantienen sus reclamos, mientras las autoridades intentan evitar que la tensión social derive en nuevos enfrentamientos.

