El comodoro retirado de la Fuerza Aérea, Carlos Rinke, tenía 70 años y esperaba un trasplante de médula ósea. Conocido como el “Numeral de Hierro”, intervino en algunos de los ataques aéreos más importantes de la guerra de 1982. Su trayectoria quedó marcada por el recuerdo de los compañeros que no regresaron del combate.

El comodoro retirado Carlos Alfredo Rinke, veterano de la Guerra de Malvinas y uno de los pilotos más reconocidos de la aviación militar argentina, falleció este miércoles a los 70 años. El excombatiente atravesaba un delicado estado de salud y esperaba un trasplante de médula ósea. Durante el conflicto de 1982 participó en seis misiones aéreas contra la flota británica y consiguió regresar con vida de todas ellas.
Conocido como el “Numeral de Hierro”, Rinke integró el Grupo 5 de Caza de la Fuerza Aérea Argentina. Tenía apenas 26 años cuando comenzó la guerra y pilotaba un cazabombardero Douglas A-4B Skyhawk desde la base de Río Gallegos. Su actuación incluyó operaciones sobre el estrecho de San Carlos y Bahía Agradable, dos escenarios decisivos del enfrentamiento.
La noticia de su fallecimiento generó pesar entre veteranos de guerra y miembros de la Fuerza Aérea. Su nombre quedó asociado a las arriesgadas maniobras que realizaron los pilotos argentinos para enfrentar a los buques británicos. Sin embargo, también fue reconocido por su compromiso con la memoria de quienes perdieron la vida durante el conflicto.
Las seis misiones que marcaron su participación en Malvinas
Rinke recibió su bautismo de fuego el 1 de mayo de 1982, durante las primeras operaciones aéreas argentinas del conflicto. Posteriormente, participó en misiones los días 21, 23, 25 y 27 de mayo, además del ataque del 8 de junio. En cada salida debía volar a muy baja altura para reducir las posibilidades de detección por los radares enemigos.
Una de sus experiencias más difíciles ocurrió el 23 de mayo, cuando integró una escuadrilla que atacó a la fragata británica HMS Antelope. Durante la operación, el teniente Luciano Guadagnini recibió fuego enemigo y su avión terminó impactando contra el mástil del buque. El piloto argentino murió y la embarcación británica se hundió al día siguiente, después de que explotara una bomba durante las tareas de desactivación.


Dos días después, Rinke participó en otra operación de gran importancia militar. El 25 de mayo integró la formación que atacó a la fragata HMS Broadsword, mientras otros aviones argentinos alcanzaron al destructor HMS Coventry. La jornada terminó con el hundimiento de este último buque y quedó entre las acciones más recordadas de la aviación nacional.
Su última misión de combate llegó el 8 de junio, durante el ataque a los buques británicos en Bahía Agradable. Rinke formó parte de la primera oleada, que enfrentó condiciones meteorológicas adversas y dificultades para identificar los objetivos. La operación provocó graves daños a los transportes militares Sir Galahad y Sir Tristram y representó uno de los mayores golpes sufridos por las fuerzas británicas.
De su infancia entre aviones a convertirse en piloto de combate
Carlos Alfredo Rinke nació el 17 de febrero de 1956 en Buenos Aires y creció en San Isidro. Desde pequeño mostró una profunda fascinación por la aviación, que alimentaba construyendo maquetas y asistiendo a exhibiciones aeronáuticas. La llegada del hombre a la Luna y los primeros aviones A-4B incorporados por Argentina reforzaron su decisión de convertirse en piloto militar.
Durante la escuela secundaria intentó ingresar a la Escuela de Aviación Militar, pero fue rechazado porque todavía no tenía la edad requerida. Dos años después consiguió incorporarse y comenzó su formación como oficial. Posteriormente, completó el curso de piloto de caza en Mendoza y fue destinado a la V Brigada Aérea.
Cuando estalló la guerra, Rinke estaba casado y tenía una hija pequeña. Además, esperaba el nacimiento de su segunda hija, previsto para agosto de aquel año. Pese a su juventud y sus responsabilidades familiares, participó en algunas de las operaciones más peligrosas del conflicto.
El apodo “Numeral de Hierro” surgió de sus propios compañeros, especialmente del piloto Pablo Carballo. La denominación hacía referencia a su desempeño como integrante de las escuadrillas y a la confianza que transmitía durante las misiones. Rinke explicaba que el nombre estaba relacionado con su capacidad para cumplir cada operación y regresar a la base.
Una vida dedicada a la Fuerza Aérea y a recordar a sus compañeros
Después de Malvinas, Rinke continuó su carrera militar y ocupó distintos destinos dentro de la Fuerza Aérea. Entre 2001 y 2002 se desempeñó como agregado aeronáutico adjunto en la embajada argentina en Estados Unidos. Finalmente, pasó a retiro en 2005 con el grado de comodoro, después de más de tres décadas de servicio.
Aunque evitó escribir un libro sobre sus experiencias, participaba en charlas escolares y encuentros dedicados a mantener viva la memoria de Malvinas. En esas actividades recordaba especialmente a los pilotos que murieron durante las operaciones aéreas. Para él, sobrevivir no significaba dejar atrás las consecuencias de la guerra.
Su vida personal estuvo marcada por la familia y la fe católica. Ferviente devoto, rezaba el Santo Rosario antes de participar en una misión. Estaba casado con María Gabriela Fierro y era padre de cinco hijos, María, Josefina, Tomás, Juan y Lucas. También tenía doce nietos y disfrutaba de la navegación a vela en el lago San Roque, en Córdoba.
Entre sus recuerdos más persistentes aparecía el dolor por los compañeros que no regresaron. Una frase que repetía al hablar de Malvinas resumía esa experiencia. “Salir con un compañero y volver sin él… eso no se olvida”, expresaba el veterano.
Su muerte se produjo más de cuatro décadas después de aquellas misiones sobre el Atlántico Sur. Con su partida, la Fuerza Aérea pierde a uno de los protagonistas de las operaciones aéreas de 1982. Su testimonio permanece ligado tanto a las acciones militares como al recuerdo de quienes murieron en defensa de las islas.

