ACV: alertan por síntomas clave y nuevas opciones de tratamiento

Hábitos saludables y diagnóstico rápido, las claves contra el ACV

NewsITe

El ataque cerebrovascular (ACV) es hoy una de las principales causas de muerte y discapacidad en la Argentina. Se trata de una alteración brusca de la circulación cerebral que puede producirse cuando una arteria se tapa (ACV isquémico) o cuando una se rompe y provoca una hemorragia (ACV hemorrágico). En ambos casos, la atención inmediata resulta determinante para preservar tejido cerebral y mejorar las chances de recuperación.

En el marco del Día Mundial del ACV, especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA y de distintas entidades de salud remarcan que la mejor herramienta sigue siendo la prevención. Dejar el cigarrillo, controlar la presión arterial, sostener una dieta baja en grasas y realizar actividad física regular son los cuatro pilares para reducir el riesgo de un episodio cerebrovascular.

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“La prevención sigue siendo la medida más importante para disminuir la discapacidad”, subrayó el neurocirujano vascular Javier Goland, quien recordó que adoptar hábitos saludables, sumado a controles médicos periódicos, permite detectar a tiempo factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol elevado, arritmias y obesidad.

Nuevos tiempos de ventana terapéutica y más pacientes tratados

En los últimos años se ampliaron las posibilidades de tratamiento agudo del ACV isquémico. Según las nuevas recomendaciones basadas en estudios de centros de los Estados Unidos y adoptadas en la Argentina, en algunos pacientes el tratamiento trombolítico por vía intravenosa puede administrarse hasta 9 horas después del inicio de los síntomas, frente a las 4 horas y media que se consideraban como límite habitual.

También se extendió hasta 24 horas el plazo para realizar trombectomías mecánicas, procedimientos mínimamente invasivos mediante los cuales se extrae el coágulo que obstruye una arteria cerebral. Esta técnica, que antes se indicaba a un grupo más reducido de personas, ahora se contempla incluso en casos de obstrucción de la arteria basilar y en pacientes con áreas de daño cerebral más extensas, así como en niños seleccionados.

Los especialistas destacan, además, la incorporación en el país de un nuevo trombolítico endovenoso, que permite acortar los tiempos de administración del tratamiento. “Estas actualizaciones aumentan el número de pacientes que pueden acceder a una terapéutica que disminuye las secuelas en un porcentaje importante de casos”, señalan desde los servicios de neurología y neurocirugía.

Cómo reconocer un ACV: la regla HaBraSo

Los síntomas de un ACV suelen aparecer en forma repentina y sin aviso. Entre las señales más frecuentes figuran la dificultad súbita para hablar o entender, la pérdida de fuerza en un brazo o una pierna, la asimetría en la cara, la pérdida del equilibrio y una cefalea muy intensa, a veces acompañada de náuseas y vómitos. Un dolor de cabeza brusco, inusual y persistente también puede anticipar una hemorragia cerebral y exige consulta médica urgente.

En la Argentina se utiliza la regla HaBraSo para facilitar la identificación de un posible ACV:

  • HA (Habla): pedirle a la persona que repita una frase. Si no puede hacerlo o se expresa de manera confusa, puede tratarse de un ACV.
  • BRA (Brazos): solicitar que levante ambos brazos. Si uno cae, se desvía o no logra sostenerlo, es un signo de alerta.
  • SO (Sonrisa): pedir que sonría. Si un lado de la boca queda caído o la sonrisa es asimétrica, también es motivo de sospecha.

Ante cualquiera de estas manifestaciones, los médicos insisten en no esperar a que los síntomas se vayan solos ni automedicarse. Es imprescindible llamar de inmediato al servicio de emergencias, informar la sospecha de ACV y registrar la hora exacta de inicio de los síntomas, dato clave para decidir el tratamiento adecuado. Incluso si las molestias duran pocos minutos y desaparecen, puede tratarse de un ataque isquémico transitorio (AIT), que requiere evaluación urgente.

Factores de riesgo y medidas de prevención

La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo para un ACV, seguida por las arritmias cardíacas —en especial la fibrilación auricular—, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad. Gran parte de estos factores pueden controlarse con seguimiento médico, medicación adecuada y cambios sostenidos en el estilo de vida.

Las recomendaciones de las sociedades científicas apuntan a:

  • Alimentación equilibrada: priorizar frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y aceite de oliva, reduciendo grasas saturadas y grasas trans.
  • Actividad física regular: realizar al menos 30 minutos diarios de ejercicio aeróbico moderado —como caminar, trotar suave, andar en bicicleta o nadar— la mayoría de los días de la semana.
  • Evitar hábitos nocivos: dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol y evitar drogas ilegales, que aumentan el riesgo cardiovascular y neurológico.
  • Controles médicos periódicos: efectuarlos al menos una vez al año, o con mayor frecuencia en pacientes con antecedentes, para ajustar tratamientos y prevenir complicaciones.

“El ACV se puede prevenir en muchos casos. Sostener hábitos saludables y controlar los factores de riesgo hace una diferencia concreta en la incidencia y en la gravedad de los episodios”, coinciden los especialistas consultados.

Rehabilitación: la recuperación puede seguir por años

Superada la fase aguda, la rehabilitación temprana es fundamental para recuperar funciones y ganar autonomía. Desde el momento de la internación, equipos interdisciplinarios evalúan a cada paciente y planifican objetivos a corto y mediano plazo: encontrar posturas seguras, prevenir complicaciones por reposo prolongado, recuperar movimientos, volver a sentarse, pasar de la cama a la silla y, cuando es posible, ponerse de pie y caminar.

La médica fisiatra Andrea Legarreta, responsable de rehabilitación en un centro especializado, remarca que la recuperación no se agota a los seis meses. Muchas personas continúan mejorando durante meses e incluso años, siempre que cuenten con acompañamiento profesional, tratamiento adecuado y apoyo de su entorno. Ajustar las estrategias y conservar cada logro, explican, es tan importante como alcanzar nuevas metas.

Los equipos de salud insisten en que no hay que resignarse frente a las secuelas: la combinación de prevención, diagnóstico precoz, acceso a terapias de urgencia y rehabilitación prolongada puede cambiar de manera profunda la historia de un ACV.

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