Netanyahu, bajo presión en Israel tras tres décadas de poder

Netanyahu, el líder más longevo de Israel ante su hora decisiva

NewsITe

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu vuelve a enfrentar una elección clave en su extensa carrera política, en medio de una crisis sin precedentes marcada por la guerra en Gaza, cuestionamientos internos y una orden de arresto internacional solicitada por la Corte Penal Internacional (CPI). Con más de tres décadas de protagonismo en la escena israelí, el veterano dirigente intenta convencer al electorado de que sigue siendo el único capaz de garantizar la seguridad del país.

El líder del partido Likud, conocido popularmente como “Bibi”, basa su campaña en un mensaje binario y polarizante, sintetizado en un eslogan repetido en afiches a lo largo de Israel: “O la derecha o Palestina”. La fórmula apunta a retener a su base más fiel y a capturar a los votantes indecisos en un contexto en el que la seguridad, su tradicional carta de presentación, quedó severamente cuestionada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Aquel asalto sin precedentes, lanzado por comandos islamistas desde la Franja de Gaza, expuso fallas graves en tres pilares que Netanyahu siempre reivindicó como centrales: la fuerza militar, la superioridad de inteligencia y la capacidad de disuasión. Desde entonces, el primer ministro buscó reencuadrar la guerra como parte de una disputa histórica y generacional, con el objetivo declarado de debilitar la influencia regional de Irán, aliado de Hamás y Hezbolá.

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Guerra, presión judicial y desgaste interno

Más allá de la convocatoria a las urnas, Netanyahu enfrenta una compleja trama judicial y política. La CPI pidió una orden de arresto en su contra por presuntos crímenes de guerra en Gaza, una medida que tensiona aún más la ya deteriorada imagen internacional de Israel. En simultáneo, el primer ministro afronta un proceso por corrupción en su país, mientras gestiona un conflicto armado en múltiples frentes, desde la Franja de Gaza y el Líbano hasta choques indirectos con Irán.

El dirigente procura capitalizar, puertas adentro, los golpes militares asestados contra Hamás en Gaza, Hezbolá en territorio libanés y objetivos vinculados a Irán. Sus colaboradores intentan instalar la idea de que, pese a las críticas, Israel mantiene la iniciativa estratégica en la región. Sin embargo, el costo humano y económico de la guerra, sumado al desgaste social por años de tensión y atentados, alimenta las protestas y la fatiga entre amplios sectores de la población israelí.

Raíces ideológicas y una visión de “Gran Israel”

Nacido en Tel Aviv el 21 de octubre de 1949, Netanyahu se formó en un entorno fuertemente ideologizado. Su padre, Benzion Netanyahu, fue colaborador de Zeev Jabotinsky, referente del sionismo revisionista, corriente que promovió la idea de un “Gran Israel” y mantuvo posiciones intransigentes frente al conflicto con los palestinos. Ese legado se refleja en la línea dura que el actual primer ministro sostuvo a lo largo de su carrera.

Lejos de apostar por la solución de dos Estados impulsada en los años noventa, Netanyahu se opuso a los principales intentos de negociación y contribuyó a frenar el proceso de paz, apoyado por sectores nacionalistas y religiosos. En las últimas décadas, defendió la expansión de asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada y respaldó iniciativas de anexión parcial de esos territorios, políticas consideradas ilegales para buena parte de la comunidad internacional.

Del combate militar a los pasillos del poder

Antes de su ingreso en la política de alto nivel, Netanyahu integró una unidad de élite del ejército israelí y combatió en la guerra árabe-israelí de 1973. Su vida quedó marcada por la muerte de su hermano mayor, Yonatan, caído al comandar la operación de rescate de rehenes en Entebbe, Uganda. Años más tarde, el propio Netanyahu describiría ese episodio como un quiebre personal profundo.

Pasó parte de su juventud en Estados Unidos y se graduó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Esa experiencia lo convirtió en uno de los voceros israelíes más eficaces en el exterior, con alto perfil en programas de televisión estadounidenses y foros diplomáticos como la ONU. En 1988 fue elegido diputado, y en 1993 asumió la conducción del Likud. Tres años después, se convirtió, con 46 años, en el primer ministro más joven de la historia del país.

El dirigente que moldeó la política israelí reciente

Netanyahu gobernó entre 1996 y 1999 y luego de manera casi ininterrumpida desde 2009 hasta 2021, para regresar al poder a fines de 2022 al frente de una de las coaliciones más derechistas que haya tenido Israel. En total, suma casi 19 años como jefe de gobierno, lo que lo transforma en el primer ministro más longevo del país.

Durante sus mandatos, impulsó una doctrina de seguridad basada en la fuerza militar y la disuasión, al tiempo que buscó posicionarse como un actor clave en la geopolítica de Medio Oriente. En los últimos meses reiteró que su objetivo es “cambiar la faz de Oriente Medio” y reordenar el mapa regional en contra de Irán. Sin embargo, las consecuencias del conflicto en Gaza, la parálisis del proceso de paz y la creciente presión internacional plantean interrogantes sobre su futuro político y el rumbo de Israel en la posguerra.

“Cambiamos la faz de Oriente Medio”, declaró Netanyahu en reiteradas oportunidades, presentando la guerra como una cruzada generacional contra la influencia de Irán en la región.

Entre el desgaste interno, las demandas de responsabilidades por el 7 de octubre y las causas judiciales que lo rodean, el veterano líder enfrenta uno de los desafíos más grandes de su trayectoria: convencer a la sociedad israelí de que aún puede conducir al país en un escenario signado por la incertidumbre.

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