La independencia económica juvenil, frenada por la crisis

NewsITe
El camino hacia la independencia económica y habitacional, que durante décadas fue un paso casi natural al llegar a la adultez, hoy aparece como una meta cada vez más lejana para miles de jóvenes argentinos. El deterioro del poder adquisitivo, el encarecimiento del alquiler y la inestabilidad laboral reconfiguraron las expectativas de toda una generación, que posterga –o directamente abandona– la idea de irse de la casa de sus padres.
De acuerdo con un informe de la consultora Analytica, solo el 23,3% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en un hogar propio y de manera autónoma. El dato se completa con otra cifra alarmante: cerca de 140.000 jóvenes debieron retroceder en su proyecto de independencia y volver al hogar familiar, ante la imposibilidad de sostener un alquiler con sus ingresos.
Las historias personales ponen rostro a las estadísticas. Vanesa Gutiérrez, de 27 años, estudiante de Medicina y extranjera, contó que hace apenas tres años podía pagar su alquiler sin comprometer el resto de sus gastos mensuales. Hoy, en cambio, reconoce que debió ajustar en comida, salidas y calidad de vida para afrontar un departamento en Caballito que le exigía $610.000 de alquiler y $250.000 de expensas. Sin empleo estable y con ayuda familiar, admite que la independencia se volvió “imposible”.
En un escenario similar, Ludmila, de 23 años y secretaria en un consultorio odontológico de Palermo, decidió regresar a la casa de su madre en Almagro. Había cumplido el contrato de su monoambiente, pero el sueldo ya no le permitía llegar a mitad de mes ni siquiera con un consumo mínimo de ocio. La convivencia familiar, que en otros momentos se vivía como un paso previo a la emancipación, hoy vuelve a presentarse como única tabla de salvación para sostener gastos básicos.
Canasta juvenil en alza y salarios en baja
El informe de Analytica muestra que el principal obstáculo para la emancipación es el fuerte desfasaje entre los ingresos y el costo de vida específico de los jóvenes que viven solos. La llamada “canasta del joven independiente” acumuló un salto del 387,9% desde noviembre de 2023, aumento que supera con creces a la inflación general.
Dentro de esa canasta, el rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” se disparó un 637,9% en el mismo período. Así, mientras en el promedio de la población el gasto en vivienda y servicios públicos representa alrededor del 13,5% del ingreso, en el caso de un joven que alquila por su cuenta esa proporción salta al 26,6% del presupuesto mensual.
La situación se agrava con las dificultades para conseguir empleo formal. La desocupación entre menores de 30 años ronda el 15%, y solo el 38,3% de los ocupados jóvenes está registrado. Este retroceso de más de cinco puntos en un año se traduce en precariedad, salarios inestables y ausencia de garantías suficientes para acceder a un contrato de alquiler tradicional.
Entre la presión del alquiler y la falta de crédito
El testimonio de Fernando, vecino de Morón, condensa el cambio de época. Con dos trabajos –administrativo en una escuela y docente de inglés–, vive todavía con su madre y apenas consigue ayudar con los servicios del hogar. Reconoce que quiere irse, pero los números no cierran. Al comparar su realidad con la de sus primos mayores, la diferencia es contundente: “Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular”, resume.
En el sector inmobiliario también observan el impacto de la crisis. Sebastián, dueño de una inmobiliaria en Avellaneda, señala que la mayoría de quienes consultan para alquilar son parejas y ya casi no aparecen jóvenes solos o con amigos. Explica que sus clientes primero resignan modernidad en las unidades, luego metros cuadrados y, por último, ubicación o espacios abiertos como patios y balcones, en una carrera por abaratar costos sin renunciar al alquiler.
El estrechamiento de los ingresos salariales también golpea a quienes están formalmente registrados. Según el trabajo de Analytica, el salario real de los jóvenes en blanco cayó un 9,1% desde 2023, medido contra su propia canasta. Para los cuentapropistas, el panorama es aún más duro: ganan en promedio un 51,4% menos que un asalariado formal de su misma edad.
Endeudamiento y una emancipación que se posterga
El deterioro de las cuentas personales se refleja también en el sistema financiero. Datos del Banco Central recopilados por Analytica muestran que el 39,1% de los deudores de entre 18 y 30 años registra algún tipo de atraso o morosidad en sus pagos, un nivel que supera con amplitud la tasa de morosidad general del sistema, ubicada en el 28,3%.
La dificultad para pagar tarjetas y créditos convive con la imposibilidad de planificar objetivos de largo plazo, como la compra de un terreno o una vivienda propia. En muchos casos, el endeudamiento ni siquiera está vinculado a inversiones, sino a la necesidad de financiar consumos cotidianos o tecnología básica.
El problema excede, además, a la llamada “primera juventud”. De acuerdo con estadísticas del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina, elaboradas a partir de datos del INDEC, el 37% de las personas de entre 25 y 35 años sigue viviendo en la casa de sus padres. Se trata de unos 2,5 millones de adultos jóvenes que no lograron concretar su emancipación por falta de recursos suficientes.
La combinación de inflación, salarios rezagados, precariedad laboral y alquileres cada vez más altos configura un escenario en el que irse de la casa familiar dejó de ser un paso lógico de la adultez para transformarse en un privilegio reservado a unos pocos.
En este contexto, la emancipación juvenil en la Argentina queda en pausa, mientras una generación entera se ve obligada a recalcular sus proyectos de vida y a postergar, sin fecha cierta, la posibilidad de un hogar propio.

