La UCA advierte por el deterioro del sistema contributivo

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Un informe reciente del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) encendió una luz de alarma sobre la evolución de las asignaciones familiares que perciben los trabajadores registrados. De acuerdo con el estudio, entre 2016 y septiembre de 2026 la asignación familiar por hijo del Sistema Único de Asignaciones Familiares (SUAF) perdió alrededor del 45% de su poder adquisitivo, aun cuando desde julio de 2024 se actualiza mensualmente por la inflación.
En contraste, la combinación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Prestación Alimentar mostró una mejora relativa: ambas transferencias lograron incrementar su capacidad de cobertura de la canasta básica alimentaria (CBA), aunque también sufrieron períodos de fuerte deterioro frente al aumento del costo de los alimentos.
Para dimensionar el efecto en los hogares, el relevamiento toma como referencia un hogar tipo del Gran Buenos Aires, integrado por dos adultos y dos niños. En ese caso, la asignación familiar del SUAF pasó de cubrir el 40% de la CBA en 2016 al 20,8% en septiembre de 2026. En sentido inverso, la AUH sumada a la Prestación Alimentar aumentó su cobertura del 32% al 48,7% en el mismo período.
Cómo evolucionaron los montos y quiénes quedaron más rezagados
Según la UCA, la AUH recuperó terreno en términos reales: en septiembre de 2026 su valor era aproximadamente un 9% mayor que en 2016. Al incorporar la Prestación Alimentar, el poder de compra combinado resultó un 60% superior al de una década atrás. De todos modos, estos avances conviven con un deterioro significativo del refuerzo alimentario, que estuvo congelado entre junio de 2024 y abril de 2026 y perdió más del 40% de su valor real en ese lapso.
El informe señala que la brecha entre la AUH y el SUAF se explica por una serie de decisiones de política pública. Entre ellas, la incorporación de la Prestación Alimentar para los beneficiarios de la AUH desde 2020, la duplicación del monto de la AUH en 2024 y la ausencia de un refuerzo equivalente para las asignaciones familiares de los trabajadores formales. Si bien desde julio de 2024 ambas prestaciones se ajustan por el índice de precios al consumidor (IPC), ese mecanismo sólo logró evitar un mayor deterioro, pero no recomponer lo perdido por el SUAF desde 2016.
Otro aspecto relevante es el impacto de la inflación de alimentos. En los últimos doce meses relevados, la AUH se incrementó 33,8%, mientras que la canasta básica alimentaria trepó 40%. El desfasaje se hizo particularmente visible entre noviembre de 2025 y enero de 2026, cuando los alimentos registraron subas mensuales de entre 4% y 6%.
Pobreza, topes de ingresos y efectos sobre la indigencia
El estudio del ODSA-UCA muestra que los hogares beneficiarios del SUAF en general presentan mejores indicadores que los receptores de la AUH: la pobreza los alcanza en un 22,4%, frente al 63,7% entre quienes perciben la asignación universal. Sin embargo, dentro del tramo 1 del sistema contributivo —el segmento de menores ingresos— la situación se asemeja cada vez más a la de los hogares con AUH, pero con ayudas significativamente menores.
Durante el primer trimestre de 2026, el 61% de los hogares del tramo 1 del SUAF se encontraba por debajo de la línea de pobreza y el 15% en la indigencia, incluso contabilizando las asignaciones. Entre los receptores de AUH, el 64% era pobre y el 14% indigente. La diferencia principal pasa por el efecto de las transferencias: la AUH junto con la Prestación Alimentar reduce la indigencia en torno a 20 puntos porcentuales, mientras que el SUAF del tramo 1 la disminuye en unos 11 puntos. En los tramos 2 a 4, el impacto es casi nulo.
La radiografía del sistema también pone el foco en los topes de ingresos que condicionan el acceso a las asignaciones. Entre marzo de 2022 y febrero de 2023, el límite individual para cobrar el SUAF se mantuvo congelado en $158.366, mientras los precios se duplicaban. Esto dejó afuera a familias que, pese a superar el tope nominal, continuaban atravesando dificultades económicas. En el primer trimestre de 2023, la pobreza entre los hogares que habían quedado excluidos llegó al 10,7%, mientras que entre quienes seguían cubiertos por el SUAF trepó hasta un máximo de 53,9%.
Qué cambió en el último año y qué propone la UCA
Entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026, tanto la AUH como las asignaciones del SUAF aumentaron cerca de 33,8%, levemente por encima de una inflación interanual de 33,4%. En términos reales, la mejora fue marginal: apenas un 0,4%. La Prestación Alimentar mostró un incremento mayor, del orden del 38,3%, con una recuperación real cercana al 3,7%. Considerando en conjunto la AUH y el refuerzo alimentario, la mejora para los hogares osciló entre el 1,3% y el 1,6%, según la cantidad de hijos.
Frente a este escenario, la UCA plantea una serie de medidas para recomponer la función protectora del sistema de asignaciones. Entre las propuestas se destacan la actualización de los límites de los tramos del SUAF en función del valor de la canasta básica, el refuerzo de los montos dirigidos a los sectores de menores ingresos y la vinculación de la Prestación Alimentar con la evolución específica de la canasta básica alimentaria, con el objetivo de evitar que la inflación de los alimentos erosione su capacidad de compra.
El diagnóstico del ODSA-UCA subraya que, aun con mecanismos de actualización por inflación, los hogares con niños siguen expuestos a fuertes pérdidas de poder adquisitivo cuando los montos de las prestaciones y los topes de ingreso no se ajustan de manera oportuna.
Con más de seis de cada diez hogares pobres entre los sectores de menores ingresos del SUAF y de la AUH, el informe reinstala en la agenda pública el debate sobre el alcance y la eficacia de las políticas de protección de la niñez en un contexto de persistente inflación y caída del salario real.

