La mística copera de Estudiantes se reencuentra con Palmeiras

Estudiantes, su Copa Libertadores y un duelo que vuelve a hacer historia

Hinchas de Estudiantes de La Plata celebran en la Copa Libertadores

NewsITe

Para Estudiantes de La Plata, la Copa Libertadores de América es mucho más que un torneo internacional: es el escenario donde se forjó una identidad, una forma de jugar y una mística que lo marcó para siempre en el mapa del fútbol mundial. Más de cinco décadas después de aquella gesta en Montevideo ante Palmeiras, el “Pincha” vuelve a cruzarse con el “Verdao” con el recuerdo intacto de la gloria obtenida en el Estadio Centenario.

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La final de 1968 fue el punto de partida de una era irrepetible. En aquellos años, bajo la conducción de Osvaldo Zubeldía, Estudiantes desafió la lógica del fútbol sudamericano. Con trabajo minucioso, disciplina táctica y una preparación poco habitual para la época, el equipo platense logró imponerse a gigantes del continente y levantó su primera Libertadores ante Palmeiras luego de una serie que necesitó tres partidos y encontró su clímax en Montevideo.

La ida en La Plata terminó 2 a 1 para el local, con goles de Eduardo “Bocha” Flores y Juan Ramón “La Bruja” Verón. En la revancha, disputada en el Pacaembú de San Pablo, el conjunto brasileño respondió con un 3 a 1 que estiró el suspenso. Como entonces no regía la diferencia de gol, todo se resolvió el 16 de mayo de 1968 en el Centenario, donde Estudiantes ganó 2 a 0 con tantos de Felipe Ribaudo y Verón, sellando la consagración y desatando una celebración inolvidable en La Plata.

El legado de Zubeldía y el nacimiento de una filosofía

El verdadero arquitecto de esa transformación fue Osvaldo Zubeldía. Desde su llegada en 1965, el entrenador introdujo métodos innovadores: dobles turnos de entrenamiento, estudio detallado de los rivales, jugadas preparadas en pelota parada, manejo quirúrgico del achique y la trampa del offside, así como una mirada pionera sobre descanso y nutrición. Su idea central era clara: el trabajo colectivo y la táctica podían imponer condiciones ante cualquier jerarquía individual.

A modo de homenaje permanente, Estudiantes inmortalizó su figura en el renovado Estadio Jorge Luis Hirschi, donde una estatua de bronce comparte espacio con la de Carlos Salvador Bilardo. La imagen de Zubeldía con sus libretas de apuntes sintetiza el concepto del club como laboratorio futbolístico, un sello que se mantiene como bandera institucional hasta hoy.

Fútbol, dictaduras y tensiones sociales en los años 60

Aquel cruce con Palmeiras se dio en un contexto político y económico convulsionado en toda la región. Argentina transitaba la dictadura de Juan Carlos Onganía, en plena “Revolución Argentina”, con un programa económico que combinaba devaluación, congelamiento salarial y apertura al capital extranjero. En paralelo, crecía la conflictividad social y sindical que desembocaría, un año después, en el Cordobazo.

En Brasil, el régimen militar instalado tras el golpe de 1964 empujaba el llamado “Milagro Económico”, un período de fuerte crecimiento apoyado en la industrialización, el endeudamiento y el recorte de derechos. En 1968, el endurecimiento del gobierno se consolidaría con el Acto Institucional Número Cinco, que profundizó la censura y la persecución política. En ese clima, el fútbol también funcionó como vidriera internacional y canal de orgullo para los pueblos de ambos países.

La mística copera de Estudiantes no nació solo de los resultados: se forjó en la combinación de trabajo, identidad y contexto histórico.

La dinastía Verón y la continuidad de la mística

Pocas familias en el fútbol mundial simbolizan tanto a un club como los Verón en Estudiantes. Juan Ramón “La Bruja” fue figura clave del tricampeonato de América entre 1968 y 1970, autor de goles decisivos tanto en la Libertadores como en la final Intercontinental ante Manchester United en Old Trafford. Su influencia excedió lo futbolístico y se transformó en parte del imaginario popular del hincha albirrojo.

Décadas más tarde, Juan Sebastián “La Brujita” Verón retomó ese legado. Tras una exitosa carrera en Europa, regresó al club para conducirlo a una nueva conquista de la Copa Libertadores, la de 2009 frente a Cruzeiro, con una recordada victoria en Belo Horizonte. Ya retirado, trasladó su liderazgo al plano dirigencial y hoy es una de las caras visibles de la modernización institucional y la reconstrucción del estadio de 1 y 57.

Un gigante de América: las finales y los títulos del Pincha

En total, Estudiantes disputó cinco finales de Copa Libertadores y levantó el trofeo en cuatro oportunidades. Tras el título ante Palmeiras en 1968, llegaron el bicampeonato de 1969 frente a Nacional de Uruguay y el tricampeonato de 1970 contra Peñarol. La única caída se produjo en 1971, nuevamente ante Nacional, en una serie que se definió en un tercer partido de desempate.

La cuarta coronación continental arribó en 2009, cuando el equipo dirigido por Alejandro Sabella igualó sin goles como local frente a Cruzeiro y se impuso 2 a 1 en el Mineirao con tantos de Gastón Fernández y Mauro Boselli. Aquella noche en Belo Horizonte reeditó, para nuevas generaciones, la sensación de que Estudiantes se agiganta cuando se juega por la Gloria Eterna.

Hoy, cada vez que el fixture vuelve a cruzar al León con Palmeiras, la memoria futbolera de Sudamérica se remonta inevitablemente a 1968. Entre recuerdos, estatuas, herencias familiares y nuevas ilusiones, la mística copera de Estudiantes sigue escribiendo capítulos en la historia grande de la Libertadores.

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