Washington y Tel Aviv avanzan con planes militares para una posible nueva ofensiva sobre instalaciones nucleares, infraestructura energética y arsenales de misiles y drones de Irán. El calendario electoral de ambos países aparece como uno de los factores que hasta ahora frenan una escalada inmediata.

Estados Unidos e Israel preparan escenarios para volver a atacar Irán después de las elecciones de finales de octubre y comienzos de noviembre. Ambos países intensificaron sus maniobras militares durante las últimas semanas. Al mismo tiempo, la vía diplomática permanece estancada y Teherán mantiene sus condiciones para reabrir plenamente el estrecho de Ormuz.
De acuerdo con información publicada por The New York Times, las fuerzas estadounidenses e israelíes realizaron ejercicios para practicar nuevas misiones de bombardeo. Las maniobras incluyeron operaciones aéreas sobre Irak. Además, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, se reunió esta semana con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para analizar posibles nuevos ataques.
Los potenciales objetivos incluyen instalaciones nucleares, arsenales de misiles y drones e infraestructura energética. Washington y Tel Aviv consideran que una nueva campaña militar podría profundizar el deterioro económico de Irán. También buscan aumentar la presión para que Teherán realice concesiones en las negociaciones.
Las elecciones retrasan una eventual ofensiva
Israel celebrará sus elecciones parlamentarias el próximo martes 27 de octubre. Los comicios definirán la composición de la Knesset y podrían condicionar la continuidad política de Netanyahu. Una derrota del actual primer ministro podría dejarlo al frente de un gobierno interino y dificultar una nueva ofensiva.
Estados Unidos, por su parte, afrontará sus elecciones de medio término el 3 de noviembre. Estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Donald Trump busca evitar que una nueva escalada provoque aumentos en los precios internacionales de la energía antes de la votación.
Washington también continúa reforzando su capacidad militar en la región. El despliegue contempla portaaviones, aviones de combate, tropas y fuerzas especiales. Parte del dispositivo estadounidense terminaría de completarse durante los primeros días de noviembre.
El programa nuclear iraní vuelve a quedar en el centro
Entre las instalaciones bajo análisis se encuentra Pickaxe Mountain, conocida en Irán como Kooh Kolang. Se trata de un complejo nuclear subterráneo considerado de alta dificultad para una eventual operación militar. Estados Unidos e Israel ya habían estado cerca de lanzar nuevos ataques durante octubre, pero Trump decidió postergar la ofensiva.
La posibilidad de una nueva operación militar convive con negociaciones que todavía no logran destrabar el conflicto. Irán propone reabrir el estrecho de Ormuz dentro de un plazo de siete días si Washington acepta determinadas condiciones. Estados Unidos, en cambio, pretende incorporar desde el comienzo compromisos vinculados con el programa nuclear iraní.
Después de ocho meses de enfrentamiento, el estrecho de Ormuz continúa siendo una de las principales herramientas de presión de Teherán. Antes de la guerra, por esa ruta circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado comercializados en el mundo. Una nueva escalada podría volver a generar un impacto directo sobre los mercados energéticos internacionales.

