El ACV deja de ser una enfermedad solo de adultos mayores

NewsITe
Un reciente estudio encendió una señal de alarma en el sistema de salud: los accidentes cerebrovasculares (ACV) ya no son un problema exclusivo de los adultos mayores. En casi tres décadas, los casos entre personas de 20 a 54 años prácticamente se duplicaron, al pasar de 33,9 a 62,18 episodios cada 100.000 habitantes por año, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.
El incremento se observó sobre todo en los ACV isquémicos, que ocurren cuando un vaso sanguíneo se obstruye e impide la correcta llegada de sangre al cerebro. Esta tendencia preocupa a los especialistas porque viene acompañada de una mayor presencia de factores de riesgo en la población joven, como hipertensión, diabetes y fibrilación auricular, patologías que históricamente se asociaban a edades más avanzadas.
“Que una persona sea joven no significa que deba ignorar síntomas neurológicos repentinos ni postergar una consulta. Reconocer los factores de riesgo y controlarlos con seguimiento médico forma parte de la prevención”, advirtió el neurólogo Alfredo Vega Vera (M.P. J1571), del CMC de San Juan de Boreal Salud, al referirse al cambio de perfil de los pacientes.
Si bien la supervivencia durante el primer mes después del episodio mostró una leve mejoría —la mortalidad bajó del 11,7% en 1993-1994 al 9,4% en 2020— los especialistas recuerdan que salir con vida de un ACV no siempre implica quedar sin secuelas. Las consecuencias pueden afectar el movimiento, el habla, la visión, la memoria y, en muchos casos, la autonomía para realizar tareas cotidianas.
Señales de alarma: cuándo actuar sin demora
Los neurólogos insisten en que la rapidez en la consulta puede marcar la diferencia en el pronóstico. Entre los síntomas más frecuentes se destacan la desviación de un lado de la cara, la debilidad o el adormecimiento súbito de un brazo y las dificultades repentinas para hablar o comprender lo que otros dicen.
- Pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en la cara, el brazo o la pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.
- Dificultad repentina para hablar con claridad o para entender frases simples.
- Pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos, o visión borrosa repentina.
- Problemas para mantener el equilibrio o coordinar movimientos.
- Dolor de cabeza muy intenso y poco habitual, que aparece de manera repentina.
“Ante una dificultad repentina para hablar, una pérdida de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo, o una alteración de la visión, hay que buscar atención de urgencia. Aunque el síntoma desaparezca, requiere evaluación médica”, remarcaron desde la entidad que participó del estudio, al recordar que muchas personas se confían cuando los síntomas ceden.
La aparición repentina de uno o más de estos signos es una emergencia. No hay que esperar a que se resuelvan solos: el tiempo es clave para reducir el daño cerebral y mejorar la recuperación.
En materia de prevención, los especialistas recomiendan controlar la presión arterial, la glucemia y el colesterol; evitar el tabaco; sostener actividad física regular y cumplir con los controles médicos periódicos. También subrayan la importancia de consultar ante antecedentes familiares de ACV o enfermedad cardiovascular, incluso en personas jóvenes. Detectar y tratar a tiempo los factores de riesgo puede ser decisivo para evitar un episodio que cambie por completo la vida en plena edad productiva.

