La metalmecánica trabaja con apenas el 35,9% de su capacidad instalada, el nivel más bajo entre los sectores relevados por el INDEC. Desde ADIMRA advierten que el 90% de las importaciones realizadas bajo el RIGI corresponde a productos metalúrgicos y sostienen que buena parte podría fabricarse en el país. En San Nicolás, uno de los principales polos siderúrgicos y metalúrgicos de la Argentina, la discusión impacta de lleno sobre la extensa red de empresas proveedoras.

De la redacción de EL NORTE
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La industria metalúrgica argentina atraviesa uno de sus momentos más delicados y las empresas del sector encendieron una nueva señal de alarma por el avance de las importaciones vinculadas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). La preocupación adquiere especial relevancia en San Nicolás, donde la actividad siderúrgica y metalúrgica constituye uno de los principales motores de la economía y sostiene una extensa cadena de pequeñas y medianas empresas proveedoras.
Los últimos datos oficiales muestran la profundidad del problema. En agosto, la industria argentina utilizó apenas el 58,5% de su capacidad instalada, contra el 59,6% registrado durante el mismo mes de 2025. Sin embargo, el escenario resulta considerablemente más crítico para la metalmecánica: el sector funcionó utilizando solamente el 35,9% de su capacidad productiva, según informó el INDEC.
Eso significa que prácticamente dos tercios de la capacidad que poseen las empresas metalmecánicas permanecieron sin utilizar durante agosto. Un año antes, el indicador alcanzaba el 44,6%, por lo que perdió casi nueve puntos porcentuales en doce meses.
En medio de ese escenario, el presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), Elio Del Re, apuntó contra el impacto que genera el ingreso de productos extranjeros asociados a los grandes proyectos de inversión.
Luego de una reunión entre empresarios y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, Del Re puso números al fenómeno: “El 90% de las importaciones por RIGI son metalúrgicas”. Y agregó que “gran parte de ellas se fabrican o se pueden fabricar en la Argentina”.
Según el titular de ADIMRA, actualmente están ingresando alrededor de USD100 millones mensuales de estos productos. “Si nosotros interpolamos eso en los términos de un año, son USD1.000 o USD1.200 millones de dólares”, sostuvo.
El planteo empresario apunta al corazón de una de las principales discusiones alrededor del RIGI: mientras avanzan inversiones multimillonarias vinculadas principalmente con petróleo, gas y minería, una parte de los equipos necesarios para esos proyectos llega desde el exterior en lugar de producirse dentro del entramado industrial argentino.
Los datos disponibles muestran que las compras externas asociadas al régimen se aceleraron durante los últimos meses. Hasta septiembre, las importaciones vinculadas a proyectos RIGI acumulaban unos USD624 millones desde comienzos de 2025. Solamente entre julio y septiembre se concentró el 47,2% de ese monto.
El impacto local
La discusión toca especialmente a San Nicolás por el peso que históricamente tienen la siderurgia y la metalurgia en la estructura productiva local. Alrededor de las grandes plantas industriales funciona una red de empresas dedicadas a estructuras metálicas, montajes, mecanizados, mantenimiento, ingeniería y fabricación de componentes.
En ese entramado, cada equipo o estructura que un gran proyecto compra en el exterior representa una contratación que potencialmente deja de disputar una empresa argentina, siempre que exista capacidad local para producirlo en condiciones técnicas y comerciales competitivas.
El caso de Sidersa muestra, al mismo tiempo, que el propio RIGI puede tener una cara diferente. La compañía construye en San Nicolás una nueva siderúrgica mediante una inversión de USD300 millones y su proyecto fue incorporado al régimen nacional. La planta prevé producir 360.000 toneladas anuales de varillas y alambrón y comenzar la producción comercial a principios de 2028.
La empresa importa la tecnología central de la nueva acería, provista por la italiana Danieli, pero aseguró que decidió recurrir a proveedores nacionales para buena parte de los restantes trabajos y componentes aun cuando el RIGI le otorgaba facilidades para importar.

