Fuerte demanda de dólares tras el fin del cepo cambiario

La compra de divisas ya cuadruplica el superávit energético

Billetes de dólares estadounidenses sobre una mesa

NewsITe

Desde que el Gobierno nacional decidió levantar el cepo cambiario para personas humanas, la presión sobre el mercado de cambios no afloja. Entre abril de 2025 y agosto de este año, los argentinos compraron en forma neta US$ 57.471 millones, una cifra que supera holgadamente la capacidad de generación de divisas del sector energético y vuelve a encender las alarmas sobre la sostenibilidad del esquema cambiario.

De acuerdo con el último informe de la Fundación Libertad, la demanda acumulada de dólares por parte de individuos ya cuadruplica el superávit energético del mismo período, que fue de US$ 13.552 millones. El dato cobra relevancia en un contexto en el que la energía se consolidó como uno de los motores del superávit comercial, pero aun así no logra compensar del todo el apetito por la divisa estadounidense como refugio de valor.

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Solo en agosto, la salida neta de billetes y divisas del sector privado no financiero rondó los US$ 2.600 millones. De ese total, unos US$ 1.100 millones quedaron depositados en bancos locales como ahorro en moneda dura; alrededor de US$ 700 millones se canalizaron hacia activos externos —principalmente cuentas en el exterior e inversiones financieras— y cerca de US$ 900 millones se utilizaron para cancelar consumos con tarjeta vinculados con turismo e importaciones.

El rol del sector energético y el nuevo mapa del comercio exterior

El desempeño del complejo energético muestra un cambio estructural en la balanza comercial argentina. En los últimos doce meses, el superávit del sector trepó a US$ 11.071 millones, un máximo histórico reciente. Para dimensionar el salto: en diciembre de 2023 el saldo energético era prácticamente neutro (apenas US$ 41 millones), mientras que en agosto de 2024 ya alcanzaba US$ 4.226 millones y en agosto de 2025 se ubicaba en torno de US$ 7.200 millones.

En los primeros ocho meses de 2026, el superávit energético acumulado llegó a US$ 7.834 millones, prácticamente el mismo nivel registrado a lo largo de todo 2025 (US$ 7.829 millones). Ese desempeño permitió que la energía pasara a explicar casi la mitad del superávit comercial total: de los US$ 24.460 millones de saldo de bienes de los últimos 12 meses, el 45,3% corresponde al rubro energético, impulsado por mayores exportaciones de gas y petróleo y una menor necesidad de importaciones de combustibles.

Presión sobre el BCRA y dudas hacia un año electoral

Aun con estos números favorables en la cuenta corriente, la dinámica financiera sigue generando interrogantes. En agosto, el balance cambiario mostró un superávit de US$ 806 millones en la cuenta corriente, encadenando cinco meses positivos. Sin embargo, la cuenta financiera cambiaria arrojó un déficit de US$ 1.061 millones, reflejo de la fuerte dolarización de carteras y de la búsqueda de cobertura frente a la incertidumbre macroeconómica.

Desde la Fundación Libertad plantean la “pregunta de fondo”: si el superávit corriente será suficiente para sostener el ritmo de compras privadas de dólares sin que el Banco Central (BCRA) deba resignar parte de sus adquisiciones de reservas. El pico de demanda se registró en septiembre de 2025, con compras por casi US$ 7.000 millones. A partir de entonces, el volumen se moderó hacia un promedio cercano a los US$ 3.000 millones mensuales, con altibajos, hasta cerrar agosto con US$ 3.336 millones.

“La cuestión central es si la economía real puede seguir generando los dólares que la población demanda como resguardo, especialmente en un contexto de mayor volatilidad política”, advierten los analistas consultados.

El Gobierno anticipa que 2027 será “un año atípico”, marcado por las elecciones presidenciales. Históricamente, los períodos electorales en la Argentina vinieron acompañados por picos de dolarización y movimientos bruscos en la brecha cambiaria. En ese escenario, la demanda de cobertura podría tensionar nuevamente la “bazuca” de reservas con la que hoy cuenta la administración central y obligar a recalibrar la estrategia cambiaria y monetaria para sostener la calma en el mercado.

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