La mora de las familias bajó levemente en agosto, pero volvió a crecer entre las empresas

El incumplimiento de los créditos familiares se ubicó en el 12,81%, mientras que en el sector empresarial llegó al 3,80%. Los préstamos personales siguen entre las líneas más comprometidas y el nivel general de morosidad permanece elevado.

La morosidad crediticia mostró señales contrapuestas durante agosto. Mientras las familias registraron una leve mejora en el cumplimiento de sus obligaciones financieras, las empresas volvieron a experimentar un aumento en los atrasos. Los datos reflejan las dificultades que persisten para afrontar las deudas, en un escenario en el que el crédito continúa siendo una herramienta importante para el consumo y la actividad económica.

De acuerdo con el último Informe sobre Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la proporción de préstamos familiares en situación irregular descendió del 12,94% en julio al 12,81% en agosto. La reducción fue de apenas 0,13 puntos porcentuales y no alcanza para revertir el fuerte deterioro acumulado durante el último año.

En el sector empresarial, en cambio, la mora subió del 3,62% al 3,80%. De esta manera, el indicador general del crédito al sector privado se mantuvo prácticamente estable, en el 7,75%, frente al 7,73% registrado el mes anterior.

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La comparación interanual permite dimensionar el problema. En agosto de 2025, la irregularidad de los créditos a las familias se ubicaba en el 6,6%, por lo que en doce meses prácticamente se duplicó. La leve baja registrada durante agosto representa, por ahora, un freno parcial a esa tendencia, más que una señal definitiva de recuperación.

Los préstamos personales, entre las líneas más afectadas

Al observar el comportamiento de los distintos tipos de financiamiento, los préstamos personales continúan mostrando uno de los panoramas más complejos. En agosto, su nivel de morosidad alcanzó el 17%, por encima del 16,7% registrado en julio. En las tarjetas de crédito, por el contrario, la irregularidad descendió del 12,8% al 12,2%.

Los créditos prendarios también mostraron un deterioro, con una mora del 8,2%, mientras que los hipotecarios mantuvieron un nivel considerablemente menor, del 1,6%.

La diferencia entre las distintas líneas de financiamiento evidencia que los mayores inconvenientes se concentran en los préstamos vinculados al consumo y en las obligaciones que los hogares deben afrontar mes a mes. Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos habituales y las cuotas acumuladas, el pago de las deudas puede perder prioridad frente a otras necesidades básicas.

La situación también se observa en la evolución del crédito. Según el BCRA, el saldo real de los préstamos destinados a las familias permaneció prácticamente sin cambios durante agosto. En contraste, el financiamiento a las empresas creció un 1,3% real mensual y un 6,7% interanual, aunque acompañado por un incremento en los atrasos.

En el caso de las compañías, el aumento de la mora plantea interrogantes sobre su capacidad para afrontar vencimientos en función de sus ingresos, costos operativos y necesidades de capital de trabajo. El deterioro no se limita a los hogares, sino que también alcanza a las unidades productivas, con posibles consecuencias sobre sus decisiones de inversión y financiamiento.

Pese a este escenario, el Banco Central destacó que el sistema financiero conserva niveles de cobertura frente al riesgo crediticio. En agosto, las previsiones de las entidades representaron el 87% de los préstamos en situación irregular, mientras que la probabilidad estimada de incumplimiento del conjunto del crédito privado descendió por tercer mes consecutivo, hasta el 2,26%.

El contraste entre estos indicadores muestra que, aunque existen señales de moderación en la entrada de nuevas deudas en mora, el volumen de créditos que ya presenta dificultades de pago sigue siendo elevado.

Así, agosto dejó un balance mixto para el sistema financiero argentino: una pequeña mejora en los indicadores de las familias, un nuevo incremento en los atrasos empresariales y una morosidad general que continúa cerca de sus niveles más altos de los últimos años. La evolución de los próximos meses será clave para determinar si esta estabilización comienza a consolidarse o si las dificultades para cumplir con las obligaciones financieras vuelven a profundizarse.

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