Boca, entre la épica de 1998 y las heridas recientes en Río

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Boca Juniors afrontará el martes una de esas noches que pueden quedar marcadas para siempre en su historia. Tras la derrota por 1-0 en La Bombonera ante Vasco da Gama, por la ida de las semifinales de la Copa Sudamericana, el Xeneize está obligado a una remontada en el mítico estadio Maracaná para soñar con una nueva final internacional.
La gran incógnita pasa por la evolución física de Leandro Paredes. El capitán sufrió un desgarro en el muslo hace apenas una semana, en el duelo ante Instituto en Córdoba por el torneo local. Aunque los médicos recomiendan al menos 21 días de recuperación, el cuerpo técnico y el propio volante analizan exigir al máximo la zona afectada en los entrenamientos, con la idea de que pueda estar disponible con apenas 11 días de rehabilitación.
No sería la primera vez que Paredes desafía los plazos: ya lo hizo en la fase de grupos de la Copa Libertadores, cuando jugó y fue figura ante Universidad Católica tras una lesión muscular similar. En Ezeiza, cada práctica se vive con la atención puesta en sus sensaciones y en la respuesta física que entregue el mediocampista campeón del mundo.
El recuerdo feliz: la gesta de la Mercosur 1998
Para dar vuelta la serie, Boca deberá quebrar una estadística compleja en el Maracaná. A pesar de su vasta trayectoria de éxitos en Brasil, el Xeneize solo obtuvo una victoria oficial en ese escenario. Fue el 2 de septiembre de 1998, por la fase inicial de la Copa Mercosur, cuando un equipo alternativo dirigido por Carlos Bianchi sorprendió a Flamengo y se impuso 2-0.
Emiliano Rey y Aníbal Matellán marcaron los goles de aquella noche que quedaría en la memoria como el primer triunfo internacional del ciclo Bianchi. Ese resultado funcionó como punto de partida de una era dorada, con Libertadores e Intercontinentales que consolidaron a Boca como potencia mundial.
Las cicatrices del templo carioca: de Pelé a 2023
El Maracaná también guarda capítulos dolorosos para el club de La Ribera. La primera gran decepción se remonta a la Copa Libertadores 1963, en la que Boca disputó su primera final continental frente al temible Santos de Pelé. En la ida, jugada en Río de Janeiro, el conjunto brasileño se impuso 3-2 con un doblete de Coutinho y un tanto de Lima. José Sanfilippo, con dos goles, mantuvo viva la ilusión xeneize.
En la revancha en La Bombonera, el sueño se desvaneció. Boca comenzó ganando con otro tanto de Sanfilippo, pero Santos lo dio vuelta: Coutinho igualó el marcador y Pelé, figura excluyente de la serie, anotó el 2-1 definitivo para sellar el bicampeonato del equipo dirigido por Lula. Años después, el propio Pelé recordaría el impacto de La Bombonera:
“Jugué en todos los estadios del mundo, pero jamás sentí un terremoto cuando un equipo sale al campo como en La Bombonera”.
El historial reciente tampoco es benévolo para Boca. El 4 de noviembre de 2023, el Xeneize cayó 2-1 ante Fluminense en la final de la Copa Libertadores disputada en el Maracaná. Germán Cano abrió el marcador para el conjunto carioca, Luis Advíncula empató con un zurdazo inolvidable y, en el alargue, Jhon Kennedy marcó el gol decisivo. La roja posterior al propio Kennedy y la expulsión de Frank Fabra sellaron una noche amarga que dejó trunco el sueño de la ansiada Séptima.
El Vasco se muda y el Maracaná vuelve a ser protagonista
De cara a la revancha, Vasco da Gama optó por mudar su localía desde el tradicional estadio São Januário al Maracaná, con la idea de reunir a más de 70 mil hinchas y ejercer una presión asfixiante sobre Boca. La decisión potencia el clima de final anticipada y reaviva la mística de un escenario que marcó la historia del fútbol sudamericano.
Oficialmente llamado estadio Jornalista Mário Filho, el coloso carioca es conocido en todo el mundo como Maracaná, nombre que toma del río que corre por la zona norte de Río de Janeiro. Ese río, a su vez, debe su denominación a la palabra en tupí-guaraní con la que los pueblos originarios nombraban al Primolius maracana, un loro verde de canto estridente que alguna vez habitó masivamente el lugar.
El próximo 20 de octubre, Boca volverá a desafiar a la historia en ese césped legendario. Obligado a ganar por al menos dos goles para avanzar directamente —o por uno para forzar los penales—, el Xeneize deberá combinar carácter, fútbol y memoria de grandes noches en Brasil. Con o sin Paredes desde el arranque, el objetivo será el mismo: sumar una nueva página heroica en el Maracaná y alcanzar la final de la Copa Sudamericana.

