Trump da marcha atrás y prohíbe televisar la ejecución de Nidal Hasan

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió finalmente que la ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan, autor del tiroteo en la base militar de Fort Hood en 2009, no sea transmitida en directo. La marcha atrás se produjo luego de una fuerte ola de críticas al plan original del Pentágono, que contemplaba mostrar la muerte del ex militar en tiempo real a través de una señal abierta al público.
A través de un mensaje publicado en la red social Truth Social, Trump sostuvo que, si bien creía que la difusión en vivo podía funcionar como “fuerte elemento disuasorio” frente al terrorismo, decidió dar marcha atrás ante el rechazo de “muchas personas buenas y bienintencionadas” que no querían ver la ejecución por ningún medio visual. “Morirá, como estaba previsto, por fusilamiento, pero este evento no se transmitirá en directo”, escribió, según consignó la cadena CBS News.
El mandatario aclaró que los familiares directos de las víctimas del ataque mantendrán el derecho a presenciar la ejecución de manera presencial si así lo desean. “Se merecen presenciar la justicia”, remarcó, en referencia a los 13 muertos y más de 30 heridos que dejó la masacre ocurrida en la base de Fort Hood, en el estado de Texas.
Quién es Nidal Hasan y cómo será la ejecución
Hasan, ex psiquiatra del Ejército estadounidense, fue declarado culpable de abrir fuego dentro de la instalación militar en noviembre de 2009. El ataque, que conmocionó a Estados Unidos y reavivó el debate sobre la radicalización dentro de las fuerzas armadas, fue calificado como un acto de terrorismo por las autoridades. Tras años de procesos judiciales, el condenado aguardaba en el corredor de la muerte militar.
Según lo anunciado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la ejecución está prevista para las 13 horas del 3 de diciembre en una instalación del Ejército en Texas y se realizará mediante un pelotón de fusilamiento. De concretarse, será la primera ejecución militar por este método desde 1945 y una de las pocas ejecuciones militares registradas desde 1961, cuando fue ahorcado el soldado John Bennett.
Polémica política y temor a la radicalización
La intención inicial de permitir que el público presenciara la ejecución fue revelada por Hegseth en una entrevista con el activista de extrema derecha Jack Posobiec. Allí, el funcionario defendió la transmisión como una forma de mostrar que “este tipo de cosas tienen graves consecuencias”. Sin embargo, la propuesta chocó rápidamente con resistencias tanto en el Partido Republicano como entre los demócratas.
Dirigentes de uno y otro espacio advirtieron que convertir la ejecución en un evento público y televisado podía dañar la imagen internacional de Estados Unidos y, al mismo tiempo, transformarse en material de propaganda para grupos extremistas. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, señaló a CBS News que existía el riesgo de crear un video “utilizable como herramienta de reclutamiento para futuros terroristas”. Incluso el vicepresidente JD Vance admitió que no seguiría la transmisión.
El antecedente histórico de las ejecuciones públicas
La controversia reabrió el debate sobre las ejecuciones públicas en el mundo. De acuerdo con Amnistía Internacional, solo Afganistán e Irán realizaron ejecuciones públicas conocidas en el último año. Si Washington hubiera avanzado con la televisación de la muerte de Hasan, se habría sumado a este pequeño grupo de países que exhiben la aplicación de la pena capital ante la mirada masiva.
- La última ejecución pública en Estados Unidos se remonta a 1936, cuando unas 20.000 personas presenciaron en Kentucky el ahorcamiento de Rainey Bethea.
- La última ejecución militar estadounidense ocurrió en 1961, también por ahorcamiento, contra el soldado John Bennett.
Organismos de derechos humanos y especialistas en radicalización advierten que la difusión visual de ejecuciones estatales puede ser utilizada como propaganda por grupos extremistas y agravar la violencia política.
Con la decisión de Trump de cancelar la transmisión en directo, la Casa Blanca busca contener los cuestionamientos internos y externos, en un contexto en el que la política de pena de muerte y el uso de ejecuciones ejemplificadoras vuelve a ocupar el centro de la escena internacional.

