Día Mundial de la Salud Mental: foco en el ámbito laboral

NewsITe
En el Día Mundial de la Salud Mental, especialistas remarcan la necesidad de mirar con atención lo que ocurre puertas adentro de las oficinas, fábricas y espacios de trabajo. El aumento del desgaste profesional, la hiperconectividad y la dificultad para “desenchufar” una vez terminada la jornada se convirtieron en rasgos cada vez más frecuentes en la vida laboral de las y los argentinos.
Cuando las exigencias laborales desdibujan los límites entre la vida personal y la profesional, el cerebro queda en un estado de alerta constante. Esa tensión sostenida no solo impide los procesos de recuperación psíquica necesarios para descansar, sino que también impacta de lleno en el bienestar emocional, en los vínculos y en el rendimiento cotidiano.
En este contexto, especialistas de la Licenciatura en Psicología de la Universidad del Hospital Italiano subrayan que el trabajo debe ser entendido como un espacio estratégico para la prevención y la detección temprana de problemas de salud mental. No se trata solo de intervenir cuando el daño ya está hecho, sino de construir entornos que prioricen la contención, la escucha y la posibilidad de desconectar.
Entornos laborales más saludables y sin prejuicios
Promover la salud mental en el ámbito laboral implica dejar atrás prejuicios arraigados, como la idea de que pedir ayuda es sinónimo de debilidad o de falta de compromiso. Por el contrario, consultar a tiempo es una herramienta de cuidado y un modo de preservar tanto la salud como la capacidad de trabajo a largo plazo.
“Promover la salud mental requiere vínculos que brinden contención, espacios seguros y momentos de reflexión para conectar con el presente. Estos elementos son pilares para construir un bienestar psíquico genuino y duradero en el ámbito profesional”, destacó Verónica Lapelle, directora de la carrera de Psicología. Desde su mirada, las empresas y organizaciones tienen hoy la oportunidad y la responsabilidad de generar climas laborales donde hablar de emociones no sea un tabú.
Señales de alerta: cuándo el estrés deja de ser funcional
El problema se agrava cuando la respuesta al estrés, que en principio es un mecanismo adaptativo, se vuelve crónica. Bajo la falsa idea de que hay que estar disponible 24/7, el organismo interpreta una amenaza permanente y se dificulta la verdadera desconexión. Con el tiempo, comienzan a aparecer síntomas puntuales que conviene no pasar por alto.
Principales signos a los que conviene prestar atención
- Alteraciones somáticas y biológicas: insomnio persistente, despertares tempranos asociados a preocupaciones laborales, cefaleas tensionales, contracturas o molestias gastrointestinales sin causa orgánica clara.
- Distanciamiento afectivo y despersonalización: apatía en el trato con colegas, indiferencia frente a situaciones antes significativas y una progresiva pérdida del sentido de propósito en el trabajo.
- Anhedonia y cambios emocionales: dificultad para disfrutar de actividades recreativas, sensación de vacío, aplanamiento afectivo o episodios de llanto sin un desencadenante identificable.
Los especialistas señalan que es clave diferenciar entre la fatiga habitual, que cede tras el descanso nocturno o el fin de semana, y el agotamiento patológico. En este último caso, la persona se siente extenuada desde que comienza la jornada, pierde su nivel habitual de funcionalidad y puede experimentar síntomas de ansiedad o depresión.
“Sentirse desbordado no refleja una falta de voluntad; cuando el sufrimiento compromete la vida cotidiana, el desempeño o la salud física, es una señal clara para buscar acompañamiento profesional”, remarcan las especialistas consultadas.
Cuándo pedir ayuda y cómo cuidar la salud mental en el trabajo
Acudir a una consulta profesional es recomendable cuando el malestar se vuelve persistente, interfiere con las tareas diarias o afecta la calidad del sueño, la alimentación y los vínculos. Un diagnóstico temprano permite intervenir a tiempo y evitar que el estrés se cronifique.
Además de la atención clínica, los equipos de recursos humanos y las jefaturas pueden implementar estrategias concretas: protocolos de desconexión digital fuera del horario laboral, espacios de escucha y contención, capacitación en manejo del estrés, pausas activas y promoción de hábitos saludables. Estas medidas, señalan las expertas, combinadas con políticas institucionales claras, contribuyen a que el cuidado de la salud mental deje de ser un esfuerzo individual aislado y se convierta en un compromiso colectivo.

