Trump autoriza la primera ejecución por fusilamiento militar desde 1945

NewsITe
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio luz verde a la primera ejecución por fusilamiento ordenada por el Ejército desde la Segunda Guerra Mundial. La medida alcanza al mayor Nidal Hasan, psiquiatra militar y ciudadano estadounidense de ascendencia palestina, condenado por la masacre de Fort Hood ocurrida en 2009, en la que fueron asesinadas 13 personas y otras 32 resultaron heridas.
La decisión, confirmada por el Pentágono, marca un hito en la justicia militar norteamericana: no se aplicaba la pena de muerte a un miembro de las fuerzas armadas desde hace 65 años. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, recomendó formalmente el fusilamiento como método de ejecución y Trump avaló el pedido, cumpliendo con el requisito de que toda sentencia capital en el fuero castrense sea refrendada por el presidente.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, informó a través de la red social X que Hegseth será el encargado de fijar el día, el horario y el lugar donde se concretará la ejecución del “yihadista que abrió fuego contra soldados estadounidenses desarmados en Fort Hood en 2009”. “Durante el ataque, mató a 13 personas e hirió a otras 32 mientras gritaba ‘Allahu Akbar’”, recordó el funcionario, que definió la decisión como la llegada del “día del juicio final para Hasan”. Hegseth respondió a esa publicación con una sola palabra: “Justicia”.
La masacre de Fort Hood y el juicio a Nidal Hasan
El 5 de noviembre de 2009, Hasan ingresó a un centro de procesamiento en la base de Fort Hood, Texas, donde se realizaban los últimos chequeos médicos a soldados que se preparaban para ser desplegados en Afganistán. Según los testimonios, abrió fuego de manera indiscriminada contra el personal presente y persiguió a quienes intentaban escapar hacia el exterior, hasta enfrentarse con la Policía militar en una puerta trasera.
Durante el juicio, el mayor admitió haber sido el autor del ataque y pidió disculpas por “cualquier error”, aunque sostuvo que su objetivo eran los soldados que serían enviados a Afganistán. Aseguró que buscaba “proteger a los talibanes y a sus líderes” de las fuerzas estadounidenses y afirmó ante el juez militar que existían “indicios suficientes” de que se estaba enviando a combatir a tropas que participarían de una “guerra ilegal”.
Hasan fue herido en el intercambio de disparos con los agentes Mark Todd y Kim Munley, lo que le provocó una parálisis de cintura para abajo; desde entonces se moviliza en silla de ruedas. En el lugar del ataque se recuperaron 177 cartuchos sin usar, distribuidos en cargadores de 20 y 30 balas, además de un arma adicional, municiones de reserva y un teléfono celular. Peritajes posteriores establecieron que contaba con dos miras láser para aumentar su precisión, una roja para poca luz y otra verde para disparar a plena luz del día.
Ejecuciones militares: un recurso extremo y excepcional
En julio de 2013, un jurado compuesto por 13 oficiales declaró a Hasan culpable de 13 cargos de homicidio premeditado y 32 cargos de intento de asesinato, y recomendó por unanimidad la pena de muerte. Sin embargo, la ejecución no podía concretarse sin la aprobación presidencial, instancia que ahora se cumplió con la firma de Trump.
La historia reciente muestra que las ejecuciones de militares en Estados Unidos son extremadamente infrecuentes. El último fusilamiento en el Ejército data del 31 de enero de 1945, cuando el soldado raso Eddie Slovik fue ejecutado en Europa tras ser hallado culpable de deserción. La última ejecución de cualquier tipo en la jurisdicción castrense se produjo en 1961, en Fort Leavenworth, Kansas, donde el soldado John Bennett fue ahorcado por la violación e intento de asesinato de una niña austríaca de 11 años.
- Desde 1916, las Fuerzas Armadas de EE.UU. ejecutaron a 135 uniformados, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte.
- Actualmente existen 15 delitos contemplados en el Código de Justicia Militar que pueden ser castigados con la pena capital.
En todos los casos, el presidente debe aprobar la ejecución o puede optar por conmutar la pena, lo que convierte a cada decisión en un fuerte mensaje político y jurídico.
La aprobación del fusilamiento de Nidal Hasan vuelve a colocar bajo la lupa el uso de la pena de muerte en el sistema militar estadounidense y reabre el debate sobre los límites de la justicia castrense, el carácter disuasivo de estas sanciones extremas y el impacto político que conlleva su aplicación en contextos de conflicto internacional.

