Halzen, el físico detrás del “telescopio de hielo” que revolucionó la astronomía

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El físico belga-estadounidense Francis Halzen, de 82 años, fue distinguido con el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico. El anuncio fue realizado en Estocolmo por la Real Academia Sueca de Ciencias, que destacó que sus trabajos abrieron una nueva ventana para observar el universo.
Halzen, profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, fue uno de los principales impulsores de IceCube, un gigantesco detector instalado bajo el hielo de la Antártida. Ya en 1988 propuso la idea de utilizar el hielo del Polo Sur como medio para rastrear neutrinos que llegan desde los rincones más extremos del cosmos, una apuesta que en su momento fue considerada arriesgada pero que hoy se reconoce como visionaria.
Los neutrinos son partículas subatómicas sin carga eléctrica y con una masa extremadamente pequeña. Atraviesan casi toda la materia sin interactuar con ella, motivo por el cual suelen ser apodados “partículas fantasma”. Justamente por esa característica son muy difíciles de detectar, pero, al mismo tiempo, constituyen mensajeros privilegiados de los fenómenos más violentos y energéticos del universo, como explosiones estelares, agujeros negros y eventos que ocurren a miles de millones de años luz de la Tierra.
Un observatorio enterrado en el hielo antártico
El Observatorio de Neutrinos IceCube está compuesto por más de 5.000 sensores ópticos distribuidos en un volumen cercano a un kilómetro cúbico de hielo antártico. Cuando, de manera excepcional, un neutrino interactúa con un núcleo atómico en ese medio, produce un brevísimo destello de luz. Esos sensores registran la señal y permiten reconstruir la trayectoria de la partícula y estimar su posible origen en el espacio.
La construcción del observatorio se completó en 2011, luego de años de trabajos en condiciones climáticas extremas. En 2013, el equipo internacional de IceCube anunció la primera detección inequívoca de neutrinos de muy alta energía provenientes del espacio exterior. Ese resultado confirmó que era posible hacer “astronomía de neutrinos” y complementó las observaciones basadas en luz visible, rayos X, rayos gamma y ondas gravitacionales.
Según subrayó el Comité Nobel, las investigaciones realizadas gracias a IceCube demostraron que estos neutrinos de alta energía tienen orígenes tanto en nuestra propia galaxia como en regiones ubicadas a enormes distancias en el universo profundo. Cada detección funciona como una pista que ayuda a reconstruir qué tipo de fuente astrofísica los generó.
Un nuevo capítulo para la física de partículas y la astronomía
Tras conocerse el fallo, Halzen señaló que los mayores descubrimientos en este campo todavía podrían estar por delante. Para la comunidad científica internacional, el premio reconoce no solo a una trayectoria individual, sino también a la colaboración de cientos de investigadores y técnicas que hicieron posible operar uno de los detectores más singulares del planeta.
El Nobel de Física 2026 está dotado con 12 millones de coronas suecas, unos 1,2 millones de dólares al tipo de cambio actual. Se trata del segundo galardón de la semana, luego de que el lunes se anunciara el Nobel de Medicina. El miércoles será el turno del premio de Química, en el marco de los tradicionales anuncios que siguen con atención laboratorios, universidades y gobiernos de todo el mundo.
Halzen recibirá la medalla, el diploma y el cheque el próximo 10 de diciembre en Estocolmo, durante la ceremonia que se realiza cada año en conmemoración de la muerte del industrial e inventor sueco Alfred Nobel. Allí compartirá el escenario con los restantes premiados en Medicina, Química, Literatura, Paz y Economía, en un evento que suele funcionar como un gran escaparate de los avances científicos y culturales más relevantes de la actualidad.
“Los neutrinos abren una nueva forma de mirar el universo. Lo que hemos visto hasta ahora es solo el comienzo”, ha señalado en reiteradas oportunidades Francis Halzen al referirse al potencial de IceCube y de los futuros observatorios de partículas cósmicas.
Con este reconocimiento, la física de astropartículas consolida su lugar como una de las fronteras más activas de la ciencia contemporánea, en la que la observación del cielo ya no se limita a la luz, sino que incorpora mensajeros invisibles que atraviesan silenciosos el espacio y la materia hasta llegar a la Tierra.

