El mayor cánido sudamericano, entre el mito y la amenaza

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El aguará guazú, también conocido como «zorro grande», es el cánido más imponente de Sudamérica y un verdadero emblema de los pastizales y humedales del Cono Sur. En Argentina está presente en amplias regiones del país, con registros en Corrientes, Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires, Santiago del Estero y Misiones. Sin embargo, su presencia se vuelve cada vez más silenciosa: la especie se encuentra categorizada como vulnerable a nivel nacional.
En el marco del Día Internacional del Aguará Guazú, que se conmemora este lunes, organizaciones ambientales y autoridades renuevan el llamado de atención sobre el futuro de esta especie clave. La principal amenaza es la pérdida y fragmentación de su hábitat por el avance de la frontera agrícola, los desmontes y el crecimiento urbano, a lo que se suman los atropellamientos en rutas y caminos rurales y el mascotismo, es decir, la tenencia ilegal de ejemplares como si fueran animales domésticos.
La situación del aguará guazú no es exclusiva de la Argentina: en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) figura como «casi amenazado», una categoría que advierte sobre el riesgo de seguir retrocediendo si no se adoptan medidas de conservación más firmes. En territorio santafesino, la Dirección de Manejo Sustentable de Fauna Silvestre registró en los últimos siete años la muerte de 211 ejemplares en siniestros viales, y apenas el 0,9% de los animales atropellados logra ser rehabilitado y devuelto a la naturaleza.
Un eslabón clave para pastizales y humedales
Lejos de la imagen errónea que lo vincula con ataques al ganado, el aguará guazú tiene una dieta mayormente frugívora y oportunista: consume frutos, insectos, pequeños roedores y anfibios. Esta característica lo convierte en un dispersor fundamental de semillas, favoreciendo la regeneración de pastizales y humedales, ecosistemas que a su vez prestan servicios ambientales esenciales, como la regulación hídrica y la conservación de suelos.
- Dispersa semillas y contribuye a la regeneración de la vegetación nativa.
- Ayuda a controlar poblaciones de pequeños roedores e insectos.
- Indica el buen estado de conservación de pastizales y humedales.
«El aguará guazú es una especie clave para el equilibrio de los ambientes donde vive, y a la vez una de las más golpeadas por los atropellamientos y la pérdida de hábitat. Por eso trabajamos hace más de 20 años combinando investigación, rehabilitación y generación de datos que hoy usamos para tomar mejores decisiones de conservación», destacó Guillermo Delfino, coordinador de un programa dedicado a especies amenazadas.
La dimensión cultural del aguará guazú también resulta decisiva. Para pueblos originarios como los tobas y los mocovíes es considerado un animal protector, mientras que en la tradición criolla aparece asociado a la leyenda del Lobizón. Protegerlo implica no solo resguardar la biodiversidad de los paisajes rurales, sino también preservar historias, creencias y saberes que forman parte de la identidad de las comunidades del interior. En un escenario de presión creciente sobre los ambientes naturales, el llamado de especialistas y organizaciones es claro: sin hábitat seguro, mitos derribados y rutas más seguras, el futuro del aguará guazú seguirá en la cuerda floja.

