El Abasto: del viejo mercado al ícono porteño

El corazón de un barrio marcado por el trabajo y el tango

Fachada del antiguo Mercado de Abasto, hoy centro comercial

NewsITe

Durante casi un siglo, el Mercado de Abasto Proveedor fue mucho más que un punto de venta de frutas y verduras: se convirtió en el centro neurálgico de un barrio atravesado por el trabajo, la inmigración y el tango. Desde su inauguración en 1893 hasta su cierre en 1984, el edificio modeló la identidad de una zona clave de Buenos Aires, hoy compartida administrativamente entre Balvanera y Almagro, pero conocida simplemente como Abasto.

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El origen del mercado se remonta a fines del siglo XIX, cuando la ciudad comenzaba a expandirse hacia el oeste. En 1875, la sociedad Devoto Hermanos adquirió terrenos en un área todavía dominada por quintas y plantaciones, entre plaza Miserere y Almagro, con la mira puesta en un gran mercado que permitiera reorganizar el abastecimiento porteño. La concesión municipal para construir un establecimiento mayorista dedicado a frutas, verduras y otros artículos de consumo llegaría en 1889.

La primera versión del Mercado de Abasto se inauguró en 1893. Proyectado por los arquitectos-ingenieros A. y D. Taglione, se trataba de una imponente estructura de hierro, con piezas fabricadas en los talleres Vasena. Doce naves paralelas, unidas por calles interiores cubiertas y adoquinadas, ordenaban el flujo de carros, changarines, puesteros y compradores mayoristas en plena etapa de modernización de Buenos Aires.

La revolución arquitectónica del nuevo Abasto

El enorme crecimiento de la ciudad pronto dejó chico al mercado original. Ya en 1915 comenzaban a discutirse proyectos de reemplazo y ampliación, y en 1921 se decidió avanzar con un nuevo edificio sobre la avenida Corrientes, acompañando la transformación de esa arteria en un corredor clave de la vida urbana. Tras años de estudios y demoras vinculadas, entre otros factores, a la construcción del subte, el proyecto quedó finalmente en manos de los ingenieros José Luis Delpini y Raúl Bes, y el arquitecto Victorio Sulcic.

El trío, que luego dejaría su marca también en la mítica Bombonera, concibió para el Abasto una obra de vanguardia basada en el uso intensivo del hormigón armado, el hierro y el vidrio. Las obras comenzaron en 1931 y el nuevo mercado fue inaugurado en 1934. El edificio alcanzó unos 58.000 metros cuadrados, distribuidos en cuatro plantas libres y cinco grandes naves, con una central más ancha y elevada que organizaba la circulación y marcaba el acceso principal.

Las cubiertas abovedadas de hormigón armado incorporaban paños de vidrio entre los nervios, una solución que permitía una iluminación natural pareja y reforzaba el carácter monumental del interior. El diseño, fuertemente influenciado por el art déco y con rasgos de brutalismo temprano, no era sólo una apuesta estética: debía dar respuesta a nuevas demandas de higiene, circulación vehicular y manejo de grandes volúmenes de mercadería.

  • Incorporó escaleras mecánicas, montacargas y cintas transportadoras.
  • Sumó sistemas electromecánicos para regular la apertura de los ventanales.
  • Optimizó la carga y descarga en una ciudad en plena motorización.

Los enormes arcos sobre avenida Corrientes se transformaron en una postal inconfundible de Buenos Aires y en un hito de la incorporación del hormigón armado a las grandes construcciones urbanas. No por casualidad, el mercado fue escenario de la película “Mercado de Abasto” (1955), dirigida por Lucas Demare y protagonizada por Pepe Arias y Tita Merello, que retrató el clima humano de la zona.

Decadencia, reconversión y la marca de Gardel

El 14 de octubre de 1984 el mercado cerró definitivamente sus puertas, al trasladarse las operaciones de abastecimiento al Mercado Central de Tapiales. El impacto sobre el barrio fue inmediato: comercios, depósitos, viviendas y una amplia red de oficios quedaron golpeados por la pérdida del motor económico. La postal de decadencia quedó grabada incluso en el rock nacional, en la canción “Mañana en el Abasto” de Sumo, que describe calles vacías, tomates podridos al sol y bares tristes por la clausura del viejo mercado.

El edificio, sin embargo, logró sobrevivir. En 1985 fue declarado patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires, lo que impidió su demolición. Tras distintos intentos fallidos de reconversión y la crisis de la cooperativa El Hogar Obrero, el grupo IRSA adquirió los activos en 1995 y encaró una profunda transformación del predio.

Las obras de reciclaje comenzaron en enero de 1997, bajo la dirección de los estudios Manteola-Sánchez Gómez-Santos-Solsona-Salaberry, Benjamin Thompson Architects y Pfeifer-Zurdo. La inversión, de alrededor de 120 millones de dólares, buscó recuperar la monumentalidad del edificio original, adaptándolo a su nueva función como centro comercial. Algunos sectores del antiguo mercado se perdieron, pero se conservaron los rasgos arquitectónicos más reconocibles.

En 1998 abrió sus puertas Abasto Shopping, con unos 120.000 metros cuadrados distribuidos en cinco niveles, más de 200 locales comerciales, patio de comidas, espacios de entretenimiento y la Plaza del Zorzal, que rinde homenaje a Carlos Gardel.

La reapertura reforzó la conexión con la estación Carlos Gardel de la línea B de subte, un vínculo clave para la integración urbana del complejo. Así, el edificio cambió por completo de función, pero mantuvo su condición de referencia ineludible del paisaje porteño.

La figura de Gardel es inseparable de la identidad del Abasto. El Zorzal Criollo creció en ese entorno de conventillos, cafés y fondas. En la calle Jean Jaurès se conserva la casa que compró para su madre, hoy convertida en museo. En las cuadras cercanas, murales, bares temáticos y comercios mantienen vivo el lazo entre el tango y el barrio.

Alrededor del antiguo mercado conviven hoy teatros, centros culturales, restaurantes, comercios y una fuerte presencia de comunidades migrantes, en especial la peruana. Entre Corrientes, Anchorena, Jean Jaurès y las calles aledañas, la arquitectura del ex mercado se alza como testimonio material de más de un siglo de transformaciones urbanas, económicas y culturales en Buenos Aires.

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