Crisis textil: fuerte caída de la actividad y alerta por el empleo

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La industria textil y de la confección atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. De acuerdo con el último relevamiento de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad acumula en 2026 una caída del 22,6% respecto del mismo período de 2025, reflejo de una combinación de recesión interna, competencia externa feroz y pérdida del poder adquisitivo.
El retroceso productivo tiene un impacto directo sobre el empleo: desde diciembre de 2023 se destruyeron más de 28.000 puestos de trabajo formales en toda la cadena textil, desde la fabricación de telas hasta el comercio minorista de indumentaria y calzado. El sector se consolida así como uno de los principales focos de destrucción de empleo industrial del país.
En diálogo con la agencia Noticias Argentinas, el fabricante y comerciante Camilo Alan describió un panorama de fuerte ajuste en las pequeñas y medianas empresas: “La situación de las pymes textiles y de calzado viene muy complicada, con mucha recesión y desocupación. Hay mucho cierre de fábricas y de comercios, el industricidio que hay es tremendo, la gente no tiene plata y no entra a comprar”.
Plataformas chinas y recesión: una combinación explosiva
Uno de los factores que más presiona sobre la industria local es la expansión de plataformas de comercio electrónico internacionales, como Temu y Shein. Estas firmas irrumpieron en el mercado argentino con una oferta masiva de prendas a precios muy bajos, que las empresas nacionales difícilmente puedan igualar, sobre todo en un contexto de suba de tarifas y costos logísticos.
“La mercadería aumentó, pero nosotros no podemos subir los precios porque si no, no vendemos; entonces cada vez ganamos menos y los gastos de los servicios son mayores”, explicó Alan, al describir el estrangulamiento de los márgenes de rentabilidad de los fabricantes y comercios de cercanía.
A esta presión competitiva se suma un escenario macroeconómico frágil, atravesado por una alta inflación, caída del consumo y salarios que pierden terreno frente a los aumentos de precios. De acuerdo con estimaciones sectoriales, las fábricas textiles operan hoy con apenas el 45,3% de su capacidad instalada, lo que revela un crecimiento del ocioso productivo y un freno a nuevas inversiones.
Capacidad ociosa, cierres y preocupación social
- Actividad textil con una caída acumulada superior al 22% interanual en 2026.
- Pérdida de más de 28.000 puestos de trabajo formales desde diciembre de 2023.
- Utilización de la capacidad instalada cercana al 45% en las fábricas.
- Cierre neto de al menos 500 establecimientos productivos en el último año.
- Fuerte avance de la competencia importada y de las plataformas de e-commerce.
La situación repercute con fuerza en los polos textiles del conurbano bonaerense y del interior del país, donde muchas economías locales dependen del trabajo en talleres, fábricas y comercios vinculados a la confección. Los empresarios advierten que, sin medidas de alivio fiscal, financiamiento accesible y una política que ordene el flujo de importaciones, el sector podría seguir ajustando plantilla de personal y apagando máquinas.
“A mí la venta me cayó un 60%, muchos colegas se fundieron. Vivimos una política económica que es para cuatro vivos, la estamos pasando muy mal”, resumió Alan, reflejando el malestar de un sector que reclama previsibilidad y reglas claras para poder sostener la producción y el empleo.
Mientras tanto, cámaras empresarias y sindicatos monitorean con preocupación la evolución de la demanda interna y de las importaciones de productos terminados. El desafío, coinciden, será encontrar un equilibrio entre la apertura comercial, la protección del empleo y la competitividad, en un contexto en el que cada punto de producción que se pierde tarda años en recuperarse.

