Primera ejecución de una mujer en Tennessee en más de dos siglos

NewsITe
Christa Pike, la única mujer en el corredor de la muerte de Tennessee, podría convertirse este miércoles en la primera reclusa ejecutada por ese estado en más de 200 años. Condenada por el brutal asesinato de una joven en 1995, Pike, hoy de 50 años, aseguró estar en paz con la posibilidad de morir, aunque expresó su preocupación por el procedimiento de la inyección letal que utilizarán las autoridades.
En una carta enviada a la cadena NBC News, antes de conocer que el gobernador Bill Lee no intervendría en su caso, sostuvo: “Se me conceda o no el indulto, estoy en paz. No tengo miedo a morir, solo me preocupa el proceso”. La decisión del mandatario de no otorgar clemencia dejó como último recurso una presentación ante la Corte Suprema de Estados Unidos, que deberá resolver a contrarreloj.
De concretarse la ejecución, Pike será la primera mujer ejecutada en Tennessee desde 1820, cuando Martin Eve fue ahorcada por complicidad en un homicidio. A nivel nacional, desde 1976 solo 18 mujeres fueron ejecutadas en Estados Unidos, lo que representa alrededor del 1% del total de penas capitales aplicadas en ese período.
Un operativo inédito y cuestionamientos al método de ejecución
La rareza de un caso que involucra a una mujer llevó a que el sistema penitenciario de Tennessee diseñara un operativo particular. Las autoridades anticiparon que intentarán satisfacer varios pedidos de la condenada, entre ellos que el traslado desde la prisión de mujeres de Nashville a la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend se realice con guardias femeninas, y que incluso el equipo de ejecución esté integrado exclusivamente por mujeres.
No obstante, al menos una excepción sería el médico Mark Walton Fowler, que tiene previsto intervenir en la inyección letal pese a haber participado este año en una ejecución fallida en la que no lograron encontrar una vena adecuada al prisionero. El antecedente reavivó críticas al protocolo de ejecución del estado y alimentó los temores de Pike sobre el sufrimiento físico y psicológico que podría enfrentar en la camilla.
En la cámara de ejecución también estará presente su consejero espiritual, el reverendo Mikey Noechel, maestro budista, quien adelantó que planea bendecir el lugar, recitar mantras y acompañarla con meditaciones centradas en la “bondad amorosa”. Según contó, la relación entre ambos incluyó diálogos profundos sobre la vida, la muerte y la posibilidad de redención.
“Hizo algo terrible, horrible. Lamento que haya sucedido y siento una profunda compasión por la familia de Colleen Slemmer. Pero Christa es la prueba de que la redención y el cambio son posibles”, afirmó Noechel.
El crimen que conmocionó a Tennessee y la discusión sobre la pena de muerte
El caso se remonta a 1995, cuando Pike tenía 18 años y participaba de un programa de formación laboral (Job Corps) en Knoxville. De acuerdo con la investigación policial, junto a su novio adolescente, Tadaryl Shipp, y a otra joven, Shadolla Peterson, atrajeron a la víctima, Colleen Slemmer, de 19 años, a una planta de vapor abandonada cercana a la Universidad de Tennessee. Allí la torturaron, apuñalaron y golpearon hasta matarla.
La causa cobró notoriedad debido a elementos asociados al ocultismo: se talló un pentagrama en el pecho de Slemmer y, según testigos, Pike se jactó ante otra estudiante de haber conservado un fragmento del cráneo de la víctima como “recuerdo”. Ella nunca negó su participación. Sin embargo, su defensa subraya que el jurado nunca escuchó en detalle la historia de abusos físicos y sexuales que marcó su infancia y adolescencia.
Los abogados de Pike plantearon ante la Corte Suprema que la mujer sufre trastorno de estrés postraumático derivado de esas experiencias traumáticas. Argumentan que ser inmovilizada y atada a una camilla podría desencadenar en ella un sufrimiento mental extremo, agravado por el protocolo de inyección letal vigente en Tennessee. El estado reconoce que la condenada atravesó situaciones de abuso, pero sostiene que es “especulativo” afirmar que eso provocará un daño psicológico adicional en el momento de la ejecución.
Diferentes destinos para los implicados y el debate sobre la edad
Uno de los puntos más controvertidos del caso es el contraste entre las penas recibidas por los tres jóvenes involucrados. Pike fue condenada a muerte por asesinato en primer grado y conspiración, mientras que su entonces novio, Shipp, que tenía 17 años al momento del crimen, recibió cadena perpetua y mantiene la posibilidad de acceder algún día a la libertad condicional. Él mismo reconoció posteriormente haber sido quien grabó el pentagrama en el pecho de la víctima.
La tercera implicada, Peterson, también de 18 años en ese momento, fue señalada como vigía y obtuvo libertad condicional luego de cooperar con la fiscalía. La defensa de Pike sostiene que, con los estándares actuales y los avances en la comprensión del desarrollo cerebral, la juventud de los involucrados habría tenido un peso distinto en el juicio, y que probablemente la condena a muerte no se habría impuesto.
También remarcan que, en su momento, se rechazó una propuesta de la fiscalía de acordar cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional a cambio de una confesión, una decisión que hoy es objeto de fuertes cuestionamientos. Cuando escuchó la sentencia original —muerte en la silla eléctrica, entonces único método en Tennessee—, Pike rompió en llanto y pidió entre sollozos poder abrazar a su madre.
Una vida atravesada por el trauma y la salud mental
En los últimos años, el caso fue revisado por especialistas en salud mental. La psicóloga Bethany Brand, experta en trauma, evaluó a Pike y analizó expedientes médicos, policiales y testimonios sobre su infancia. Constató un historial de abusos sexuales y físicos reiterados, ausencia de figuras parentales estables, bajo rendimiento escolar y mudanzas constantes entre familiares en Virginia del Oeste y Carolina del Norte.
Según los registros, un año antes del asesinato de Slemmer, cuando tenía 17 años, Pike denunció una violación en Carolina del Norte, pero la causa no avanzó y no hubo detenidos. Brand concluyó que el nivel de trauma que atravesó la joven era “casi imposible de comprender” por su gravedad y remarcó que recién recibió un diagnóstico de trastorno bipolar años después de haber sido encarcelada.
Para la especialista, la evolución de Pike en prisión —con tratamiento farmacológico y acompañamiento psicológico— evidencia que ahora siente empatía y un profundo arrepentimiento por lo ocurrido. Su lectura del caso apunta a una falla estructural en el sistema para detectar y tratar a tiempo los problemas de salud mental, en especial en mujeres con historias de violencia extrema. “En el caso de Christa, nadie intentó ayudarla”, advirtió.
Mientras la Corte Suprema define si intervendrá o no, el reloj avanza hacia una ejecución que vuelve a colocar bajo la lupa la pena de muerte en Estados Unidos, el impacto del trauma en las conductas violentas y las deudas pendientes en materia de salud mental.

