Debate en un country de Cañuelas por la fauna silvestre

NewsITe
La presencia de zorros grises pampeanos en el barrio privado La Martona, en el partido bonaerense de Cañuelas, abrió un intenso debate entre los vecinos sobre cómo convivir con la fauna autóctona en espacios urbanizados. Lo que para algunos es parte del paisaje natural y un signo de equilibrio ecológico, para otros constituye una molestia que debería ser controlada o directamente evitada.
Según pudo reconstruir DIARIO EL NORTE en base a información de la Agencia Noticias Argentinas, el conflicto se disparó cuando la administración del country decidió instalar un alambrado perimetral en la zona lindera al Arroyo Cañuelas. La medida buscaba, entre otros objetivos, limitar el ingreso de fauna silvestre al predio, pero lejos de traer consenso profundizó las diferencias entre los copropietarios.
En el centro de la controversia aparece la Fundación Awad Fauna, entidad dedicada al manejo, capacitación y traslado de animales silvestres. Su eventual participación en La Martona despertó críticas de un sector de vecinos vinculados al activismo ambiental y a la defensa de los derechos de los animales, que la acusan de impulsar la erradicación de especies nativas bajo el argumento de la seguridad o la comodidad de los residentes.
Una especie protegida por la ley
El zorro gris pampeano (Lycalopex gymnocercus) está amparado por la Ley Nacional 22.421 de Conservación de la Fauna Silvestre, que prohíbe su caza, captura, tenencia como mascota y comercialización. La especie habita distintos ambientes abiertos de la Argentina, como estepas y praderas, desde el nivel del mar hasta zonas de altura, y cumple un rol clave en el control de poblaciones de pequeños mamíferos y otros animales.
De hábitos mayormente crepusculares y nocturnos, el zorro gris suele evitar el contacto directo con las personas. Especialistas remarcan que la expansión de la mancha urbana y de los barrios privados sobre antiguas áreas rurales o naturales favorece el encuentro entre humanos y fauna nativa, como sucede en La Martona.
Un grupo de vecinos interpreta justamente la aparición de los zorros como consecuencia directa de esa expansión suburbana sobre su hábitat original. Desde esa mirada, los animales no representan un riesgo relevante y su presencia debería ser tolerada y gestionada con campañas de información, normas internas claras y medidas de prevención, como el manejo responsable de residuos y mascotas.
Posturas enfrentadas dentro del country
En la vereda opuesta se ubican quienes respaldan acciones orientadas a evitar que los zorros permanezcan dentro del country. Este sector, que contaría con el apoyo del presidente del Consorcio de Propietarios, Rubén Fontana, promueve un enfoque más restrictivo y sostiene que la convivencia puede derivar en conflictos, ya sea por eventuales ataques a mascotas, transmisión de enfermedades o episodios de miedo entre residentes.
- Vecinos que priorizan la protección de la fauna y la convivencia respetuosa.
- Residentes que reclaman medidas activas para alejar a los zorros del predio.
- Autoridades del consorcio que buscan un equilibrio entre seguridad y normativa ambiental.
La discusión por los zorros pampeanos en La Martona reaviva el interrogante sobre cómo compatibilizar el crecimiento de los barrios cerrados con la conservación de la fauna nativa, en un escenario donde la ley protege a los animales pero las presiones urbanas no se detienen.
El caso remite inevitablemente al conflicto por los carpinchos en Nordelta, donde también se discutió la relocalización de ejemplares hacia reservas privadas, con cuestionamientos y apoyos a las tareas de captura. En Cañuelas, el alambrado perimetral no alcanzó para cerrar el tema: la discusión sobre qué modelo de convivencia con la naturaleza quieren los vecinos de La Martona recién empieza, y promete seguir sumando capítulos en los próximos meses.

