Olvidos frecuentes: qué es esperable y qué no en la memoria

NewsITe
No encontrar las llaves, entrar a una habitación y olvidar qué se iba a buscar o tardar en recordar una palabra son situaciones habituales, sobre todo con el paso de los años. Sin embargo, no todos los olvidos forman parte del envejecimiento normal y es clave saber cuándo conviene pedir ayuda profesional.
Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una jornada destinada a visibilizar una enfermedad que afecta principalmente a personas mayores, pero que no es una consecuencia inevitable de envejecer. La memoria cambia a lo largo de la vida y algunas fallas ocasionales pueden ser esperables; lo que debe alertar es la frecuencia de esos episodios, su progresión y el impacto que tienen en la vida diaria.
Cuando una persona empieza a tener dificultades para resolver tareas que antes realizaba sin problemas, se desorienta en lugares conocidos, repite una y otra vez las mismas preguntas o pierde autonomía para manejarse sola, es momento de considerar una consulta médica. La demencia, en cualquiera de sus formas, no debería naturalizarse como parte de la edad.
“Más que un olvido aislado, lo que debería llamar la atención es un cambio respecto de cómo funcionaba habitualmente esa persona. Si empieza a repetir preguntas, tiene dificultades para realizar tareas conocidas o los problemas de memoria interfieren con su autonomía, es importante realizar una consulta y no atribuirlo simplemente a la edad”, explicó el neurólogo Facundo Frissia, del CMC de Salta de Boreal Salud.
Cuándo el olvido es normal y cuándo requiere una consulta
Especialistas señalan que la clave no es alarmarse ante cada fallo de memoria, sino reconocer cuándo los olvidos dejan de ser algo esporádico y comienzan a modificar la rutina. Algunos ejemplos ayudan a distinguir:
- Olvidar dónde se dejaron las llaves puede ser habitual. En cambio, colocarlas muchas veces en lugares extraños y no poder reconstruir qué se hizo con ellas amerita atención.
- Olvidar una cita o un nombre y recordarlo después puede ocurrir con la edad. Pero olvidar de manera reiterada información reciente o hacer la misma pregunta varias veces seguidas es una señal de alerta.
- Tardar en encontrar una palabra suele ser frecuente. Perder el hilo de una conversación, tener problemas repetidos para expresarse o usar términos inadecuados que impiden hacerse entender requiere una consulta.
- Confundirse alguna vez con el día de la semana y luego darse cuenta no es inusual. En cambio, perder con frecuencia la noción del tiempo o desorientarse en lugares familiares no debería naturalizarse.
- Cometer un error aislado en una cuenta no indica necesariamente un trastorno. Pero empezar a tener dificultades para pagar facturas, seguir una receta conocida o resolver tareas cotidianas que antes se manejaban con facilidad puede ser una señal preocupante.
- Tomar alguna mala decisión le puede pasar a cualquiera. Sin embargo, los cambios reiterados en el juicio, la conducta o la capacidad para tomar decisiones justifican una evaluación profesional.
No todo deterioro de la memoria es Alzheimer
La presencia de olvidos o dificultades cognitivas no implica automáticamente un diagnóstico de Alzheimer. El estrés sostenido, la depresión, los trastornos del sueño, algunos medicamentos y diversas enfermedades físicas pueden afectar la memoria y la concentración. Muchas de estas causas son tratables, por lo que no hay que minimizar los síntomas ni demorarse en consultar.
“Consultar tempranamente permite evaluar no solamente la memoria, sino también otras funciones como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas. Muchas veces es la familia la primera que detecta cambios que la propia persona no registra, y esa observación también es importante”, señaló Frissia.
Además de estar atentos a las señales de alerta, los especialistas insisten en la importancia de cuidar la salud cerebral a lo largo de toda la vida. Realizar actividad física de manera regular, evitar el tabaco y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales, practicar actividades cognitivas (como leer, estudiar o aprender cosas nuevas) y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia son medidas asociadas a un menor riesgo de deterioro cognitivo.
En el marco del Día Mundial del Alzheimer, el mensaje central es claro: los cambios en la memoria deben escucharse, no temerse. Consultar a tiempo permite acceder a un diagnóstico adecuado, acompañar mejor a la persona y planificar estrategias que preserven la calidad de vida.

