Uno de cada tres adultos duerme menos de lo necesario

Alarmante déficit de sueño: advierten sobre el impacto en la salud

NewsITe

Las exigencias laborales, las responsabilidades familiares, el uso extendido de pantallas y el estrés cotidiano están generando un cóctel peligroso para la salud de los argentinos y del mundo: cada vez más adultos duermen menos de lo recomendado por los especialistas. Lejos de ser un simple hábito, la falta de descanso sostenida se asocia con múltiples enfermedades físicas y trastornos emocionales.

De acuerdo con un informe del National Center for Health Statistics (NCHS), el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas por noche, el mínimo sugerido para mantener un buen funcionamiento del organismo. El mismo relevamiento señala que casi una de cada cinco personas tiene dificultades para mantener el sueño durante la noche y que el 15,4% presenta problemas para conciliarlo.

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Consultada sobre el tema, la médica Anabel Ferreyra, del CMC de Mendoza de Boreal Salud (M.P. 14.026), remarcó que el descanso nocturno es un proceso activo y fundamental para el cuerpo. Durante el sueño se reparan tejidos, se fortalece el sistema inmunológico, se consolidan recuerdos y se regulan hormonas clave. “Cuando ese descanso se reduce de manera crónica, el cuerpo comienza a resentirse aunque la persona crea que se acostumbró a dormir poco”, explicó.

Riesgos de dormir menos de lo recomendado

Diversos estudios científicos coinciden en que dormir de forma habitual menos de seis horas por noche incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y deterioro cognitivo. La privación de sueño altera, además, el equilibrio hormonal que regula el apetito, lo que puede llevar a comer más y peor, dificultando el control del peso corporal.

Otro punto crítico es el aumento de los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés. Su presencia elevada y sostenida favorece un estado inflamatorio que afecta a distintos órganos y sistemas, con impacto directo en la salud a mediano y largo plazo.

Las consecuencias no se limitan al plano físico. Dormir mal o poco se vincula con mayor irritabilidad, cambios de humor, dificultades para concentrarse, menor rendimiento laboral y académico, y un aumento del riesgo de accidentes de tránsito y laborales por tiempos de reacción más lentos y somnolencia diurna.

Salud mental y calidad del descanso

Especialistas en medicina del sueño advierten que la falta de descanso adecuado puede favorecer la aparición de cuadros de ansiedad y síntomas depresivos. En muchos casos, las personas consultan por cansancio crónico, problemas de memoria o bajo rendimiento sin sospechar que el origen podría estar en sus hábitos de sueño.

Los expertos subrayan que no solo importa cuántas horas se duerme, sino también la calidad del sueño. Despertares frecuentes, horarios irregulares, uso de celulares, tablets o televisores antes de acostarse, así como ambientes con exceso de luz o ruido, impiden llegar de manera sostenida a las fases profundas del descanso, esenciales para la recuperación física y mental.

“Dormir bien es tan importante como alimentarse de forma saludable o hacer actividad física. Si los ronquidos son intensos, hay pausas respiratorias o el cansancio persiste pese a dormir varias horas, es clave consultar a un profesional”, señalan los especialistas.

Claves para mejorar la higiene del sueño

Para revertir este escenario, los profesionales recomiendan adoptar una serie de hábitos sencillos pero constantes, conocidos como higiene del sueño. Entre ellos se destacan:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
  • Evitar el uso de celulares, computadoras y televisión al menos una hora antes de ir a la cama.
  • Limitar durante la tarde y la noche el consumo de café, mate, té, bebidas energizantes y alcohol.
  • Realizar actividad física de forma regular, idealmente varias horas antes de acostarse.
  • Optar por cenas livianas y evitar comidas muy abundantes antes de dormir.
  • Conservar el dormitorio oscuro, silencioso y con temperatura agradable.
  • Reducir las siestas prolongadas para no interferir con el sueño nocturno.
  • Buscar ayuda profesional si las dificultades para dormir se extienden por semanas o afectan la vida diaria.

Dormir bien no solo permite comenzar el día con más energía, sino que constituye una de las principales herramientas para prevenir enfermedades y cuidar la salud integral a largo plazo. Incorporar hábitos que favorezcan un descanso reparador y consultar a tiempo ante signos de alarma puede marcar una diferencia sustancial en la calidad de vida y el bienestar emocional.

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