Ramallo dejó de ser el pueblo tranquilo: robos violentos y una gestión de seguridad cada vez más cuestionada

El asalto al juez federal Carlos Villafuerte Ruzo volvió a desnudar una realidad que en Ramallo dejó de ser una percepción aislada para transformarse en una preocupación concreta: la inseguridad ganó terreno y el distrito aparece cada vez más vulnerable frente al delito organizado y los robos violentos.

El asalto al juez federal Carlos Villafuerte Ruzo volvió a desnudar una realidad que en Ramallo dejó de ser una percepción aislada para transformarse en una preocupación concreta: la inseguridad ganó terreno y el distrito aparece cada vez más vulnerable frente al delito organizado y los robos violentos.

El episodio ocurrido en Estancia Estrella Federal, donde un grupo de delincuentes armados ingresó a la vivienda del magistrado, lo amenazó y escapó con dinero y una escopeta, tiene una particularidad que no puede ser ignorada. No fue un hecho aislado. Es un nuevo capítulo de una sucesión de asaltos que durante los últimos meses tuvieron como escenario viviendas, barrios privados y zonas rurales de Ramallo.

El relevamiento realizado sobre estos episodios permite contabilizar al menos seis hechos de características violentas o armadas durante los últimos meses. En varios de ellos hubo delincuentes armados, víctimas golpeadas o maniatadas e ingresos a viviendas mientras sus moradores se encontraban durmiendo.

El patrón comienza a resultar evidente. El Paraíso, Pérez Millán, Estancia Estrella Federal, Villa Ramallo y sectores alejados de los centros urbanos aparecen en el mapa de una delincuencia que parece encontrar en las características territoriales de Ramallo una oportunidad. Y allí aparece una de las principales contradicciones que enfrenta la gestión municipal.

Mientras el gobierno de Mauro Poletti ha convertido a la seguridad en una de las banderas de su gestión, los hechos recientes muestran que existen sectores del distrito donde los delincuentes pueden ingresar, desplazarse y escapar utilizando caminos rurales, accesos secundarios y corredores que quedan fuera de los principales sistemas de control.

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Los lectores de patentes instalados en algunos accesos constituyen una herramienta importante, pero resultan insuficientes frente a un territorio amplio y con una extensa red de caminos alternativos. El problema no parece ser solamente contar vehículos: el desafío es impedir que quienes llegan a Ramallo para delinquir encuentren vías de entrada y salida que escapen al control.

También queda bajo discusión el funcionamiento de las herramientas de prevención y del Centro de Monitoreo. La tecnología puede registrar, pero la seguridad necesita además planificación, coordinación y capacidad de reacción. Cuando los hechos se repiten con modalidades similares, la pregunta inevitable es si existe una estrategia integral capaz de anticiparse al delito.

La contradicción se vuelve todavía más evidente porque el propio intendente Mauro Poletti fue víctima de amenazas. Si quien conduce el Municipio también fue alcanzado por una situación de este tipo, queda claro que el problema no distingue cargos, barrios ni niveles sociales.

El impacto no es solamente policial. La inseguridad también deteriora la calidad de vida y modifica la imagen de una comunidad. Un distrito que pretende posicionarse como destino turístico, lugar de descanso y espacio para disfrutar de sus localidades necesita transmitir seguridad. Y hoy esa tranquilidad está siendo puesta en duda por los propios hechos.

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