El regreso de Oasis que emociona a fans en todo el mundo

Dieciséis años después de la separación que parecía definitiva, Oasis vuelve a ocupar un lugar central en la cultura pop global. Pero esta vez no se trata de un nuevo disco, sino de una película que llega a los cines y se propone revisar el pasado reciente de la banda con una mirada atravesada por la emoción y la reconciliación.
Oasis: Don’t Look Back in Anger, estrenado esta semana en salas y presentado fuera de competencia en el Festival de Venecia, sigue de cerca la gira Live ’25, el tour que volvió a reunir a Liam y Noel Gallagher en los escenarios. El documental, dirigido por Will Lovelace y Dylan Southern, con guion de Steven Knight, combina imágenes de conciertos multitudinarios, ensayos, backstage e íntimas entrevistas con los protagonistas.
Lejos de explotar únicamente las peleas, el ego y los desencuentros familiares que marcaron la historia del grupo, la película decide no detenerse en los detalles de la ruptura de 2009. En cambio, pone el foco en lo que ocurre cuando los hermanos regresan al mismo escenario: una relación que se recompone con cautela, apoyada en un repertorio que definió a toda una generación de fans del britpop.
La cámara se acerca a los Gallagher en los preparativos de la gira y los acompaña por diferentes continentes, donde Oasis vuelve a presentarse ante estadios llenos y millones de espectadores. Entre los temas que estructuran el relato suenan clásicos como Live Forever, Supersonic, Slide Away, Wonderwall, Champagne Supernova y, por supuesto, Don’t Look Back in Anger, verdadero himno que da título al filme.
Los fans como protagonistas y la huella argentina
Uno de los rasgos más destacados del documental es el lugar que se les concede a los seguidores. No se trata solo de mostrar planos de un público encendido, sino de recuperar historias personales que explican qué significa Oasis tanto para quienes crecieron con el grupo en los noventa como para quienes lo descubrieron mucho después, a través del streaming y las redes sociales.
La puesta en escena busca transmitir esa experiencia colectiva, con un despliegue de cámaras que captura saltos, coros y lágrimas en cada recital. Para algunos críticos, el tono general puede resultar por momentos demasiado nostálgico o indulgente con la idea de una reconciliación casi perfecta. Sin embargo, esa elección emocional permite iluminar un fenómeno que excede largamente a los Gallagher: la capacidad de las canciones para construir memoria, reunir a desconocidos y convertir un concierto en una celebración compartida.
En Argentina, la película suma un guiño especial que une al britpop con la cultura futbolera local. Aunque la banda ofreció dos shows en el estadio Monumental durante la gira del regreso, el documental elige detenerse en otra escena: la hinchada de San Lorenzo cantando una versión propia de Wonderwall en el Nuevo Gasómetro.
Esa secuencia fue grabada en el estadio Pedro Bidegain, en la previa de un partido ante Sarmiento, durante una convocatoria específica del equipo de filmación. Allí, bombos, banderas y cantos adaptan la melodía de la canción publicada en 1995 para transformarla en un himno cuervo. El resultado es una síntesis perfecta del espíritu de Don’t Look Back in Anger: temas nacidos en Manchester que, tres décadas después, resurgen en una tribuna porteña con nueva letra y otro sentido, pero con la misma fuerza para hacer cantar al unísono a miles de personas.
Más que repasar una pelea familiar, el documental muestra cómo Oasis y sus canciones siguen encontrando maneras inesperadas de conectar al mundo, desde los escenarios europeos hasta una popular tribuna argentina.
Entre homenajes, multitudes y guiños locales, el regreso de Oasis a la pantalla grande funciona como un recuerdo para quienes vivieron su auge en tiempo real y como una puerta de entrada para nuevas generaciones que ahora descubren por qué, para muchos, la banda sigue siendo la banda de su vida.

