El complejo industrial de Ramallo y San Nicolás sufre las consecuencias del desplome de la actividad y la falta de contratos. Según ADIMRA, el sector profundizó su contracción en agosto con una caída del 4,2%. La UOM y el Ministerio de Trabajo advierten que la metalúrgica lidera con comodidad las estadísticas de despidos en la región. En agosto fueron 80 las cesantías efectivizadas en empresas metalmecánicas, lo que representó el 51% del total de despidos que pasaron por el Ministerio de Trabajo bonaerense.

De la redacción de EL NORTE
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El entramado productivo del norte bonaerense atraviesa uno de sus períodos más complejos de los últimos años. El Parque Industrial Comirsa, un polo estratégico regional ubicado en el límite entre San Nicolás y Ramallo, se encuentra hoy en el centro de las alarmas debido al prolongado freno de la actividad metalúrgica, un sector que opera con niveles de capacidad instalada históricamente bajos y que arrastra un fuerte impacto laboral en lo que va de 2026. Los datos de las cámaras empresariales confirman la gravedad del panorama. De acuerdo con el último informe del Departamento de Estudios Económicos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad sectorial a nivel nacional registró una caída del 4,2% durante agosto de 2026. Este indicador profundiza una tendencia recesiva que ya acumula una contracción superior al 5,5% en los primeros meses del año, manteniendo a seis de cada diez máquinas paradas en los talleres del país.
En el plano local, las pymes y talleres radicados en Comirsa sienten de manera directa el enfriamiento de la demanda y la drástica reducción en las órdenes de compra de las grandes terminales siderúrgicas. El retroceso ya no se traduce únicamente en suspensiones o esquemas de turnos reducidos, sino en una destrucción abierta de puestos de trabajo registrados.
Según registros de la Delegación Regional del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, el aglomerado San Nicolás-Ramallo experimentó una fuerte aceleración de las desvinculaciones, con un promedio que se ubica en torno a los 104 despidos mensuales durante 2026. De ese universo de cesantías, la industria metalúrgica concentra el 41% de los casos totales, consolidándose por amplio margen como el sector más castigado por la crisis, seguido por el comercio.
Los cierres y reestructuraciones dentro de Comirsa ilustran la crudeza de la estadística general. Casos como el de la firma Damluc, que cesó sus actividades dejando un saldo de 80 trabajadores despedidos (de los cuales solo una fracción pudo ser reubicada tras intensas negociaciones de la Unión Obrera Metalúrgica), evidencian la vulnerabilidad de los contratistas locales. A esto se suman ajustes de personal en empresas de amplia trayectoria como Welding Alloys, que avanzó con 13 despidos ante la falta de nuevos horizontes comerciales, y el cese de operaciones de pequeñas pymes metalmecánicas a comienzos de año que restaron decenas de empleos adicionales al predio.
Incertidumbre
Desde la filial local de la UOM y los directorios industriales coinciden en que el panorama inmediato está signado por la cautela y la preocupación. El tejido de proveedores locales —fuertemente dependiente de la cadena de valor del acero— agota progresivamente sus márgenes de rentabilidad para sostener las estructuras vigentes.
Frente a un escenario donde siete de cada diez empresas del sector no prevén mejoras en la producción para el próximo trimestre, el Parque Comirsa se enfrenta al desafío de resistir el impacto de la recesión general sin que continúe resintiéndose su activo más valioso: la mano de obra calificada de los trabajadores de la región.

