Una ducha debería durar entre tres y cinco minutos: los hábitos que hacen que se extienda

Una investigación realizada en hogares determinó que repetir la aplicación del champú, interrumpir varias veces el agua y buscar relajación prolongan el baño.

duración ducha

Una ducha necesita tres minutos para completar la higiene corporal y cinco cuando también incluye el lavado del cabello, según Pablo Pereira-Doel, investigador del Instituto de Sustentabilidad de la Universidad de Surrey, en Inglaterra. Sin embargo, algunas prácticas cotidianas pueden extender considerablemente ese tiempo y aumentar el consumo de agua.

Un estudio del mismo equipo analizó más de 8.500 duchas en hogares reales e identificó los hábitos que explican esa diferencia. Los resultados indicaron que el género, el tamaño del hogar y el tipo de vivienda tienen una incidencia menor que acciones como aplicar el champú dos veces o dejar correr el agua durante el enjabonado.

La investigación, publicada en el Journal of Environmental Management, señaló que la ducha representa entre el 25% y el 45% del consumo doméstico total de agua. Durante años, las políticas de gestión hídrica se concentraron en soluciones tecnológicas, como cabezales eficientes o precios diferenciados, pero prestaron menos atención al comportamiento de las personas dentro del baño.

Para estudiar esas conductas, el equipo instaló sensores inteligentes en los baños de 319 hogares de Alemania durante 40 días. Los dispositivos registraron la duración, las pausas en el caudal y las condiciones del entorno.

Los investigadores cruzaron esos datos con encuestas que los participantes completaron inmediatamente después de cada ducha. Las respuestas aportaron información sobre los productos utilizados, las características del cabello y aspectos demográficos.

Aplicar el champú dos veces prolonga la ducha

La repetición del champú presentó uno de los efectos más significativos. Las duchas en las que las personas aplicaron el producto dos o más veces duraron alrededor de un 27% más que aquellas que incluyeron una sola aplicación.

De esta manera, una ducha de cinco minutos con doble lavado puede acercarse a los seis minutos y medio y superar el tiempo recomendado. El estudio también indicó que muchas personas repiten la aplicación porque los envases así lo recomiendan.

“La mayoría de las personas que se enjabona dos veces lo hace por hábito, no por necesidad”, sostuvo Pereira-Doel, según el comunicado de prensa de la Universidad de Surrey. El investigador explicó que una sola aplicación alcanza para lograr una higiene adecuada en la mayoría de los casos.

Las interrupciones en el caudal también arrojaron un resultado inesperado. Las duchas que tuvieron tres o más pausas fueron un 20% más largas que aquellas en las que el agua permaneció abierta y un 28% más extensas que las que registraron una sola interrupción.

El análisis mostró que detener y reanudar varias veces el agua no disminuye la duración total del baño. No obstante, Pereira-Doel recomienda cerrar el grifo durante el enjabonado como una práctica para reducir el tiempo de consumo efectivo.

El tipo de agua, la presión y el horario también influyen

La investigación identificó otros factores que alejan a las personas del tiempo ideal. En las zonas con agua blanda, que contiene una menor concentración de minerales como calcio y magnesio, las duchas duraron alrededor de un 23% más que en las regiones con agua dura.

El estudio plantea que el agua blanda genera una espuma más abundante y facilita el enjuague. Esa condición vuelve más placentera la experiencia y puede llevar a prolongarla, incluso cuando la persona ya cumplió el objetivo de higiene.

El horario también mostró diferencias. Según Pereira-Doel, las duchas de la tarde y las realizadas durante los fines de semana suelen durar más que las de la mañana porque las personas sienten menos presión por el tiempo.

La baja presión del agua también puede sumar minutos. “Las personas pueden compensar un chorro débil quedándose más tiempo para sentirse bien enjuagadas”, indicó el investigador, de acuerdo con el comunicado de la universidad.

La edad marcó otra diferencia: los adultos jóvenes y de mediana edad se ducharon hasta un 31% más que los mayores de 50 años. En cambio, el género, el tipo de empleo y la composición del hogar mostraron efectos pequeños o inciertos cuando los investigadores consideraron el resto de las variables.

El modelo estadístico incorporó 14 variables y explicó el 68,4% de las diferencias registradas en la duración de las duchas.

La relajación desplaza a la higiene como principal motivo

Más de cuatro de cada diez duchas analizadas no tuvieron la limpieza como objetivo principal. Los participantes también utilizaron ese momento para relajarse, cuidarse o entrar en calor durante una mañana fría.

“Para una gran parte de las duchas, limpiarse no es el objetivo”, explicó Pereira-Doel en declaraciones recogidas por el Daily Mail. “La relajación, el autocuidado, entrar en calor en una mañana fría… cuando una ducha cumple esa función, su duración no es una decisión que nadie toma conscientemente”, agregó.

El equipo considera que las campañas basadas únicamente en la conciencia ambiental pueden tener un alcance limitado si las personas asocian la ducha con un momento de bienestar. Por eso, propone intervenir directamente sobre los hábitos que alargan su duración.

Entre las medidas planteadas aparecen promover una sola aplicación de champú, cerrar el agua durante el enjabonado y desarrollar dispositivos que indiquen en tiempo real cuánto tiempo lleva la ducha.

“Si queremos reducir el consumo doméstico de agua, necesitamos diseñar soluciones que trabajen con los hábitos de las personas, no en su contra”, afirmó Pereira-Doel. Los investigadores sostienen que estas herramientas podrían acercar la duración cotidiana a los cinco minutos recomendados sin eliminar la comodidad.

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