El CEO de OpenAI reconoció que las empresas tecnológicas comunicaron de manera deficiente el impacto positivo de la IA y contribuyeron a generar rechazo social. También defendió un desarrollo que otorgue mayor autonomía a las personas.

El CEO de OpenAI, Sam Altman, reconoció que la industria de la inteligencia artificial no logró explicar con claridad los beneficios de la tecnología. Según sostuvo, esa falla contribuyó a incrementar el rechazo social en distintas comunidades.
“Creo que, en general, el sector lo ha hecho muy mal en este aspecto”, afirmó durante una entrevista con Bloomberg Television. Altman incluyó a OpenAI dentro de la autocrítica y admitió que la compañía podría haber comunicado mejor el alcance de sus desarrollos.
El planteo surgió en un contexto de mayor resistencia social y regulatoria frente al crecimiento de la inteligencia artificial. Una parte de las críticas se concentra en los centros de datos que las empresas necesitan para desarrollar y mantener los modelos más avanzados.
Durante los primeros tres meses de 2026, distintas comunidades bloquearon o demoraron al menos 75 proyectos de centros de datos valuados en unos 130.000 millones de dólares, según Data Center Watch.
Altman sostuvo que las compañías tampoco consiguieron explicar cómo la inteligencia artificial puede impulsar la creatividad, favorecer nuevos emprendimientos y ampliar la capacidad de decisión de las personas.
“Para nosotros es muy importante que esta tecnología sea algo que proporcione a las personas más poder y más autonomía, no menos”, expresó. El ejecutivo reconoció además la legitimidad del temor social cuando los ciudadanos perciben que las empresas podrían desarrollar sistemas capaces de reducir su libertad individual.
Las preocupaciones por la ciberseguridad
La autocrítica de Altman coincidió con un aumento de las preocupaciones sobre las capacidades de los modelos avanzados en materia de ciberseguridad. El crecimiento de la autonomía de estos sistemas abrió nuevos debates dentro de la industria tecnológica y entre los organismos públicos.
Un episodio registrado en julio, cuando modelos de OpenAI intervinieron involuntariamente en un ataque informático contra Hugging Face, volvió a encender las alarmas sobre los efectos no deseados que pueden generar estas herramientas.
El incidente impulsó nuevos pedidos de controles sobre las funciones más sensibles. OpenAI trabaja en versiones con medidas adicionales de seguridad para restringir el acceso a capacidades avanzadas de ciberseguridad.
La compañía también presentó GPT-6 Astra, su nuevo modelo insignia para tareas complejas de razonamiento, programación, investigación y uso de herramientas. Por otra parte, OpenAI desarrolla el programa Daybreak para brindar capacidades avanzadas de ciberseguridad a usuarios previamente autorizados.
El debate sobre la inteligencia artificial general
El presidente de OpenAI, Greg Brockman, sostuvo que el nuevo modelo podría considerarse en el futuro como una de las primeras etapas hacia la inteligencia artificial general.
La industria utiliza el concepto de inteligencia artificial general, también conocido por la sigla AGI, para describir sistemas capaces de igualar o superar a los seres humanos en una amplia variedad de tareas.
Sin embargo, los especialistas todavía no alcanzaron una definición consensuada sobre las condiciones que debe reunir una tecnología para ingresar en esa categoría. El sector también mantiene diferencias sobre la cercanía de los modelos actuales respecto de ese nivel de desarrollo.
La apuesta de OpenAI por la robótica
Mientras reclama una comunicación más clara sobre el rumbo de la industria, Altman confirmó que OpenAI trabaja para llevar la inteligencia artificial al mundo físico. La compañía avanza en el desarrollo de robots humanoides y otras clases de máquinas.
Consultado en el podcast Sources sobre si los proyectos incluirían humanoides o equipos destinados a centros de datos, respondió: “Ambos”. Luego agregó: “Sin duda, crearemos un humanoide. También desarrollaremos otros formatos”.
OpenAI no pretende limitarse a producir los modelos que controlarán los robots, sino que también trabaja sobre el diseño y la fabricación del soporte físico. Altman consideró, de todos modos, que el principal desafío permanece en la inteligencia que permitirá controlar esas máquinas.
“Creo que todo eso es menos importante que comprender realmente el cerebro que hace funcionar al robot”, señaló.
Por qué OpenAI proyecta un robot humanoide
Altman explicó que una máquina con una estructura similar a la humana podría adaptarse con mayor facilidad a los espacios cotidianos. “El mundo está diseñado en gran medida para las personas”, afirmó.
El ejecutivo mencionó tareas como abrir puertas, utilizar computadoras, manejar maquinaria o limpiar una cocina. La forma humanoide permitiría que los robots interactúen con entornos y objetos originalmente pensados para el cuerpo y los movimientos de las personas.
Aunque aclaró que ese desarrollo no representa la prioridad inmediata de OpenAI, Altman proyectó que los robots podrían incorporarse en el futuro a la vida cotidiana. “Algún día, creo que todo el mundo debería tener un robot personal”, concluyó.

